sábado 18 de junio de 2022 - 4:55 PM

Nadie tiene recuerdos de cuando era un bebé, le explicamos porqué

Tener conciencia de usted mismo, hacer uso del lenguaje y tener desarrollado el hipocampo tarda varios años. Todo estaría relacionado.

Piense en el recuerdo más antiguo que tenga, el primero de todos, de cuando era apenas un bebé o un niño. Probablemente llegará a su mente un hecho acontecido cuando ya tenía más de 2 o 3 años, porque de tiempos anteriores no es posible recordar nada.

El fenómeno es común, le pasa a todos, su nombre es amnesia infantil. Para entenderlo, señala Carlos Andrés Tobón, PhD en Ciencias Básicas Biomédicas con énfasis en Neurociencias y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, “debe hablarse primero de los diferentes procesos de memoria” y de cómo esta se transforma conforme un individuo va creciendo.

El recorrido de la memoria

La capacidad de almacenar información aparece conforme avanzan las fases del neurodesarrollo. Una de las primeras habilidades que aprenden los niños es reconocer e identificar distintos estímulos. De ahí que los bebés reaccionen tan fuertemente a ruidos nuevos, cambios de temperatura, sabores. “Están aprendiendo apenas a codificar y almacenar eso que les llega, el cerebro está concentrado en procesarlo y guardarlo”.

Para que este órgano trabaje de manera óptima, hay un alto consumo metabólico. Por eso los bebés suelen dormir tanto tiempo, pues es en ese momento en el que se consolida la información.

Una vez el cerebro aprende a reconocer los estímulos, pasa a darles un poco de complejidad. Aunque no es posible ponerles una huella temporal, si se trata de un estímulo continuo, que se repite (como la voz de los padres, las caricias, etc), el bebé desarrolla familiaridad: es capaz de identificarlo. Hay huellas en la memoria aunque atemporales: no se le olvida que ya aprendió a tragar, por ejemplo.

En este punto es que está la clave para entender la amnesia infantil. “La capacidad de recordar lo que va pasando en relación con el tiempo se denomina memoria episódica y esta se consolida más o menos cuando aparece el lenguaje”, añade el docente.

Para que se dé es indispensable que el sistema cognitivo tenga un grado de madurez, que ya haya adquirido algunos conceptos. En términos estrictos, no es que los niños no recuerden —y por ende su ser adulto tampoco—, en realidad en su cerebro sí hay información, pero no es posible acceder a ella o evocarla con una referencia temporal.

Quizá conozca a alguien que dice tener recuerdos de esas épocas, sin embargo, explica el docente, no se trata de recuerdos sino más bien de asociaciones o construcciones, “por ejemplo, los padres pudieron haberle contado un hecho puntual de ese entonces y la persona ser capaz de reconstruir la escena, tan vívida, que siente que lo recuerda”.

Posibles explicaciones

Entre las teorías que explican la amnesia infantil (aún no hay una absoluta), reseña la docente de psicología Vanessa LoBue, en un artículo publicado en The Conversation, está que para tener recuerdos autobiográficos es necesario tener conciencia de uno mismo.

“Debemos ser capaces de pensar en nuestro comportamiento y su relación con los demás”. De acuerdo con estudios previos (ver Informe), es a partir de los 18 meses (al año y medio de vida) que se empieza a adquirir esta habilidad.

Por otro lado, como bien lo señala Tobón, está la posibilidad de que la generación de recuerdos estén relacionada con la capacidad de utilizar el lenguaje, que no se desarrolla sino hasta el segundo año de vida. “No les es posible crear un discurso articulado sobre sus propias vidas, de manera que puedan recordarlo más tarde.

Finalmente, está el hecho de que el hipocampo, la región mayormente responsable de la memoria, no está del todo desarrollado en la primera infancia.

Cuidar los recuerdos futuros

Para la neuropsicóloga infantil, Liliana Andrea Zuliani Arango, desde antes de nacer se acumulan “recuerdos” para el futuro, aunque no con un sentido preciso de ubicación temporal. “Tal vez no seamos conscientes de que estamos ‘guardando’, pero son cosas que van a estar ahí para el futuro”.

A partir de esta certeza, la profesional hace énfasis en la importancia de cuidar los recuerdos de los niños, sobre todo, señala, porque lo que más fácil puede ser evocado es aquello que más “marca” deja, bien sea por situaciones de profunda felicidad o tristeza.

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