domingo 19 de abril de 2009 - 10:00 AM

Objetos en vía de extinción

¿Qué pasará con el viejo y querido rollo fotográfico?
La hipótesis que más convence es que pasará a ser un objeto 'fetiche': sólo los fotógrafos artísticos o los coleccionistas lo buscarán.


El consumo comercial del rollo desapareció. El estudio fotográfico de Julio Enrique Cavanzo tiene sus días contados. Morirá el próximo año.

'Ya sólo mis amigos vienen por aquí. Para mí, el negocio del revelado del rollo fotográfico cayó en un 100%'.
Cavanzo es considerado el mejor laboratorista de la fotografía en Santander.

Tiene máquinas reveladoras y ampliadoras que son capaces de arreglar imperfecciones, de hacer lucir en la impresión una belleza inigualable en la realidad.
'Pero con la llegada de la cámara digital, la magia del revelado se perdió. Ya no se necesitan fotógrafos. Cualquiera compra una cámara digital, cada día más económicas y toma una foto', señala Cavanzo.

En sus ojos se refleja la tristeza y sus palabras están llenas de melancolía.

El próximo año cerrará las puertas de su estudio Foto Unión y sus imponentes sombrillas reflectoras, la Pentax K 1000 –la mejor del mercado comercial-, los químicos y por supuesto, el rollo fotográfico, pasarán a ser sus mayores reliquias.

Lo mismo sucede con la máquina de escribir. Aunque aún se vende bien, según Daniel Macías, vendedor y reparador de éstas.
Macías dice que vendió los primeros meses de este año 40 máquinas de escribir, porque en las escuelas quieren que los estudiantes aprendan a digitar antes de pasar al computador.
Luis Humberto Villamizar, compañero de Macías en el almacén, aún tiene fe en que hay objetos que no desaparecerán aunque su uso comercial se extinga.
'Hay ciertas cosas de la tecnología que no pueden desaparecer; así sea por ser reliquias, así sea por manejo, no pueden desaparecer'.

20 años no es nada
'Apenas apareció el Betamax, mis amigas y yo automáticamente dejamos de ir al cine y comenzamos a ver nuestras películas favoritas de terror en aquel pasa-películas, metálico y pesado.

'Cada vez que veíamos películas como El Exorcista o Poltergeist, después las comentábamos y más miedo nos daba… Ahí quedamos tan asustadas que ni siquiera nos atrevíamos a apagar la luz y estábamos toda la noche en vigilia, petrificadas, con los ojos fijos en la lucecita roja del Betamax', recuerda Leo Marcazzolo, de 34 años, a quién le encanta rememorar el pasado emotivo de los electrodomésticos en vía de extinción.
 
El Betamax es uno de ellos y las personas que reparan estos objetos también pasaron a mejor vida comercial.
Miguel Herrera, un hombre de 57 años que pasó sus mejores días de juventud estudiando electrónica, ahora se ha quedado vacío, con la férrea intención de cerrar el negocio con el cual levantó su casa, 20 años atrás.

'Empecé reparando equipos de sonido, de esos viejos, con LP. He visto todo los cambios de la tecnología pero la forma en que la fabrican ahora nos dejará sin empleo porque todo es desechable o demasiado barato como para mandarlo a arreglar'.
Uno de los elementos que más reparó fue el Betamax.

El Betamax 'devoró' el mercado en 1975 y desapareció definitivamente años después, cuando sus fabricantes aceptaron que el VHS, había vencido.
Cuando apareció en Colombia en 1980, el Betamax costaba 170.000 pesos y cuando desapareció del mercado, podía conseguirse en 50.000.

'Reparar un Betamax o un televisor Hitachi de perilla podía costar hasta 50.000 a principio de los noventa, pero la tecnología LSD, por ejemplo, no se puede reparar y de cualquier manera, con los precios de los electrodomésticos, la gente prefiere comprar uno nuevo antes que mandarlo a reparar', señala Herrera.
Para los coleccionistas, en la página Web Vendo para coleccionistas, un Betamax Sony cuesta 170.000 pesos.
Sin embargo, el Betamax nunca se comercializó tanto como el VHS, que según la Asociación de la Industria Electrónica de Colombia, en 1985 se vendieron 10.000 VHS contra 2.000 Betamax.

Si de algo sirve de consuelo a quienes siempre prefirieron la calidad de video del Beta por encima del VHS, este último también fue reemplazado en 1996 por el DVD y en el 2004 se dejaron de vender definitivamente.

Adiós al rollo

También en el 2004 hubo otra desaparición importante. Las cámaras de fotografía análogas, de esas a las que había que ponerles el rollo y mandarlo a revelar, fueron sacadas del mercado.

'El 2004 fue el ‘porrazo’ total. Ese año definitivamente cayó casi al 100% la revelada de un rollo comercial. Apenas vienen algunas personas a buscar fotos para las hojas de vida, el pasaporte, el colegio y a pasar a papel y ampliar una que otra foto digital en estudios como Foto Japón y Serrano'.
Pero para Julio Enrique Cavanzo, fue el fin de 60 años de trabajo en la fotografía.

