martes 09 de agosto de 2016 - 12:01 AM

Peleamos mucho, ¿Qué hacemos?

Las discusiones permiten intercambiar ideas, conocer puntos de vista diferentes y recordar que los demás no giran a nuestro alrededor sino que tienen vida, sentimientos, gustos y opiniones diferentes. Eso sí, tenga cuidado de no lastimar o insultar, eso daña la relación.
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Con frecuencia se escuchan frases como: “Sé que amo a mi esposo (a), pero peleamos tanto que ya comienzo a dudar que sea amor lo que sentimos”. Ellos como muchos otros, han experimentado en algún momento de su relación de noviazgo o matrimonio estar en desacuerdo con su pareja y terminar discutiendo por ‘diferencias irreconciliables’.

La psicóloga Diana López afirma que “todos tenemos derecho a ser diferentes y a no estar siempre de acuerdo, de hecho, eso es lo que nos da variedad y equilibrio en cualquier relación. Aunque no se crea, los puntos divergentes dan la oportunidad a la pareja a seguir atrayéndose, igual como sucede con los imanes. El problema viene cuando no sabemos cómo discutir y ofendemos, lastimamos e insultamos al grado de dañar la relación”, puntualiza la experta.

Las peleas en la pareja yo las veo como una fase de maduración y adaptación, lo difícil aquí es que cuando lo miembros de la pareja no están lo suficientemente conscientes del amor que sienten por sí mismos y de lo importante que es la autoestima y además de ello ya han acumulado mucho dolor y resentimientos en sus corazones , entonces no pueden ver ni actuar en pro del crecimiento juntos sino que empieza la lucha por quién tiene más poder o no. Se estancan en esta fase y no pueden salir de ella y pasar al siguiente nivel.

No es malo discutir y defender nuestro punto de vista de las diferentes situaciones, cosas o de la vida misma, el problema llega cuando no sabemos cuándo parar y las consecuencias son negativas para ambos.

Cuando las peleas se vuelven el día a día en la vida de la pareja, es reflejo de que hay algo en la relación que no está funcionando bien. Cuando peleamos y discutimos por cada acto o palabra de nuestra pareja, nos colocamos en un estado vulnerable a los sentimientos negativos y podemos llegar a sentir depresión, frustración, baja autoestima, tristeza y decepción.

¿Cuándo las peleas se convierten en un dolor de cabeza?

Las peleas en una pareja no deberían ser comunes. Se puede disentir sin llegar al conflicto, argumentando desde el respeto, sin levantar la voz ni tratar de imponer al otro nuestro punto de vista. Es mucho más sano preservar la armonía, aún en la disidencia, que intentar ganar una batalla en la que alguien saldrá herido.

¿Cuándo son preocupantes en la relación?

Cuando desgastan, cuando son cotidianas, cuando no existe registro del otro o cuando se intenta cambiar a la persona que elegimos para compartir la vida. Es lógico que dos personas no estén de acuerdo en algunos temas. Pero cuando el desacuerdo es una forma de vida, algo no está bien en esa relación.

¿Qué temas son los más frecuentes?

Depende de la edad, de la pareja en particular, del país… Muchas parejas discuten por celos, otras por dinero o por la falta de colaboración de una de las partes en el proyecto común. Como se dice habitualmente, “cada pareja es un mundo”.

Grados de peleas y algunos motivos

1 Escuche: Permita que su pareja hable todo lo que sea necesario y dígale: “lo que quiere decir es esto” y verifiquen que el mensaje está llegando con claridad. Cuando usted hable, use frases cortas y claras y verifiquen que comprenden de lo que están hablando.

2 Respire y hable con calma: Mientras su pareja se expresa respire profundo, no la interrumpa, tranquilícese y pida su turno para hablar y ser escuchado. Cuando le toque intervenir, hable con calma y baje el tono de su voz, su tranquilidad se comenzará a compartir.

3 Tome nota: En un papel anote las ideas que le gustaría aclarar, las cosas que no comprende, en qué no está de acuerdo y comience a dar respuesta o explicación en su mente antes de decirlas en voz alta. Escribir nos obliga a pensar antes de hablar y decir algo que pueda lastimar o empeorar la situación.

4 Reflexione sus ideas antes de compartirlas: No abra la boca de manera intempestiva, piénselo un poco y respóndase: ¿lo que voy a decir va a lastimar a mi pareja? ¿Es necesario que lo diga? ¿Voy a afectar a alguien más con lo que diga?

5 Use un lenguaje claro: Hable con calma usando palabras claras, no dé explicaciones extensas ni busque impresionar o quedar bien o ganar una batalla que lo llevará a perder la guerra.

6 No suba el volumen de su voz: Quien grita es el que carece de argumentos. Gritar es buscar imponernos, pretender aplastar o intimidar al otro. Concéntrese en escuchar a la otra parte e inclusive ponerse en su lugar para comprender su punto de vista y llegar a acuerdos que beneficien a todos. Ofrecer una disculpa o aceptar el error permite que la otra parte se relaje y se ponga en disposición de hablar y llegar a acuerdos.

7 Ofrezca disculpas: Las palabras amables, la sencillez de corazón y la humildad sincera, derriban al mejor combatiente. Ofrecer una disculpa o aceptar el error permite que la otra parte se relaje y se ponga en disposición de hablar y llegar a acuerdos.

8 No adelante conjeturas: A veces peleamos porque pensamos que la otra persona tiene segundas o terceras intenciones y ¿sabe? eso por lo regular no es cierto, pero nuestra mente crea problemas donde no los hay y forma tormentas tan dramáticas que a la menor provocación reaccionamos de manera catastrófica. No suponga ni dé por hecho cosas que no son.

9 Busquen opciones diferentes: Si lo que su pareja propone no es lo que usted desea y sus opciones tampoco son viables ¡busquen una tercera o cuarta opción! Dejen las cosas ahí, salgan a caminar, distraigan la atención, y permitan que la mente creativa haga su parte.

10 Perdone rápido: Es algo curioso, pero los hombres son más sencillos y menos rencorosos que las mujeres, olvidan más rápido y no se hacen grandes dramas en la mente. Terminan con algo, se van a hacer otra cosa y se olvidan del hecho. Las mujeres tardan más en procesar las faltas, le dan vueltas al asunto mínimo cincuenta veces y revisan las cosas desde veinticinco puntos de vista diferentes.

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