lunes 03 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

La rebeldía de mi hijo

Soy separada, vivo con mi hijo de 12 años y trabajo como secretaria de una prestigiosa empresa de la ciudad.

Hace días he notado cambios notorios en mi hijo y esto me tiene muy triste.

Se volvió perezoso, desatento, poco colaborador y pareciera que no le interesara el colegio porque no hace tareas.

Hace días hablamos con la profesora y se comprometió a poner todo su empeño para superar los logros pendientes del periodo anterior.

Según parece ya lo hizo pero sigue con una tranquilidad que me aterra.

No sé qué hacer con él. Me preocupa que siga así y dañe su futuro.
Espero su orientación.

Respuesta


Distinguida señora: Su hijo ha comenzado la etapa adolescente. Esto implica cambios notorios a nivel físico, mental, intelectual, emocional, social, afectivo y espiritual.

Lo anterior se refleja en la pereza, desorden,  impulsividad, soberbia, entre otros aspectos.

Es de resaltar que viene adquiriendo un carácter 'no activo', es decir, tranquilo, que no corre ni se desespera por nada. Se torna paciente en todo momento.
Esto implica que como mamá debe poseer paciencia y perseverancia para soportar esta realidad que no puede cambiar pero sí mejorar.

Hable con su hijo haciéndole ver la confianza que subsiste sobre su    desempeño académico.

Valore sus fortalezas, cualidades o talentos especiales y comprométalo a mejorar en aquello que limita su desarrollo personal.
Acepte a su hijo tal como es y conviértase en facilitadora de su desarrollo integral. ¡Adelante!

Reflexión


Papá y mamá se deben dotar de inteligencia y sabiduría para guiar con paciencia, firmeza, flexibilidad y mucho amor, aquellos seres especiales que Dios puso en su camino para formarlos y hacerlos personas de bien.

Es una misión sagrada que dura toda la vida. Por lo tanto, se deben preparar intelectualmente para conocerlos en toda su dimensión.

Serán copartícipes de su educación, integrándose al equipo interdisciplinario que lidera la institución educativa donde se forman.

¿Sabe qué piensa su hijo de usted?
¿Se considera un buen papá o una buena mamá?
¿Dialoga constantemente con su hijo para saber qué le preocupa o afecta en su relación familiar o escolar?

Cuándo fue la última vez que le dijo: Hijo mío ¡yo te amo!
¿Qué ha hecho para ganarse su respeto y admiración?
Llegó la hora de hacerle sentir cuánto le ama. ¡Manos a la obra!

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