domingo 12 de mayo de 2019 - 12:00 AM

La historia de la fundación que acompaña a las madres de bebés prematuros en Bucaramanga

Una tragedia familiar cambió para siempre la vida de María Eugenia Prada Bautista. Sin embargo, ella decidió transformar ese dolor en conocimiento, en amor y comprensión hacia el rol de mamá. Hoy es un día para hacer honor a esas mujeres que aprendieron día a día a ser mamás.

Ese jueves 2 de mayo se celebra en la Fundación Emanuel Josué el cumpleaños de Sergio, uno de los colaboradores de la ONG. Hacía calor. La mesa está dispuesta, una torta genovesa ubicada en la mitad, jugo y risas. María Eugenia, creadora de la Fundación, ríe fácil, lo comprende todo y habla con mucha propiedad y casi sin parar de esta idea que nació luego de una tragedia familiar.

No se apresura, sin embargo. Sirve la torta, se sienta y fomenta el buen ambiente con los otros colaboradores. Está preocupada por el tema económico, más que por el dinero en sí, por las grandes expectativas que tiene para las mamás que se benefician de su proyecto.

Una de esas mujeres, Nayla Arrieta, se hospeda durante algunos meses en la fundación para tratar a su pequeña de tres años. La niña nació con labio leporino y paladar hendido. También padece otitis y displasia de cadera. Mamá e hija viven en el Magdalena Medio con recursos limitados.

Y fue el reto de cuidar a la niña y los conocimientos aprendidos en la fundación los que enseñaron a Nayla a ser mamá: contrario a la creencia popular, las mujeres no tienen una especie de “software” preinstalado con todos los conocimientos para educar a un hijo o hija.

Tampoco todas tienen el llamado “instinto maternal”. En realidad, todas las mujeres aprenden a ser madres en el transcurso de la crianza propia de su hijo y, en algunas ocasiones, son los cuidados especiales derivados de las patologías o las enseñanzas que se pueden encontrar en las tragedias las que otorgan esa sabiduría de ser mamá.

María Eugenia lo sabe. Y comprende. Comprender y no juzgar son palabras que menciona constantemente. Sabe que si una mamá está sufriendo, no se atiende a sí misma ni tiene las herramientas para trabajar en su empoderamiento, entonces el cuidado y la crianza les serán muy difíciles.

Nayla, ese jueves, ya está de regreso en su hogar natal, pero su lucha y los aprendizajes que las patologías de su niña le han dado “ha sido muy duros. Y mucho más porque la gente no entiende, juzga, se expresa sobre su enfermedad”, dice. Pero quiere para la niña que sea feliz. No sabe cómo lo logrará exactamente, pero está segura de querer luchar con ella para conseguirlo.

Encontrando el para qué

Una camioneta que arranca, un niño de 15 meses que sale por una puerta a la que, posiblemente, le ha fallado el mecanismo.

En ese accidente, la llanta causa un trauma craneoencefálico que le cuesta la vida a Emanuel Josué, el pequeño de María Eugenia.

Tras una pausa en la celebración de ese jueves para contar cómo nació la fundación, María Eugenia reflexiona sobre la vida.

“Son cosas que de pronto tenían qué suceder y estamos en ese proceso de descubrir para qué”, cuenta.

Lo hace de forma tranquila, con esa característica de comprender los sucesos más terribles, los sentimientos más dolorosos. La comprensión de que ser mamá y vivir una tragedia, superar con un hijo o hija una enfermedad, no es nada fácil.

“Antes habíamos pensado con mi familia tener una fundación, pero como todo el mundo, era solo un “me gustaría”. Tal vez esta situación nos motivó a hacerlo sí o sí. Pedí apoyo a una prima, que empezó a investigar cuál era la necesidad que menos atención recibía de las entidades gubernamentales y sin ánimo de lucro. Yo estaba con el duelo y no me era fácil”.

De eso hace siete años. La investigación arrojó un resultado interesante: la condición de bebé prematuro era la que menos atención recibía al no ser considerada una patología en sí. Sin embargo, de no atenderse con los cuidados requeridos, podría desencadenar en perjuicios para los bebés.

“Se evidenció que la mortalidad de niños prematuros era alta en aquellos fuera del Área Metropolitana. Las mamás no tenían en donde albergarse, dormían en las sillas, las camillas, alguien les compraba una poni malta, un pan algunas veces. Y cuando al bebé le daban de alta, ellas tomaban a su bebé y no como muchas de nosotras, que nos recogen, ellas deben irse en la flota. No alcanzan a saber cómo se debe cuidar a un bebé y éstos, muchas veces, no llegaban vivos a sus veredas”, explica María Eugenia.

Los expertos de Mayo Clinic explican que cuanto más temprano nace un bebé, más alto es el riesgo de tener complicaciones, entre ellas problemas respiratorios, del corazón, cerebrales, de control de temperatura, gastrointestinales, sanguíneos, de metabolismo y del sistema inmunológico.

“El píloro es lo último que se les desarrolla a estos bebés, entonces un reflujo los ahoga. Entonces decidimos apoyar el programa Mamá Canguro y darles a las mamás alimentación, estadía y orientación”, cuenta María Eugenia.

Corazón de mamá

La fundación tiene tres programas, entre ellos “La casita de Emanuel”, que se ocupa del albergue y la alimentación de las mamás que deben visitar el hospital porque deben tratar alguna patología de su hijo o hija y “Corazón de mamá”.

Aquí se habla con ellas, se les da una orientación psicológica y se les muestra que no solo son mamás, también son mujeres y deben atenderse a sí mismas.

La idea del programa es que hablen de sus sentimientos mientras elaboran un corazón en tela.

Karoll Puentes, psicóloga en prácticas de la Universidad Manuela Beltrán, explica que “las mamás que llegan a la fundación son mamitas que tienen problemas de ansiedad. Ellas vienen de una situación vulnerable tanto económica como de salud. También sufren de maltrato. Están ansiosas porque no se trata solo de tener a un niño enfermo, también porque no comprenden qué es lo que tiene el niño”.

En el caso de los bebés prematuros, las mamás son separadas de sus hijos y esto, como es lógico, les produce ansiedad y miedo por el temor a no poder criarlo bien.

“Ellas se culpan. Hay que empezar a trabajar en liberarles este nivel de ansiedad tan alto”, cuenta Karoll.

La psicóloga explica que uno de los trabajos más importantes de la fundación es explicarles a las mamás que “para muchas es la primera vez que se enfrentan a un cambio de pañales, a interpretar un llano. Hay que explicarles que ese miedo y esa angustia es normal. Todas las mamás han tenido que pasar por ese momento”.

Y su estado de ánimo influirá en la relación con su hijo. Y que una conexión de amor con sus hijos e hijas perdurará para siempre.

“Tengo cuatro hijos. Tres que están viviendo las experiencias del mundo y un chiquitín, lo tengo en el cielo”, cuenta María Eugenia.

Y asegura que lo más importante es no seguir siendo víctima, ni de las circunstancias, ni de nadie, sino empoderarse en esa nueva faceta de la vida: ser mamá.

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