sábado 15 de febrero de 2020 - 12:00 AM

“Sí existen las oportunidades, solo hay que buscarlas”: La historia del químico Guillermo Restrepo Rubio

El próximo 30 de marzo, Guillermo Restrepo Rubio, hijo adoptivo de Santander y egresado de la UIS, recibirá la medalla “Gmelin-Beilstein” como reconocimiento a su aporte a la investigación en la historia de la química. De origen humilde, Guillermo muestra que con perseverancia se logran los sueños.
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A los 17 años, Guillermo Restrepo Rubio llegó a la Universidad Industrial de Santander. En su maleta traía no solo sus cuadernos y su ropa, también sus esperanzas y la firme convicción de que estudiar es el camino para salir adelante.

La humildad y el sacrificio de su familia no impidieron que lo apoyaran por completo. Querían que Guillermo conociera un mundo diferente al de sus queridos abuelos, quienes habían luchado por pagar su educación.

“Yo fui criado por la familia de mi mamá, que tiene sus orígenes, hasta donde sabemos, en el Tolima Grande, en Mariquita. Allá mi abuelo y mi abuela se conocieron y eran de familias humildes. Por ejemplo, mi abuelo tuvo problemas con el inicio de lo que se conoce en Colombia como La Violencia. Fueron tiempos difíciles para ellos”, cuenta Guillermo desde Alemania, donde reside actualmente.

Faltan 42 días para que le sea otorgada la medalla Gmelin-Beilstein, de la Sociedad Alemana Química, en reconocimiento a su trabajo en la investigación química.

Será el primer latinoamericano en recibir este reconocimiento, uno de los más importantes de esta ciencia.

El trabajo de Guillermo Restrepo Rubio es fundamental para la humanidad y por eso este premio no solo repercute positivamente en su carrera, también en el progreso de todos: “lo que yo hago se relaciona con la historia de la química, con la filosofía de la química y con la interacción entre la química y las matemáticas y esto tiene un impacto, por ejemplo, en mejorar las condiciones de vida. Uno puede pensar en cómo los cultivos se han hecho más eficientes para poder satisfacer las necesidades de comida y de alimentación de esta población que crece tan rápido en la población humana, la química ha tenido mucho que ver ahí”.

La historia de Guillermo, además de inspiradora, es importante para el futuro de la Humanidad.