A los 8 años tomé mi primera foto con una Bont Alpha, que utilizaba un negativo de 6x9.
Nació en Chiquinquirá, Cundinamarca y no pasó mucho tiempo para que emigrara por el país, tomando fotos en los parques o la salida de las fiestas y los clubes de la sociedad bumanguesa.

'Estudié en Bogotá y fui de los primeros, junto con Luis Forero, en revelar a color. Sin embargo, mi especialidad es el blanco y negro'.
Y por supuesto, el revelado. En el laboratorio de revelado fotográfico se han creado escenas tan sensuales como la de la última película de Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona.

La luz debía estar apagada mientras el rollo, una vez extraído de la cámara fotográfica, era revelado en una sala con olor a químicos líquidos en bandejas de plástico, pegadas unas a otras en una mesa como de laboratorio científico.
Sólo una pequeña luz roja, especial por supuesto, podía estar encendida y en el papel blanco fotográfico aparecían las imágenes más bellas –o las más terribles, dependiendo de la capacidad del fotógrafo-.

Finalmente se podía encender la luz y ahí estaba el resultado.
La fotografía comercial, por supuesto, era otra cosa. Existían los miniloops, en los cuales sólo era necesario introducir el rollo y las fotos aparecían reveladas en papel.

En las calles se veían fotógrafos dispuestos a tomarle un flash instantáneo con la foto en mitad de un ajetreado día de trabajo.
En la década del 70, Pedro Rivero abrió el primer estudio fotográfico para revelar los rollos de fotos familiares, fiestas y compromisos sociales.
En 1985 aparecieron estudios como Foto Japón, con una tecnología mayor que les permitía ofrecer promociones de revelado del rollo, entrega de álbum fotográfico y otro rollo gratis por 8.000 pesos.

O tomaban en su estudio pequeñito, donde una cámara se asomaba por un hueco y el personaje sonreía: 8 fotos por 5.000.
Y luego… el fin. La cámara digital irrumpió de a poco en el mercado y ahora conseguir una de éstas, de buena calidad, donde no es necesario esperar a revelar, donde ni siquiera se gasta en papel, es fácil y barato.

Y no hay que esperar a que llegue la visita para ver el álbum de la familia: en Facebook las ve todo el que quiera a la hora que quiera.
Para Jaime Serrano, sin embargo, el desplazamiento de la que fotografía tradicional por la digital, antes que ser un peligro, es una oportunidad para el aficionado.

La reliquia

Manuel Suárez es una reliquia. Es de los pocos que se atreve a ubicarse todos los días en el centro de la ciudad con un caballito de juguete ofreciendo una linda foto de charro mexicano a los padres de los niños que caminan por el sector.

En 1976 Manuel ganaba muy buen dinero tomando fotos. Hoy gana la décima parte. Lo de una foto diaria. Pero se mantiene, confiado en que algunas personas sienten debilidad por el pasado.

 Poetas como Nicolás Reyes de la revista Cinismo Cinismos de Bucaramanga, entregan sus trabajos escritos a máquina de escribir: una reliquia de sus abuelos. 
Pero es sólo una ilusión. La máquina de escribir, que formó generaciones de secretarias, mecanógrafas y que solicitaba cientos de rollos de plastilina limpiatipos de color azul, también está contado sus últimos días de gloria.

Su desaparición se anuncia desde 1985, cuando inventaron el computador con fines domésticos.
Daniel Macías tenía en su almacén de máquinas de escribir más de 2.000 máquinas manuales y un par de máquinas eléctricas.
Una de estas, una Smith Corona, podía costar 200.000 pesos.

'La máquina de escribir otorgaba a los documentos una dignidad que han perdido. Hechos golpe a golpe, como labrados en la hoja, los tipos poseían volumen y personalidad', señala Claudia Alvarado.

Y las mecanógrafas se 'machacaban' los dedos mientras aprendían, juiciosas, en el bachillerato.
'Hace 10 años, uno podía vender perfectamente 150 máquinas portátiles en la época de iniciar el calendario escolar', explica Luis Humberto Villamizar, quien repara máquinas de escribir.

 'Ahora incluso llega gente que le pregunta a uno si compra máquinas de escribir porque quieren deshacerse de ellas. He llegado a pagar ínfimos 5.000 pesos por una', afirma Daniel Macías.

Cuando la máquina de escribir electrónica empezó a decaer, a finales del 2000, de ella quedaron, sin embargo, los disquetes.
 Cuando salieron en su momento, los disquetes eran un sistema de almacenamiento importante. Aunque ahora 1,44 MB sea una capacidad muy limitada, en su momento fue toda una revolución.

Pero poco a poco se han ido quedando obsoletos, sustituidos primero por los CDS, poco después por los DVDS y ahora por las Memorias USB.
Así, las máquinas de escribir, los rollos fotográficos y el oficio del revelado, al igual que reparar electrodomésticos y tomar fotografías en la calle, están al borde de la extinción.

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