miércoles 03 de abril de 2019 - 12:00 AM

¿Por qué le cuesta ser amable?

Puede que no lo note, pero si con frecuencia se siente aludido por todo lo que pasa a su alrededor y la molestia es tanta que no es capaz siquiera de saludar a quienes conviven o trabajan con usted, tal vez es un buen momento para bajar los guantes.
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zaira, una emprendedora de 35 años, solía ser conocida como una mujer amable y tranquila, sin embargo, cuando empezó con su propio negoció encontró algunas personas en el camino que le hicieron perder su afecto a la humanidad.

“Sufrí varios desengaños. Y no por parte de mis empleados, por el contrario: sufrí competencia desleal y algunos contratistas quisieron aprovecharse de mi falta de experiencia. Eso me hizo ser una mujer más distante con las personas”, explica Zaira.

Sin embargo, no toda la culpa de su cambio de actitud la tuvieron sus desengaños.

“Estaba siempre muy ocupada, pendiente de cómo iba mi negocio en las redes sociales y esto, sumado a los desengaños que había sufrido, me convirtieron en un verdadero ogro”, cuenta Zaira.

En medio de la entrevista se ríe un poco, pero luego aclara que esto no tiene nada de gracioso: “empecé a sufrir de un dolor de espalda terrible. De verdad, llegó el momento en que casi no podía ni moverme. Entonces tuve que parar y replantear mi vida y mi trabajo”, concluye Zaira.

Confiesa que ahora hace yoga, adoptó a una mascota que ha enternecido su corazón (se llama Candy y la rescató de la calle) y pasa mucho menos tiempo en las redes sociales.

La coach Camila Díaz explica que si bien las redes sociales pueden mostrarnos grandes actos de bondad, también son capaces de desconectarnos del mundo real.

“Podemos pasar todo el día viendo videos de cosas hermosas que cada día los seres humanos hacen por otras personas, animales y por el planeta, pero, precisamente, pasar y pasar “posts” hace que esto se convierta en una rutina distante que llega a tener muy poco que ver con nuestra vida real”, explica Díaz.

Es momento de revisarse: ¿pasa sin saludar al vigilante de su edificio, a sus compañeros de trabajo, no presta atención a sus padres ni a sus hijos y pasa más de tres horas al día en las redes sociales? Es posible que tenga sus guantes muy altos y es momento de que los baje un poco.

¿Y por qué tendría que hacerlo?

La ciencia le ofrece unos cuantos beneficios importantes acerca de la bondad, que lo harán reconsiderar la forma como está tratando a los demás.

Llegó el momento de que se pregunte a sí mismo: ¿qué le cuesta ser amable?

La psicóloga Evelia Prieto explica cuáles pueden ser algunas de las razones por las cuales dejamos de ser amables y qué significa para su vida:

*Desconfianza: con frecuencia dejamos de ser amables porque la vida y las noticias nos hacen desconfiar de la humanidad. Pero si bien es cierto que una sana prevención puede evitarnos males mayores, también lo es que no puede vivir con un temor constante de que todo el mundo lo lastime.

*Desconexión: estar pendientes del celular nos traslada a un mundo donde somos más amables en el mundo virtual que en el real y llegamos a ser groseros con las personas que sí están físicamente a nuestro alrededor. Pase menos tiempo en las redes y descubra cuánto bien puede hacer un saludo o un agradecimiento.

*Prejuicios sociales: el elitismo, el racismo, la homofobia y la falta de consideración por quienes son diferentes, puede convertirlo en una persona poco agradable. Revise esta actitud. Nadie es superior a otro ser humano y, a decir verdad, tampoco a otros seres vivientes. Esta actitud arrogante solo hará que pierda la oportunidad de conocer personas buenas y, por supuesto, amables.

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