El origen de los sueños
Antonio Caballero, como parte de un programa de fomento de lectura del Ministerio de Cultura, cuenta en un libro que el periodo de La Violencia se extiende desde 1946 hasta 1958. En el sur del Tolima, así como en los santanderes, el Viejo Caldas, Boyacá, Casanare y Meta se crearon autodefensas liberales. Fue una época donde se vivía todo el tiempo en estado de alerta.
Don Abel Rubio, el abuelo de Guillermo, trabajó poniendo rieles para que pasaran los trenes en la empresa Ferrocarriles Nacionales, fundada en 1954, pero luego el logró un contrato en lo que hoy es el El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, y lo trasladaron a Bogotá.
“Se fue con toda la familia y allá vivían casi como en unos potreros. No había mucha electricidad. Mi abuela, María Lucy Quesada, salía a lavar ropa, vendía a veces comida”, cuenta Guillermo. Además, el abuelo trabajaba en construcción y carpintería. En medio de esa lucha, nació Guillermo Restrepo Rubio, en 1976, en Bogotá.
Ese año vino el Rey Juan Carlos y la reina Sofía de España a la ciudad mientras maestros y estudiantes salían a marchar por el futuro de la educación.
Esa educación que, años más tarde, daría un giro a la vida de Guillermo Restrepo.
“Luego, a mi abuelo lo trasladaron a Neiva y ahí fue cuando yo empecé a estudiar. Vivíamos en el sur de Neiva, en un barrio que se llama Lomalinda. Y aunque éramos muy humildes, todos apoyaban mucho el estudio”, dice Guillermo.
Sin embargo, el amor no siempre sucede a primera vista, como nos gustaría pensar.
“Tuve un profesor en el colegio, Marlon Vladimir Téllez. Era un apasionado, y todavía lo es, por la química. Me mostró que ese “coco” que muchos tienen en la química tenía cierta estructura y se podía entender y a mí me pareció interesante. Pero al presentarme a las universidades no tenía como prioridad la química. Me dejaba llevar, como muchos jóvenes, de la tendencia que en ese entonces era estudiar ingeniería, o debía ser abogado o médico”, cuenta Guillermo.
Se presentó a varias universidades para estudiar medicina o ingeniería química, pero no pasó porque sus pruebas de Estado no mostraban los mejores resultados: no tenía el puntaje necesario para ingresar a esas carreras.
“Entonces, finalmente, me presenté a la UIS a la carrera de química. Y como no se presenta tanta gente, creo que esa fue una de las razones por las cuales me permitieron ingresar y allá empecé”, cuenta Guillermo con acento santandereano, fruto de un hijo adoptivo de Santander.
Y aquí volvemos al principio: vemos a Guillermo con su maleta recién llegado a Bucaramanga, en 1993. Y es entonces cuando este científico va formando su destino.
tODO SOBRE LA QUÍMICA
Los amores por las personas, por los talentos, hasta por la ciencia, no siempre se dan como un cuento de hadas en donde el flechazo es instantáneo y en seguida se sabe cuál será el camino.
En la vida real los tropiezos, las dudas y los descubrimientos, llegan cuando avanzamos por un camino, a veces, muy diferente al que luego transitaremos.
Algo así le pasó a Guillermo Restrepo Rubio al comenzar su carrera de química: “al principio me fue muy mal porque no estaba lo suficientemente preparado. Me hacía falta mucha formación matemática. Con el tiempo fui recuperándome y hasta le tomé pasión a las matemáticas: me fui enamorando más de la química”.
Sin embargo, Guillermo ingresó a la UIS con la idea de cambiarse a la carrera de ingeniería química si le iba bien: “y como me fue muy mal en los primeros semestres, me empezó a gustar lo que estaba estudiando y le encontré el gusto a otras materias afines a la química en la Universidad”.
El profesor Jairo Martínez, de la escuela de química, invitó al profesor cubano Luis Montero para que impartiera un curso de química cuántica y de cálculos computacionales para la química a finales del milenio. En ese entonces, en la Universidad no había un grupo de química teórica, pero cuando Montero habló de esto, el flechazo, por fin, se produjo.
“Desde siempre tuve una inclinación hacia la teoría y ese profesor me mostró que ahí había mucho qué hacer”.
Luego de terminar su maestría y de trabajar en la Universidad de Pamplona, Guillermo buscó la oportunidad de estudiar en Alemania, una cultura que le interesó en la universidad: “tuve un profesor, Orlando Aya Ramírez, de fisicoquímica en la UIS. Él era para mí como un espejo y siempre me decía que en Alemania hacían buena investigación. Por él yo empecé a leer y a buscar oportunidades para hacer mis estudios allá. Hice mi doctorado en Bavaria, en el sur de Alemania. Y ahora estoy en desde el 2014 en Sajonia”, dice Guillermo.
Le gusta la tranquilidad del país y la posibilidad que su trabajo en la Sociedad Max Planck, como investigador, le permite compartir con sus tres hijos y su esposa, ir al trabajo en bicicleta y hacer lo que más le gusta. Y cuando uno tiene la oportunidad de hacer lo que le gusta, obtiene los frutos más dulces: Guillermo Restrepo Rubio recibirá la Medalla “Gmelin-Beilstein”, de la Sociedad Alemana Química.
“Esa medalla se le entrega a personas que han trabajado en manejo de la información química y eso significa recopilar información química de reacciones, de propiedades de las sustancias de muchos tipos de fuentes de información química o personas que hayan trabajado con ese tipo de información o que desarrollen nuevas tecnologías para adquirir información química”, explica Guillermo.
Parece un sueño, a veces, es de suponer. Pero dicen por ahí que los sueños se cumplen, cuando se trabajan: “he sido beneficiario de muchos programas de becas. En la UIS tuve descuentos en la matrícula por rendimiento académico, gané una beca de Colciencias para doctorado y tuve apoyo de instituciones alemanas para la investigación. Ahora soy financiado por la Sociedad Max Planck y he logrado movilizar estudiantes haciendo uso de esos recursos. O sea, sí se puede”, dice Guillermo.
Sí, se puede. Pero, ¿cómo?
“No hay más limitaciones que las que uno mismo se impone mentalmente. Hay programas en Colombia y el exterior para que las personas que quieran puedan acceder”, dice Guillermo.
Y él es un ejemplo de que es posible ir hasta mucho más allá, hasta ese punto en el mapa donde alguien sabe que su trabajo es un aporte para mejorar al mundo.
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