martes 26 de mayo de 2009 - 10:00 AM

¡Me voy! ¡Renuncio! ¡Terminamos!

Ante cualquier percance, por insignificante que sea, usted es capaz de armar todo un papelón e incluso buscar la maleta y decir ‘o se va él o me voy yo de la casa’.

Y lo peor es que así es y lo hace.

Incluso le ha molestado tanto que un jefe se pase de la raya o que tengan una diferencia que los lleve a tensionar la situación, que no sabe controlarse.

Por lo general llora de la rabia en ese instante, busca su caja para recoger todo lo que tiene en su escritorio y le dice ‘aquí está mi carta de renuncia’.
 
No lo piensa dos veces. Así todos a su alrededor le digan que no tome la decisión de manera apresurada sino con cabeza fría.

Pero no, usted está completamente cegado por la ira y su único argumento es 'no aguanto más'.

Definitivamente usted es una persona impulsiva y esto le ha podido generar más de un dolor de cabeza, arrepentimiento, pérdida de oportunidades de ascenso y estabilidad en sus relaciones interpersonales.

preguntas y respuestas
Luis Ernesto Quintero Builes / Psicólogo


¿Qué pasa con este tipo de personas que por un mal manejo de la ira dejan todo a un lado?
Es la urgencia ante un mal manejo de la tensión, del impulso. Abandonar el hogar o la relación de pareja, dejar el trabajo de un momento a otro, es producto de la incapacidad para dialogar con la persona en conflicto, la falta de alternativas para establecer pautas de comunicación para comprender qué está sucediendo.

¿Cómo manejar ese tipo de impulsos? La persona encontrará respuesta si es capaz de  mirar los contra que se pueden generar con ese momento de impulsividad, de emotividad, si se tiene claro qué se pierde, si vale la pena abandonar determinada situación.

¿Qué técnicas se deben aplicar para manejar el autocontrol?
Un primer paso es que cada quien reconozca cuáles son sus falencias, sus debilidades y trabaje a partir de ellas.

Así mejorará su entorno consigo mismo y con los demás. Hay situaciones como la agresividad que son normales en el ser humano, son innatas, pero manejar la ira, la rabia, puede hacerse a partir de la meditación, el yoga, la atención terapéutica.
No para todo el mundo es la misma alternativa. Hay personas que pueden canalizar esos impulsos a partir del ejercicio, del médico, del psicólogo, del maestro espiritual, de un retiro.

LA VOZ DEL EXPERTO
Freddy Hernando Cristancho / Psicólogo social


'Cada ser humano posee un tipo diferente de forma de ser, sn embargo muchas de las alteraciones de la personalidad como la agresividad, el mal genio, el ser impulsivos etc, no siempre provienen  de la construcción genética de los individuos. También son construcciones culturales dadas por el medio y el contexto de los individuos y que en últimas se convierten en  mecanismos de defensa. La personalidad como tal es adaptable, si un individuo reconoce en su naturaleza los impulsos agresivos que posee, tiene los mecanismos para cambiar y mejorar dichos comportamientos.

Solo basta reconocer que esa situación únicamente le traerá problemas a cualquier nivel de interacción con los demás.  

Muchas personas que padecen este tipo de comportamientos son en su mayoría egocéntricas y con problemas de autoestima. El autoestima no se mide únicamente por lo débil que una persona se sienta ante el mundo que lo rodea, también una bajo autoestima se muestra siendo agresivos para no dejar notar lo débil en la parte mental, social y personal en la que el individuo se siente.

Es más, en muchos casos esta parte queda camuflada en el egocentrismo que la persona muestra y la misma persona no reconoce por que su vida esta inmersa en un mundo de autoritarismo.

Aprenda de los impulsos no controlados

Es posible que usted, en medio de la rabia del momento, haya tomado decisiones a la ligera. Pero tampoco puede quedarse con ese sentido de culpa para toda la vida.

Según explicó la pedagoga y facilitadora de desarrollo, Dora Herrera, 'lo más importante es tomar conciencia de qué responsabilidad me pertenece, mantener el sentido de honestidad, no engañarme y sentir que si fallé en la  toma de esa decisión debo asumirlo con dignidad. Después de  hacer el duelo y decir esa fue mi decisión buena o mala, asumirla, cerrar el capítulo y ver las cosas buenas que me dejó'.

Saber pedir una nueva oportunidad

En ocasiones, la impulsividad puede llevarla a tomar la decisión menos acertada.
Pero usted puede aprender a pedir una nueva oportunidad.
'Sobre todo la contraparte debe darle un tiempo al otro para que respire, para que sea conciente de lo que dice y tenga la oportunidad de tomar decisiones con más calma', explicó la facilitadora de desarrollo personal Dora Herrera.

LISTA
El papel de quienes están a su alrededor


Las personas que están cerca de un compañero de trabajo o familiar que está lleno de rabia pueden ayudar. ¿Cómo?

1 Permítale al otro respirar profundamente.
2 Si la otra persona tiene ganas de llorar no le diga que no llore. Permítale que se desahogue, ya sea escribiendo en un papel, golpeando una almohada. Permita que se libere esa sensación de rabia o impotencia.
3 Cuando la persona esté más calmada pregúntele: ¿qué siente en ese momento? ¿Qué le enoja, qué le da rabia? No le pregunte el por qué. Seguramente en ese momento no tendrá argumentos frente a la situación.
4 Si la persona no quiere hablar, no la obligue a hacerlo. Déle tiempo.
5 De ser necesario, tome tiempo para generar conciencia en sus actos. Si quiere escuchar voces externas, hágalo. La oración, un amigo cercano  el terapeuta, le ayudará a encontrar herramientas.

Más que impulsos

La persona que se deja llevar por los impulsos suele salir corriendo, huye de los problemas y no afronta las dificultades que siempre estarán presentes en la vida cotidiana.

'Las consecuencias son muchas. Desde el contexto del hogar se da la desintegración, la ausencia de la figura paterna y materna en los hijos', explicó el psicólogo y pedagogo Luis Ernesto Quintero Builes.

Esto sumado a la pérdida de la estabilidad económica y posteriormente los conflictos en la familia que se desencadenan, producto del desempleo.

Desde lo personal, aparecen problemas como un mal manejo en la toma de  decisiones, la falta de tolerancia ante la frustración, el mal manejo de las relaciones interpersonales, la falta de comunicación asertiva.

LA VOZ DEL EXPERTO
Dora Herrera
Pedagoga y facilitadora de desarrollo personal


¿Cómo manejar esa impulsividad?
La impulsividad es la ausencia del autocontrol frente a un hecho de la cotidianidad que nos saca de toda estabilidad o tranquilidad. Cuando no tenemos esa seguridad que hemos ido adquiriendo con el hábito del día, puedo acostumbrarme a no saber perder, a no entender. Para eso es importante el autocontrol, como forma de aprender desde una mirada más positiva qué nos pasa.

Para frenar el impulso debo tener conciencia de saber hasta aquí llegué o tener la certeza de que estoy pasando por un momento de rabia. 

 

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