domingo 31 de mayo de 2009 - 10:00 AM

La magia del maestro

Toda mi vida fui profesor, salí pensionado y hoy me siento feliz porque cumplí una labor que por vocación me permitió formar miles de niños y jóvenes durante más de 40 años.

A mi alrededor tengo profesionales de todo tipo, personas que brillan con su inteligencia y quienes recuerdan que fueron mis alumnos. Era grato verles hacer con agrado sus tareas de matemáticas, física, trigonometría, que fueron las materias que yo dicté con mucho amor.

Mi pregunta es: ¿Qué pasa con los niños y jóvenes de hoy que no estudian con agrado estas materias y que las ven como una carga? ¿Cómo ayudar para que las vean con alegría y se preocupen por aprender cada día más?

Felicito a mis colegas y le envío un saludo amoroso para que sigan impartiendo con dedicación y amor sus sabias enseñanzas.

RESPUESTA

Distinguido maestro: Bendita sea por la exitosa labor que desarrolló con sus alumnos, quienes hoy encarnan el ejemplo de personas luchadoras, comprometidas y responsables en el manejo de sus vidas.

Fueron 40 años ejerciendo un  apostolado del cuál seguirá recibiendo satisfacciones al ver cómo esos chicos y chicas hoy se abren camino y buscan a través de su comportamiento dejar, como usted lo hizo, una huella eterna.

Los maestros de hoy deben asumir un reto permanente, buscando los medios adecuados para transmitir de manera integral sus enseñanzas, no sólo inculcando a sus alumnos conocimientos, normas y procedimientos sino ante todo, esa cercanía comprensiva y amorosa de aquel ser especial que les sabe escuchar y guiar por el camino del bien, la verdad y el amor. Así debe ser.

REFLEXIÓN

Un verdadero maestro se compromete a gozar esa maravillosa experiencia de formar la inteligencia y voluntad de sus alumnos, siendo para ellos no sólo su formador sino, por encima de todas las cosas del mundo, su pastor, guía, conductor, orientador y facilitador.

Tendrá el don de saber escuchar para entender lo que piensan o sienten sus alumnos. La especial predicación inculca conocimiento y sabiduría que trascenderá en sus discípulos a medida que crecen y forman integralmente su personalidad.

Luego con el paso del tiempo, gratamente verán su obra reflejada en personas sólidas, maduras, comprometidas y exitosas en todas las áreas.
De ahí se desprende que cualquiera puede ser profesor pero pocos tendrán el privilegio de ser llamados 'maestros'.

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