domingo 26 de octubre de 2008 - 10:00 AM

Ser ama de casa: Un sacrificio poco valorado.


Cuando conocí a quien es mi esposo, tenía un buen empleo, terminé mi carrera como contadora y recibí un ascenso que me representó una remuneración buena.

En ese entonces mi novio me dijo que tranquila, que nos casábamos y seguiría trabajando. Yo le creí, pero después de casados me hizo retirar.

Hoy, luego de 10 años de matrimonio, me siento frustrada porque no he podido volver a ejercer mi profesión.

Soy ama de casa que vive pendiente del esposo y sus dos hijos de 8 y 4 años, quienes demuestran valores sólidos y temor a Dios.

Yo me siento estancada, quisiera actualizarme y volver a trabajar. No se cómo hablarle a mi esposo al respecto. Espero me comente cómo lo puedo hacer. Gracias por su ayuda.

RESPUESTA


Querida mamá: Su sacrificio no ha sido en vano. Ha logrado establecer al lado de su esposo una familia unida, ejemplar, que mantiene una fe viva y se rige por valores sólidos e integrales.

La frustración que alberga su corazón al haber suspendido el ejercicio de la profesión ha de ser transformada por alegría y felicidad, al ver reflejada su obra en el desarrollo integral de sus amados hijos.

Busque un espacio sereno, agradable, fuera de casa para conversar con su esposo, haciéndole ver lo que piensa y siente hacia el futuro.

Valore inicialmente todo lo positivo desde que se casaron y luego proponga la reanudación de sus estudios actualizándose y luego trabajando, de ser posible en su casa.

Comprométale con ternura y delicadeza a propiciar esta oportunidad que no quiere desperdiciar ¡Manos a la obra! Usted lo merece.

REFLEXIÓN

Benditas sean todas las 'amas de casa' que con autoridad, orden, dedicación, amor y disciplina, imparten valores humanos y sobrenaturales a los seres especiales que Dios colocó en su camino existencial.

Son maestras de vida dotadas de inteligencia y sabiduría que han sacrificado muchos de sus anhelos por darse integralmente a su cónyuge e hijos.

Su vida gira alrededor de la familia, cimentando cada instante, desde lo más simple hasta lo más complicado, un tejido de afecto que muchas veces se ve opacado por la indiferencia y maltrato de los seres a los cuales sirve y ama.

¡Despierte! Exija respeto a su dignidad como persona. No vacile y láncese a expresar con sinceridad y prudencia lo que piensa y siente.

Siempre ha sido fuente de virtudes humanas, de paz, comprensión, respeto y amor, lo cuál le hace merecedora a la distinción como digna administradora del hogar.

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