domingo 15 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

La Esquinita no ha cerrado el telón

Está corriendo el rumor de que La Esquinita, ese lugar a donde muchos acuden en busca de canciones que no oyen en otro lugar, y que forma parte de la identidad de Bucaramanga, ha llegado a su fin, y que Carlos Pinto, su propietario desde hace 32 años, decidió venderla.

El rumor tiene de cierto, pero no del todo; la colección de discos se va para Medellín, pero La Esquinita se queda aquí, y con Carlos Pinto como parte del inventario.

La Esquinita fue fundada el 13 de noviembre de 1964 por Gonzalo Velásquez y William Wolf para reunir a los viajeros (vendedores) de cualquier mercancía: de drogas, de repuestos, de cacharrería; era un tertuliadero. 'Luego la tomó el viejo Luis Eduardo Yepes, tío de uno de los dueños del local, hasta que le dio reumatismo. Tenía unos disquitos y él los ponía para que los vendedores fueran a oír música y a tomar aguardiente. A él se la compré en 1977, hace 32 años, por un millón de pesos', cuenta Carlos Pinto.

'Se la cambié por una casa que yo estaba pagando en Provenza. En una noche de tragos hicimos el negocio y me quedé sin casa y sin mujer… de esas locuras de uno. Entonces el lugar tenía cerca de cinco mil elepés, y al son de la música vieja empezó a llenarse eso de gente y de fama. Después, se me dio por ponerme a buscar fotos y pinturas de cantantes y fui decorándola. Le he dedicado todos estos años, y hoy, a mis 73, estoy muy cansado: por eso la vendí'.


En Medellín

La historia tiene parte importante en Medellín. 'Como soy coleccionista de discos de 78 rpm, llevé el negocio a un localazo hermoso en Las Palmas en Medellín, frente a un peaje, pero fue un fracaso. Luego pasé a Envigado durante un año, y ahí sí me fue bien; del alcalde para abajo llegaban allí. Yo tenía en Bucaramanga también La Esquinita, El Abuelo Pachanguero y El Portón Paisa, tres negocios que me reclamaban constantemente, así que comenzaron los problemas y tuve que devolverme.

'Bueno, también en ese tiempo vivía conmigo una muchacha, que dejé en Bucaramanga para que estudiara, y todo el tiempo me andaban llamando: que fulana anda con uno, que fulana anda con otro… así que me vine también en plan de buscarla, pero ya se había casado. Si ella me hubiera contado que se había casado, yo tal vez no me hubiese venido porque en Envigado era el rey. Volví a Medellín a la 76, al lado del barrio Belén, pero reformaron la calle y le quitaron el parqueadero, y no se podía trabajar, así que me vine definitivamente'.

En Medellín, en 1999, recibió una oferta muy alta por el negocio, pero en ese momento La Esquinita representaba para Carlos Pinto toda su vida, y, además, por la suma ofrecida, no sabía si en Colombia lo dejarían disfrutar de ese dinero.

Al interesado le gustaban la música y la estructura de La Esquinita, y quería llevarse todo para una finca que tenía cerca de allí. Para Pinto, ni el negocio ni la colección tienen precio verdadero, así que este año acordó con Henry Osma, ‘el Gordo’, trasladar La Esquinita, con todo y Carlos Pinto, para la esquina de la calle 36 con carrera 33, donde funciona El Viejo Chiflas.

La colección de 78, después de tocar puertas de instituciones públicas y privadas en Santander, fue cedida a William Ponce, físico e investigador, profesor de la Universidad de Antioquia y presidente de la Asociación de Coleccionistas de Música de Envigado, a cambio de una suma simbólica, sin documentos ni compromisos más que la palabra de cada uno de ellos.

'Esa colección no tiene precio. Se fueron diez mil discos de 78 revoluciones por minuto: la discoteca más importante de Latinoamérica. Lo hice además porque ninguno de los miembros de mi familia se ha preocupado por eso, así que temo que cuando yo muera esa colección se desbarate, y seguramente caerán los demás coleccionistas, y quién sabe a qué precio.

