domingo 22 de febrero de 2009 - 10:00 AM

La presión de mi papá

Soy estudiante universitaria, vivo con mis padres y una hermanita menor. He sido una niña caprichosa, impulsiva y desordenada. Tengo 19 años y me siento muy mal porque mi padre quiere meterse en mis cosas irrespetando mi privacidad y queriendo saber lo que hago o dejo de hacer. Mi madre me respalda pero le tiene miedo porque es muy soberbio y grosero.

Todo comenzó  hace unos dos años porque tuve un novio a escondidas y se enteró que teníamos relaciones sexuales. Yo lo dejé y todo se arregló.
Espero me ayude porque estoy aburrida y no sé cómo hacerle entender que aprendí la lección y ya maduré. Gracias.

RESPUESTA

Distinguida señorita: Bien sabe que parte de la situación tiene que ver con su pasado por lo tanto necesita mantener la calma, ganar confianza y demostrar que la niña de años atrás ha logrado madurar.

Evite confrontaciones con su papá demostrándole con su silencio que de ahora en adelante no permitirá ninguna pelea. Esto aunque no lo crea le impulsará a bajar la presión, aprenderá sin querer a escucharle, poco a poco le dará más confianza y mejorará la relación entre los dos.

He ahí la reacción lógica de un padre que vislumbrando el daño que puede recibir una hija, sin querer y de buena fe, puede extremar las medidas de cuidado y volverse un intenso. Busque un espacio propicio para conversar con él, haciéndole sentir que usted aprendió la lección y que su principal objetivo es terminar la carrera y ser una gran mujer y profesional ¡Manos a la obra!  

REFLEXIÓN

Papá y mamá han de ser sustentadores de valores humanos y sobrenaturales siendo digno ejemplo de ser imitados, escuchando, comprendiendo, valorando y respetando la especial forma de ser de su cónyuge y los hijos que Dios les concedió como un bello regalo.

Los hijos deben reconocer su autoridad, acatándola y respetándola aunque por circunstancias específicas excedan los límites y tal vez se conviertan en autoritarios e intensos.

Los padres esperan que los chicos respondan rectamente a sus enseñanzas u orientaciones siendo seres libres, autónomos que busquen a través de su camino existencial el bien, la verdad y el amor. Lo esencial en ellos ha de ser reconocer, valorar, interiorizar y mantener toda la vida esta línea de conducta que facilita el encuentro con la verdadera realización y felicidad.

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