martes 15 de mayo de 2012 - 12:00 AM

¡Tenga siempre una respuesta inteligente!

La inteligencia emocional puede ser difícil de practicar, pero no imposible. Para muchos puede ser complicado controlar el mal humor que provoca una pregunta fuera de lugar, pero saber responder puede terminar con el suplicio de una interminable confrontación.

-Hola linda, ¿cómo estás? ¿Ya superaste lo del divorcio?
La tía lejana hace esta pregunta que dejaría a cualquier mujer estupefacta, en medio de una reunión familiar.
-Ole, mijito, ¿ya se libró de esa vieja que le sacaba la plata?
En cualquier evento, incluida o no la familia, responder esta incisiva cuestión haría pasar mil colores a un hombre.
Y ni hablar del trabajo, cuando ese compañero un poco malicioso pregunta apenas llegamos y en frente de todos.
-Oye, y esas ojeras, ¿estás mal?
O algo como: ¿Ese pantalón no te lo habías puesto ayer?
Ante tales comentarios puestos sobre la mesa a manera de preguntas bastante comprometedoras, una persona a veces se queda de piedra. En el peor de los casos, incluso puede llegar a sentirse ofendida y reaccionar de la peor manera.
“Cuando mi hermana llegaba en todas las ocasiones a preguntarme si ya me había pesado o si había comido dulce determinado día, en medio de una reunión familiar, me daba una ira terrible. Pero no le decía nada. Un día me encontró de verdad disgustada y me trancé con ella en una pelea terrible… mi mamá terminó regañándome porque decía que mi hermana sólo estaba preocupaba por mí”.
Lo que la mamá de Susana no podía ver es que las preguntas de la hermana eran inapropiadas en ese momento y mellaban la autoestima de su hija. Lo peor del caso, es que la reacción de Susana no la ayudó para nada, pues la discusión no se centró en lo que la hacía sentir mal acerca de las preguntas de su hermana, sino en recitar una lista de sus defectos. ¡Y en medio de los parientes!
Tener una respuesta acertada no es fácil. Esas pregunta ofensivas nos sacan de quicio. La clave consiste en tener siempre una respuesta inteligente que nos saque del apuro de manera elegante.
En la familia, las buenas relaciones son fundamentales y pelearse con la abuelita no es lo mejor, aunque sus preguntas hagan pasar colores a más de uno. Una respuesta inteligente arregla la situación diplomáticamente.
En el trabajo, si estás preguntas fuera de lugar son frecuentes, se puede estar incluso ante  un caso de ‘mobbing’ o acoso laboral entre compañeros o superiores.
Pero planear una elaborada venganza o estar dispuesto a responder el ataque no es lo mejor. Una respuesta bien pensada y comentar la situación ante el jefe, puede ayudarle a salir bien librado de estas situaciones.

¿CÓMO SABER SI HAY ACOSO?
La psicóloga Mariana Alves Guerra señala que hay unas preguntas que debemos hacernos antes de considerar si las preguntas indiscretas en el trabajo son realmente parte de un acoso laboral:  
“Ante la hostilidad en nuestro trabajo tenemos que ver primero cuál el nivel del mismo:
-¿Son comentarios esporádicos?
-¿Es algo que está intencionado para molestarnos sólo un poco?
-¿O estamos hablando de situaciones más complejas como el acoso laboral? Donde realmente hay un ataque constante hacia la persona y suele resultar muy doloroso.
En el primer caso, el más light por así denominarlo, tendremos que ponernos a pensar en nuestro nivel del confianza, ¿por qué lo que me dice la otra persona me duele? Supongamos que no es cierto, solamente lo está haciendo para molestarnos, ¿por qué me tengo que sentir culpable si no hice nada? ¿Importa lo que los demás piensen de mi cuando yo sé con certeza que están equivocados? ¿Tengo que caerle bien a todo el mundo? Por supuesto que no, la aceptación ajena se convierte en una trampa en estos casos. Sin importar qué tan maravillosos seamos, siempre existirán situaciones donde se pongan en cuestionamiento nuestras habilidades o en donde alguien no esté de acuerdo con nuestro modo de trabajar, sólo porque ellos lo harían de otra manera. En el segundo caso, en el de acoso laboral, las situaciones se pueden ir de las manos y muchas veces será necesario involucrar a superiores o incluso tomar acciones legales contra le empresa”.

