lunes 13 de abril de 2009 - 10:00 AM

Hasta dónde dar por los hijos

Para muchas personas la tercera edad es la etapa de la vida en la que cada quien debería gozar de la tranquilidad y el descanso merecido y necesario para vivir los últimos días de existencia.

Muchos hombres y mujeres que  hoy gozan de sus años mozos  sueñan con pasar el ocaso de su vida en una gran casa junto a sus hijos y sus nietos. Otros se visualizan sólo junto a su pareja, con la satisfacción de haber hecho todo por sus hijos mientras ellos al otro lado del mundo abren su propio camino, llevando el buen recuerdo de sus progenitores.

Sin embargo, mientras algunos logran sus expectativas de vejez, otros con dolor deben aceptar que sus hijos se fueron. Estos padres viven con tristeza porque saben que aquellos seres que dieron a luz no volverán para darles, al menos, un fuerte abrazo.

Sentada en una silla de mimbre en el patio de su casa, Marina recuerda los mejores años de su vida junto a su esposo, ya fallecido, y sus seis hijos, a quienes siempre les dio lo más valioso que tenía: su amor.

'Fue una época maravillosa. Fuimos una gran familia, mi esposo dedicado al trabajo y yo al hogar, felices de ver crecer a nuestros hijos'.

De esos buenos tiempos ya no queda nada. Marina hoy vive con su hermana menor, quien nunca se casó. Sus otros cinco hijos no volvieron a visitarla desde que su padre murió.

'Yo sé que ellos quieren que yo me muera rápido. Ellos siempre me han reclamado la parte de la herencia que dejó mi esposo, la cual se reduce a la casa en la que vivo', comenta Marina con la voz entrecortada, mientras se cuestiona qué fue lo que hizo mal para que sus hijos le den más valor a un inmueble que a su propia madre.

Ella sólo se pregunta: '¿Vale la pena dar tanto por los hijos?'

Es importante tenerlo claro

Generalmente las parejas piensan que deben educar a sus hijos con base en lo bueno que recibieron en su familia de origen y no tener en cuenta aquello que no fue tan bueno. Sin embargo, como papá y mamá provienen de dos familias diferentes, cada uno lucha por imponer sus vivencias.

Si se quedan en esta competencia, que algunas veces es envidiosa y orgullosa y no logran llegar a un punto en el que concilien esas diferencias, no podrán ayudar a su hijo a que sea individual y que crezca feliz.  

De acuerdo con la psicóloga Olga Susana Otero, a los hijos se les debe dar el afecto de manera ilimitada, pero se le deben imponer límites, pues un niño que crece sin límites es alguien que después devorará el mundo y todo lo va a querer para él.

'Debemos mostrarles a los hijos los aciertos y errores para que ellos se formen con base en la realidad. La frustración les permite desarrollar el pensamiento, el cual facilita solucionar problemas y sentirse valioso', afirma la psicóloga al tiempo que agrega que un niño sin límites no se ama a sí mismo porque desconfía de su seguridad y su capacidad de enfrentarse a las dificultades de la vida. Al tiempo, no amará a los demás, en este caso a sus padres.

De igual manera, la psicóloga reconoce que ante la llegada de un hijo muchos padres descuidan su relación de pareja para centrarse sólo en sus pequeños. Esta es la mejor fórmula para acabar con la relación conyugal.

Ante todo, la labor de padres comienza con la buena relación que exista entre los dos como ejemplo de pareja para poder amar y exigir con autoridad a los hijos, quienes deben honrar a sus progenitores, lo cual debe consistir en agradecer por haberles dado la vida, por sus desvelos y por sus cuidados. Agradecer con amor y no por obligación.

preguntas y respuestas
Responde la psicóloga Yolanda Hernández


1. ¿Cuál debe ser la visión que deben tener los padres frente a la formación de sus hijos?
'Debe consistir en darles bases sólidas para la construcción de un proyecto de vida, es decir, la tarea de los padres es orientar, asesorar, suministrar o facilitar recursos para que el hijo pueda crecer y fortalecerse en su desarrollo físico, cognitivo, espiritual, afectivo, cultural, social y en valores, de manera integral. Este acompañamiento y apoyo es fundamental en la realización del proyecto de vida que cada hijo debe ejecutar'.    

