miércoles 09 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Salga de la... ¡negación!

Es comprensible que, con la difícil situación actual, usted quiera escapar de vez en cuando de la dura realidad, pero ya negar absolutamente todo lo que está sucediendo en su vida puede no solo desconectarlo de los hechos, también ponerlo en riesgo.
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Sí, la negación existe. Aunque parezca mentira, con tanta información a nuestro alrededor existen personas a quienes les encanta cerrar los ojos ante la realidad y, lamentablemente, en ocasiones este puede ser un error demasiado caro en término emocionales y hasta físicos.

Pero, ¿qué significa estar en negación?

“Los humanos experimentamos una gama de emociones poderosas y complejas, como el deseo, la codicia, el orgullo, la venganza , la necesidad de estatus, la vergüenza, la humillación, etc. Estas emociones ejercen una fuerte influencia sobre la capacidad de una persona para interpretar los hechos”, explica el psicólogo Carlos Alonso.

¡Y es verdad!

¿A cuántas personas no hemos conocido cuyo ego les hace creer que todos deben estar a sus pies?

Pues bien, en la mayoría de los casos (según explica el experto) las personas lo que hacen es negar su realidad: se niegan a aceptar que es momento de terminar una relación, de tomar medidas en cuanto a su situación financiera y hasta con capaces de negarse la verdad de las personas a su alrededor.

¿Le ha pasado?

Pues bien, es momento de abrir los ojos a los hechos, que si bien pueden ser subjetivos, también tienen su lado objetivo desde el cual juzgarlos como reales o no, y tomar cartas en el asunto: entre mejor afronte su situación, más aprendizajes tendrá y mejor será el proceso de salir adelante con su vida.

¿Cómo funciona la negación?
La negación, básicamente, consiste en cerrar los ojos a la realidad, pero ningún proceso psicológico es tan simple como esto. El psicólogo Carlos Alonso explica en qué consiste la negación: “nuestro progreso general como sociedad se basa en nuestro aprendizaje sobre cómo controlar estas emociones y tomar decisiones basadas en hechos. Sin embargo, la toma de decisiones basada en hechos no ha progresado tanto en nuestra sociedad como se merece, porque muchas decisiones están mediadas por esas emociones. Si le agregamos otras dinámicas psicológicas como la ideología (que sustituye la creencia por hechos), la inercia (el cambio requiere una energía significativa), el impulso (el deseo de evitar obstáculos fuera de nuestro camino), la impulsividad (¡quererlo todo en el mismo instante!) y la terquedad, entonces tenderemos fácilmente a negar ciertas situaciones de la vida”.
Aquí hay un ejemplo común de negación: cómo gastamos dinero. El deseo, la codicia y la necesidad de estatus pueden anular fácilmente las consideraciones racionales... ¡y los saldos en rojo que muestra nuestra cuenta bancaria!
“Por ejemplo, un amigo importante le invita a una fiesta de cumpleaños en un restaurante caro. Sabe que ir le costará al menos 100 mil pesos. Sabes que tendrá que usar la tarjeta de crédito porque no tiene presupuesto para esto. Y lo peor, sabe que realmente no puede pagar ese dinero adicional ni siquiera el próximo mes. ¿Qué hace? Lo más probable es que vaya y gaste los 100 mil pesos. Y lo justifica con negación más un poco de engaño. Sí, los hechos sobre cómo afectará su estado financiero son ciertos, pero decir no a la fiesta significaría enfrentar un fuerte deseo, orgullo por la capacidad de gastar, sus hábitos ya impulsivos y su estatus social como persona vista públicamente. En resumen, significaría admitir todo un conjunto de limitaciones de hecho con respecto a su vida. La realidad se siente restrictiva, por lo que la negación gobierna”, explica Alonso.
Y ese mismo razonamiento puede agregarlo a la cartera que vio y le encantó, a la copas de más después del trabajo y a un montón de cosas más.
“El mismo proceso de razonamiento se aplica a miles de tipos diferentes de decisiones, ya sea si decide pedir papas fritas u otra bebida, comprar un carro nuevo, ir a una cita con alguien que está casado o ignorar el hecho de que su pareja está bebiendo demasiado. Negar esos hechos le impide enfrentar este tipo de situaciones que, finalmente, siempre terminan estallando”, señala el experto.
La negación no funciona a largo plazo: “la realidad siempre gana. Y cuando lo hace, el siguiente paso en el proceso es la culpa, que transfiere la responsabilidad a alguien u otra cosa. La gente entonces tiende a decir: ¡lo hice por ti! Si no hubieras hecho eso, no habría hecho esto”. Entonces, donde hay negación, siempre hay culpa para aliviar el dolor cuando la realidad sale a relucir”.
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