domingo 02 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Sus mentiras me han decepcionado

Que decepción siento al haber entregado dos años de mi vida a un hombre en el cuál confiaba, pero que con el paso del tiempo fui comprobando que era un vulgar mentiroso.

Mis padres lo han querido como si fuera otro hijo incluso, pensaban que yo terminaría casada con él. Sería inaudito hacerlo cuando realmente no confío en lo que dice, mucho menos en lo que promete porque nunca cumple.
 
Lo que llenó la copa fue saber que durante mucho tiempo me aseguró que los fines de semana andaba con los amigos, cuando en realidad la pasaba con una muchacha. Yo cumplí la semana pasada 22 años y él tiene 35 años. Ya le dije que no valía la pena continuar una relación donde las mentiras son pan de cada día. Él dice que me ama y en muchas ocasiones lo he perdonado. Me cansé. ¿Qué piensa usted?

RESPUESTA

Distinguida Señorita:
Su posición es la justa respuesta de un comportamiento inadecuado, que deja una estela de tristeza, desconfianza e inseguridad. Su decisión demuestra dignidad y ante todo, madurez ante una situación que no se puede repetir.

Su enamorado debe aprender la lección y retomar el camino teniendo claro que la mentira destruye el sentimiento más puro y bello de una mujer. Crea en usted, manteniendo la fe y esperanza vivas por un futuro mejor. ¡Manos a la obra!

REFLEXIÓN

Acostúmbrese a decir siempre la verdad porque una mentira tarde o temprano se descubrirá.
Podrá engañar a uno y otro pero jamás lo hará consigo mismo, y mucho menos con quien en ese mismo instante mira desde lo alto su injusto proceder.

La mentira es arma de cobardes, de quienes engañan y transmiten desconfianza e inseguridad. Su conducta traerá graves consecuencias, sin embargo, como todo ser humano que vive inmerso en un mundo de transformación y crecimiento ¡podrá enmendar! Tendrá derecho a rectificar.

Tome conciencia sobre la responsabilidad que debe asumir en el manejo de su vida desechando la mentira, y albergando en su corazón la rectitud de un ser que sabe hacia dónde se dirige.

Evite la crítica, ironía, murmuración o esa baja y ruin difamación que yace inmersa en quien habla sin pensar y que revela sin mayor esfuerzo una existencia mediocre colmada de rechazo, desamor e infelicidad.
Haga lo que debe y no se arrepentirá. 

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