lunes 14 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Le tengo miedo a mi jefe

Estoy a punto de retirarme del  trabajo que conseguí  hace 2 meses porque mi jefe es muy malgeniado. No he podido congeniar con él y a todo momento me llama la atención porque no hago las cosas como le gustan, rápido y sin chistar ni un pelo.

Mi esposa me dice que no me preocupe, que trate de comprender a mi jefe pero no se cómo hacerlo porque somos muy distintos. A mi me gustan las cosas con calma y bien hechas pero a mi jefe le gustan corriendo así no estén como a él le gusta.

Quisiera saber cómo entablar un acercamiento con éste señor para mejorar las relaciones. Con mis compañeros me llevo bien pero a mi jefe no le gusta nada. Espero su consejo.

Respuesta

Distinguido señor: El trabajo es una oportunidad maravillosa para crecer como persona. Permite conocer diferentes tipos de carácter que sabiéndoles complementar logran la magia que se requiere para un trabajo en equipo eficaz.

Su jefe goza de un carácter activo, que quiere las cosas rápido, sin espera, es decir ¡diciendo y haciendo!.

Usted por el contrario es no activo. No corre, no se desespera, toma las cosas con calma. He ahí la gran diferencia que induce reaccionar impulsivamente porque no valora lo que dice o hace.

Llegó la hora de sentarse a conversar con su jefe. Dígale: Me siento feliz laborando en esta empresa. Soy consciente que tenemos un carácter diferente pero, estoy en condiciones de aportar todos mis conocimientos y experiencia para que se sienta orgulloso de mi.

Enfrente sus temores y no permita que nada ni nadie nublen su entendimiento para defender lo que merece. ¡Manos a la obra!.

Reflexión

Jamás considere menos a quien por condición especial carece del carácter que usted posee. Cada ser humano es único, especial e irrepetible. Quien ostenta un carácter activo es decir, luchador, emprendedor, a veces impaciente e impulsivo se complementa con quien es no activo es decir tranquilo, que no corre, no se desespera porque toma las cosas con calma y que para completar es ¡paciente!.

He ahí su polo atierra. Aunque no lo crea, en ciertos momentos de la vida necesita esperar, calmar,  serenar, descansar o apaciguar. Esta persona mágicamente frena esa sensación que le puede llevar a una grave enfermedad.

Mírelo como un complemento y no como un obstáculo en su existencia.

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