Preguntas y respuestas

Mariana Alvez Guerra
Psicóloga
psicologiapositivauruguay.wordpress.com
marianaalvezg@gmail.com
* ¿Cómo salir bien librado en el ambiente familiar cuando uno de ellos nos acosa con preguntas indiscretas?
“La privacidad es muy importante para las personas. Si bien existen familias más controladoras, es importante que el individuo pueda permanecer como tal. Tiene derecho a decidir qué contar y qué no. Aquí tendremos distintas opciones:
1. Podemos evadir la pregunta como si no la hubiéramos escuchado, o en el caso de que nos insistan de nuevo, con una sonrisa y una calma inmutable, decirle a nuestro familiar amablemente que hay cosas que yo prefiero guardarlas para mí, sino le importa.
2. No hay que ceder ante la insistencia, ante la presión ajena.
3. Tampoco podemos caer en el error de compartir absolutamente cada detalle de nuestra intimidad, ya que ahí quedaremos demasiado expuestos ante los prejuicios de los otros y eso inevitablemente va a llevar a situaciones familiares incómodas y quizás hasta de resentimiento”.
*¿Cuál es la clave para tener una respuesta inteligente y evitar que nos ganen las emociones si nos sentimos atacados?
“Ante una situación de ataque lo primero que tenemos que hacer es brindarnos unos segundos antes de responder, porque si abrimos la boca estando enojados o demasiado tristes, seguramente vamos a movernos por el impulso del momento y el resultado será desastroso. El pensamiento de “estamos siendo atacados” tiene que ser modificado, ¿qué es lo que quiere decirme la otra persona? Quizás tenga sentido pero me lo está expresando de una manera poco agraciada. Respiremos hondo, concentrémonos en nuestra respiración, contemos nuestros respiros. Gracias a tener un momento de reflexión, podemos ser más concientes de nuestros sentimientos. Este proceso que parece largo solamente dura unos segundos y luego pasamos a la respuesta, donde describiremos de la manera más objetiva posible lo que nos molestó o entristeció. Es importante ser preciso en cuanto a la situación, no salirse por las ramas en el discurso, quedarse en el aquí y ahora del conflicto (no traer a colación comentarios o discusiones anteriores). Debemos expresar qué es lo que ese comentario nos hizo sentir, no acusemos al interlocutor, simplemente identifiquemos qué es lo que sentimos en ese momento”

Mª José Miguel Quilis
Psicólogo  Apai Psicólogo
Tradicionalmente el concepto de inteligencia venía ligado al saber intelectual y a los resultados académicos. Sin embargo, en las últimas décadas la psicología viene observando cómo las personas que tienen más éxito personal y profesional a lo largo de sus vidas no son precisamente las que tiene mejores resultados académicos, sino aquellas que poseen una mayor inteligencia emocional.
La inteligencia emocional nos ayuda a reconocer y gestionar nuestras propias emociones, así como a detectar y saber dar hábil respuesta a las emociones ocultas tras las conductas de las demás personas. En el ámbito personal, la persona emocionalmente inteligente sabe gestionar su propia motivación, reconoce sus emociones de duda, miedo e inseguridad y las acepta como legítimas, sabe buscar ayuda para sus problemas y reconoce con espíritu tranquilo y constructivo sus limitaciones a la vez que se siente alegremente motivado para superarlas. Tiene, por lo tanto, una buena autoestima, fruto de un reconocimiento y aceptación sosegadas de sus virtudes y sus defectos.
Este conocimiento personal también se traduce en sus relaciones interpersonales. Saber reconocer cuando los demás demuestran una intencionalidad positiva o negativa hacia nosotros resulta muy importante para poder responder adecuadamente a lo que nos dicen. Tener una buena autoestima nos permite hacerlo desde la eficacia y la calma.
En el caso concreto de las relaciones de abuso, suelen abundar los ataques verbales, las preguntas denigrantes o las críticas encubiertas, cuya función es colocarnos en una situación incómoda que nos haga ponernos en evidencia. Si tenemos una baja autoestima, es fácil que caigamos en una postura o bien defensiva o bien sumisa, habiendo secundado las intenciones de nuestro agresor.
Para resolver estas situaciones resulta muy útil conocer una habilidad social llamada asertividad, que nos permite responder de manera eficiente en estos casos”.

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