'Hay muchas joyas allí, desde ‘El enterrador’, el primer bambuco grabado por Pelón y Marín con el sello Columbia en 1909 en Yucatán; el primer Himno Nacional de Colombia, grabado en 1910; discos que recibió como obsequio, y uno comprado en Buenos Aires por US$250; hasta el himno del Atlético Bucaramanga (Bucaramanga, Bucaramanga, toda tu hinchada contigo está contenta; en la puerta, Fraccione es un pescado; en la defensa, Cardoza, una muralla; con Bernasconi, Peluffo y Chancharito el medio campo se mueve ligerito. Bucaramanga, Bucaramanga, toda tu hinchada contigo está contenta).

'…sólo existía la matriz sobre un acetato que ponían en los partidos, y me lo regaló la hermana de Norberto Peluffo en Buenos Aires, que me lo prometió cuando conoció La Esquinita, a pesar de que sonaba como si estuvieran fritando chicharrones, y le pedí que no lo limpiara'.

A Carlos Pinto, ‘el Rey del 78’, además de una afección en la columna por cargar discos, le quedan los elepés -alrededor de mil unidades- y a Bucaramanga le quedan los recuerdos: 'Yo toqué muchas puertas aquí; en el Instituto Municipal de Cultura, por ejemplo, hace tres o cuatro años, pero dijeron que no había presupuesto. Bucaramanga perdió la oportunidad de tener la mejor colección de discos en Latinoamérica, por lo que significa para la cultura y para el coleccionismo.

'Muchas personas conocen a Bucaramanga por la referencia que se tiene de La Esquinita. Ahora voy a estar con ‘el Gordo’ para ayudar con lo del manejo de la música, aunque creo que será Guillermo Bonilla el principal. Yo ya no estoy para trabajar; únicamente como figura decorativa… y ya pa’ los días que me quedan, qué carajo… 73 años…'

 

UNA PREGUNTA CLAVE

Tuvo la oportunidad de entrevistarse con Tito Guizar y preguntarle de dónde sacó el bambuco que grabó con el título de ‘Anita’ en 1932 y que dice: 'Anita, que tienes negros los ojos, el cabello rizado, los labios rojos; Anita, Anita, la palma del desierto no es tan bonita...'. El cantante le confesó que se lo había compuesto a una novia. En realidad, había conocido este tema de Pelón Santamarta en la voz de Jorge Áñez.


por 20 dólares

'En 1996 fui hasta México a buscar dos discos, uno era ‘Hacelo por la vieja’, de Gutty Cárdenas, un tango, y el otro era ‘Guajirita’, el primer disco que grabó Pedro Infante para la RCA. Entonces me metí el viaje hasta allá y hablé con Armando Pous Escalante, el mejor coleccionista de entonces. Me dijo que no los buscara más porque no los encontraría; que a Gutty Cárdenas, un mexicano cantando tangos, no le habían prestado atención en Nueva York, así que las unidades fueron muy pocas; y que Pedro Infante se fue a los puños con el director de la RCA, así que los pocos discos prensados fueron reciclados.

'Un tiempo después, me llamó Cristóbal Díaz Ayala, el más importante coleccionista de música cubana, para encargarme unos discos de Cuba (él no podía volver a su país), que le tenía Nelo Sánchez, un viejito de 84 años. Me dio mil dólares para los gastos. Cuando recibí el encargo le pregunté al coleccionista si tenía algo más que pudiera comprar para mí. Le dije que me gustaba de todo y me puso a buscar en unas cajas. En la primera que busqué encontré dos discos nuevecitos: ‘Hacelo por la vieja’, de Gutty Cárdenas, y ‘Guajirita’, de Pedro Infante. Se los compré a 20 dólares, y en esa época ofrecían trescientos mil pesos por cada uno'.

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