domingo 18 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Mi familia no valora lo que hago

Llevo de casada 35 años y siento que tanto mi esposo como mis hijos no valoran todo lo que hago para que vivan muy bien.

Tengo dos hijos de 32 y 28 años, la mayor es casada pero depende mucho de nosotros y el menor vive aún en casa y trabaja como director del departamento jurídico de una gran empresa. Es increíble que yo no pueda decir nada, que mis opiniones no tengan valor porque todos ellos consideran que no me debo meterme en sus vidas.  Estoy sufriendo, no sé qué hacer. Quisiera largarme donde nadie supiera para que me extrañen y sepan que a una esposa y madre se respeta siempre. Espero me oriente para saber qué debo hacer, cómo actuar. Gracias.


RESPUESTA

Distinguida señora: su lucha no ha sido en vano. Ha logrado sacar adelante una familia y sigue dando un digno ejemplo como esposa y madre. Sin darse cuenta, con el paso del tiempo las cosas cambiaron, sus hijos crecieron, se independizaron y asumieron su propio destino.

Debe por lo tanto, aceptar esta realidad y emprender una nueva interpretación de la vida que le permita disfrutar y contemplar la felicidad que merece vivir.

Propicie una tertulia familiar donde pueda expresar lo que piensa o siente, comenzando por valorar aquellas cualidades, habilidades o talentos positivos de su cónyuge e hijos.

Luego manifestará con sinceridad prudente aquello en lo cual desea que cambien o mejoren. Haga el mismo ejercicio con cada uno. Comprométales afianzar la unidad familiar y tenga la convicción que comprenderán el objetivo esencial su misión en la vida. ¡Dios le bendiga!


REFLEXIÓN

Duele sentir el rechazo, la indiferencia, la ofensa, humillación e incluso el desprecio de aquellos seres por los cuales se ha dado todo ¡hasta la propia vida!

Observamos con impotencia el ultraje y minusvaloración de su propio cónyuge o compañero existencial, con quien comenzó un proyecto de vida matrimonial.

Más absurdo resulta que los agresores sean sus propios hijos, quienes se hallan atacando, abatiendo e intimidando al ser más bello y maravilloso sobre la faz de la tierra.

¡Respétela! No permita que sufra. Consiéntale y otórguele toda la dedicación y amor que merece por ser hacedora de su propia existencia. Jamás olvide que cosechamos lo que sembramos.

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