lunes 18 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Mi pequeño hijo cambió

No puedo entender cómo mi hijo de 12 años cambió de un momento a otro su forma de ser. Era un niño juicioso, obediente, responsable con sus tareas, ordenado, pero ahora se ha convertido en un desordenado, perezoso, contestón, no hace tareas y  para completar malgeniado.

Cualquiera diría que cambiaron a mi hijo por otro. Estoy preocupada porque me mandaron llamar del colegio a raíz de su indisciplina y mal comportamiento.
¿Qué viene pasando con mi hijo? ¿Serán los amigos, la edad o viene ocurriendo algo malo en su interior que no he logrado detectar?

Respuesta

Distinguida señora: Su hijo ¡ya es adolescente!. Dicha condición del desarrollo genera cambios físicos, mentales, emocionales, sociales y espirituales entre los que se destaca la pereza, el desorden, malgenio e impulsividad. De ahí se desprende la crisis que viene padeciendo y la paciencia que usted debe tener para brindarle compañía y facilitación en su proceso de maduración.

Aunque deba repetirle varias veces una orden ¡hágalo!. Él asumirá poco a poco sus responsabilidades y tomará conciencia que le corresponde actuar de dicha manera para evitar inconvenientes futuros en su campo académico, familiar y social.

Insista, persista y resista. Es una fórmula que no falla siempre y cuando se haga con la prudencia, firmeza y amor que se requiere para que su hijo la interprete como algo positivo y edificante. ¡Manos a la obra!.

Reflexión

Adolescencia es etapa de transformación integral que permite madurar e ingresar al mundo de los adultos donde los amigos serán parte fundamental de dicho proceso.

Los padres deben asumir con paciencia, perseverancia y amor este cambio fundamental en la vida de sus hijos, quienes dejarán de ser niños y se integrarán al mundo del dar, aportar, investigar, cuestionar, proponer y edificar.

Deben ser facilitadores, motivadores, acompañantes. Estarán dispuestos a estimular de manera consciente su camino existencial mostrándoles posibilidades de progreso inmersas en su vocación profesional, sin imponer ideas o posiciones personales, sabiendo por encima de todas las cosas del mundo 'escuchar', para comprender y conocer en toda su dimensión la especial forma de ser de aquellos seres que Dios les concedió como un bello regalo.

He ahí la misión que papá y mamá deben asumir en esta crucial etapa de su desarrollo. 

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