lunes 24 de agosto de 2009 - 10:00 AM

¿Qué pasa cuando llega el primer hijo?

'La ilusión de tener un hijo para materializar nuestro amor nos rodeaba desde que éramos novios. Cuando me enteré de que iba a ser papá, quedé paralizado'.

Luis Carlos, un ingeniero de 32 años, había imaginado que al momento de recibir la noticia se emocionaría hasta las lágrimas y abrazaría a su esposa. Pero no fue así.

'Solo atiné a quedarme petrificado. Era un proyecto en común que finalmente se había hecho realidad'.
La felicidad lo inundó, es cierto, pero también otra serie de sentimientos que jamás pensó que lo abordarían en ese preciso momento.

'Me invadieron miedos y alegrías por igual. Temores a no estar preparado para la responsabilidad que implica traer un hijo al mundo, a perder mi independencia, la de nuestra vida en pareja'.

Los temores de Luis no son infundados y tampoco significa que sea una mala persona. De hecho, es muy común que los hombres se sientan amenazados en el momento en que el cuidado del bebé se torna en todo el mundo de la madre.

También sucede que la pareja empieza a tener problemas que antes no tenían, debido a la forma de cuidar al recién nacido.

'Todos tenemos un historial de crianza que tendemos a replicar. Si fuimos felices estaremos confiados y trataremos de imponer nuestro punto de vista a la pareja. Si por el contrario fuimos infelices, entonces la pareja se sumirá en un mar de dudas e inseguridad', manifiesta el psicólogo José Gabriel Bermúdez.

Miedos reales


Hay un temor que se convertirá en realidad y que ronda la cabeza de Luis ahora que sabe que va a ser padre.
Los expertos aseguran que antes de que llegue el primero hijo, lo  mejor es que la pareja se prepare mentalmente para ver invadido su espacio personal y de pareja.

'Lo mejor es hacerse a la idea que no compartirán los mismos momentos de intimidad. El primer hijo pone a prueba toda la estructura individual y de pareja, así que hay que estar listos para que el bebé ocupe mucho del tiempo que antes usaban para estar juntos', señala Bermúdez.

Sin embargo, los expertos también aseguran que después de algún tiempo y a medida que el niño vaya creciendo en sus primeras etapas, la pareja puede hacer acuerdos para dejarlo con la niñera o con la abuela y salir algunas horas al cine o a bailar.

¿Qué nos pasa?


La llegada del primer hijo pone a prueba la estabilidad psicológica de la pareja. Un niño que crece sin problemas es la mejor señal de una buena relación amorosa. El cansancio y la inseguridad son lógicos y conviene compartirlos con el otro. Si ella lanza reproches al marido y él siente celos del hijo, la pareja se deteriora.

LA VOZ DEL EXPERTO
NATALIA SOSA ZAVALA / Psicólga


'Ser padre y madre implica fuertes cambios en la relación de pareja; ya no sólo son pareja, sino que ya son familia. La presencia de un niño en el hogar crea una constelación totalmente nueva; es causa de un reajuste fundamental en la relación, lo que origina en cierto modo una crisis matrimonial.

Ambos cónyuges pueden sufrir diferentes frustraciones; en la mujer puede ser por cansancio o falta de sueño; en el hombre, por una sensación de abandono. Si esto ocurre, tienden a producirse presiones entre ambos. Los padres necesitan de un respiro en la paternidad, buscando encontrarse nuevamente los dos como pareja, dándose un tiempo para ellos solos. Al peligrar la pareja, se desestabiliza la familia. Por el contrario, si la pareja crece como raíz sana y firme, la familia sobrevivirá y superará cualquier crisis'.

'con mi primer hiJO, mi matrimonio va en picada'


'Mi pareja iba perfecta hasta que nació mi hijo que ahora tiene 2 años. Mi esposo está continuamente amargado, lo de tener un hijo le ha superado. No tiene paciencia y eso que era él quien más lo deseaba. Cada vez que el niño llora se pone terrible de los nervios. Estoy tremendamente cansada de luchar por la pareja, por la familia y por la casa. El dice que lo intenta pero que no puede, que es algo superior a sus fuerzas'. Ante este caso, los expertos afirman que lo mejor es acudir a terapia psicológica.

Cómo resolver los conflictos paso a paso...


1. La intimidad del comienzo ha cambiado radicalmente con la presencia del primer hijo. Cuando ellos comienzan a hacer su vida independientemente, cada vez más vuelven los momentos de estar solos.

2. En una pareja de larga data, siempre se acumulan diferencias que se dejan pasar por alto sin blanquear o sin resolver en pos de la educación del niño.
 

3. En el transcurso de los años, cada uno ha cambiado según fue su historia personal.

4. Hay grandes posibilidades que los disensos se hayan resuelto con la intervención de terceros, padres y suegros: ahora llegó el momento de construir los recursos para debatir sólo entre ambos los desacuerdos.

5. La recreación de la sexualidad, posibilidad muy interesante que hace sabrosa la vida.

LISTA
Algunas sugerencias

1. Hacer un espacio en la agenda. Muchas veces la inercia los lleva a pasársela realizando las tareas del bebé y las tareas del hogar.

2. Organicen una cita fuera. Aunque sea un par de horas para salir de casa: al cine, a tomar un café o a caminar al parque.

3. Dígale a su pareja cuánto la quiere. Aunque no lo crea, en estos momentos los pequeños detalles hacen una gran diferencia.

4. Ante un desacuerdo sobre la crianza del niño, lo mejor es respirar primero antes de actuar.

5. Nombrar las dificultades y reflexionar sobre ellas es la mejor forma de resolverlas.

6. Si el bebé crea distancia en la pareja, ambos deben reflexionar sobre su relación con sus respectivos padres.


LA VOZ DEL EXPERTO
Manuel Sánchez / psicólogo

'Esperar un hijo suele crear una crisis en la vida de la pareja. Ambos suelen fantasear sobre cómo va a ser su bebé, cómo van a ser padres. Con la llegada del primer hijo, la joven pareja se distancia más de sus familias –al ser padres son menos hijos— y se estrechan más los vínculos entre ellos. La responsabilidad de criar un hijo exige de ellos una nueva forma de compromiso, porque la crianza es gratificante, pero dura.

Las crisis de este periodo suelen centrarse en dificultades de identificación: al tener que desempeñar los papeles de padre y madre, suelen tender a copiar actitudes de sus propios padres y suele revivir en ellos el hijo que llevan dentro. Incluso si la inexperiencia les lleva a sentirse fracasados en esta nueva tarea, pueden vivir una auténtica regresión.

Puede darse también en este momento, a veces casi de manera inconciente, una cierta rivalidad por el afecto del hijo: frecuentemente, los padres caen en la tentación de considerar al hijo propiedad privada de cada uno de ellos e intentar conseguir con él toda una serie de objetivos soñados por ellos. Esto hace que surja entre ellos una sorda realidad que les puede acarrear serios problemas; si dejan de considerar al hijo propiedad privada y se ponen los dos a su servicio, sin dejar de cultivar su relación de pareja, será una ocasión de crecimiento'.

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