2. ¿Hasta qué punto deben dar por sus hijos? ¿Deben mantener algún límite?   
'En la medida que se presenten las necesidades particulares, según las circunstancias de cada persona, los padres deberán apoyar siempre a sus hijos; respetando espacios, sin imposiciones, prestándoles la debida orientación.
El límite es no suministrarles todo. Darles a entender que en la vida algunas metas no son fáciles de alcanzar pero que si existe confianza en sí mismo y pasión por lo que se hace, los sueños se pueden lograr'.   

3. Muchas parejas se descuidan por centrar la atención sólo en sus hijos ¿Cómo manejar los dos roles?
'En la pareja debe existir la compresión y el diálogo. En primer lugar, se deben poner de acuerdo en las pautas de crianza; en segundo lugar, compartir los roles, aprovechar los espacios en familia para disfrutar de la presencia del hijo sin que esto sea motivo de discusión.
Mucha colaboración en pareja, diálogo y armonía, viviendo cada momento lo más agradable posible'.     

4. ¿Esa formación de los hijos debe ir encaminada hacía qué objetivo? ¿Es malo esperar algo a cambio?
'Es importante que los padres aclaren las pautas de crianza y sepan cómo encaminar a sus hijos. Del mismo modo ser coherentes en la formación, predicando y practicando. El ejemplo es primordial.
No se debe esperar una compensación de los hijos por la formación y apoyo que los padres han proporcionado. Los hijos son parte de nuestra vida, su formación y orientación debe darse con amor y de manera incondicional. De acuerdo con los valores transmitidos a los hijos podemos saber el nivel de reciprocidad hacia los padres'.

LA VOZ DEL EXPERTO
Sí vale la pena / carlos guillermo mahecha montaña - Psicólogo y consultor en desarrollo humano


'Para que una persona crezca psicológicamente saludable debe haber crecido afectivamente saludable. Para esto están los padres, quienes son los encargados de nutrir a sus hijos con amor incondicional, con el fin de que ellos sepan que sus progenitores los quieren incondicionalmente y estarán apoyándolos, pase lo que pase. Así, los hijos se sentirán seguros en la vida al saber que son valiosos, al ver que los seres que les dieron la vida se desvelan y luchan por ellos.

Los hijos que no sienten ese cariño crecen con carencias y vacíos afectivos que más tarde pueden verse evidenciados en dependencias o ansiedad por inseguridad.

La labor de los padres es entregar todo lo que esté a su alcance sin esperar nada a cambio. Si los hijos quieren retribuir o no, ya es su decisión.
El error que cometen muchos padres y madres es descuidarse a sí mismos para vivir en función de sus hijos. Eso no es positivo porque para hacer el bien a otra persona necesito estar bien con lo que soy, con lo que pienso y lo que tengo'.

LISTA
Dosis de acuerdo con la edad

El psicólogo y consultor en desarrollo humano Carlos Guillermo Mahecha Montaña, señala:

Entre 0 y 7 años: el niño debe percibir ese amor incondicional con expresiones afectivas y amorosas, pero de la mano de herramientas afectivas que le enseñen a perder. Que aprenda que no siempre puede tener lo que quiere, para que cuando sea grande pueda manejar la frustración. Es en esta etapa de la vida en la que el cariño debe ir acompañado de la formación, la disciplina y las reglas de convivencia.

De 9 años hasta la adolescencia: los hijos comienzan a cambiar la forma de ver el mundo. Aquí los amigos tienen más importancia que los padres, por eso papá y mamá deben comprender que es la hora de comenzar a soltarlos un poco. En este momento ese ‘darlo todo’ cambia pero sin olvidar que ellos necesitan del cariño y reconocimiento de sus padres. Si continúa la actitud sobreprotectora hará de él un hijo dependiente e inseguro.

Después de los 24 años: los padres deben entender que los hijos deben salir de casa. Sin maltrato,  invitarlos a ser independientes, a ganar su propio dinero, a buscar su propio nido. Si no lo hacen, y lo siguen consintiendo, pueden provocar dos resultados: que sean dependientes o que se sientan asfixiados y se vayan sin querer mirar hacia atrás.  

 

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