lunes 29 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Triste despedida

En días pasados falleció uno de mis mejores amigos. Un joven profesional de 25 años que iniciaba su etapa laboral y que, por circunstancias de la vida, debió afrontar un accidente de trabajo que le costó la vida.

Era de aquellas personas que ganaba con facilidad muchos amigos por su especial forma de ser.

Logró vincularse a una gran empresa con muchas expectativas. Sin embargo, a los pocos meses, una inesperada explosión produjo este desenlace fatal.
Quiero rendirle un sentido homenaje a mi compañero de universidad, al  amigo sincero y  leal que vivirá eternamente en nuestros corazones. Hoy está gozando de la vida eterna. 'Carlos Meléndez, estamos eternamente agradecidos'.

Respuesta


Distinguido joven: Se ha ido un ser especial que dejó una huella indeleble al interior del alma de quienes tuvieron el privilegio de conocerle.
Forjó a su corta edad la imagen de un hombre luchador, y emprendedor que logró lo que deseaba. Hoy sus seres queridos afrontan un profundo dolor al saber que no podrán continuar gozando de su presencia, de sus sonrisas, sus sueños e ideales.

Difícil será poder aceptar esta triste realidad pero es un hecho que no tiene solución. Coloquen en las manos de Dios su alma y preserven con amor encendido, el recuerdo de un ser maravilloso que perdurará eternamente al interior de nuestros corazones.  Amigo querido: ¡Descanse en paz!

Reflexión

Con crudeza y sin pensar de manera inesperada en ciertas ocasiones hace su aparición ¡la muerte!, coartando de tajo una vida de sueños, ideales, deseos e ilusiones. Por ello, debemos estar preparados ante una dura realidad que no tiene vuelta de hoja, porque tarde o temprano llegará.

Quienes aún continuamos disfrutando de una existencia plena, hemos de plasmar con nuestras acciones esa huella eterna que ratifique la realización personal a través del servicio generoso a los demás.

Al enfrentar la pérdida de un ser querido hemos de mostrarnos fuertes, valerosos, con fortaleza y templanza, con decisión y emprendimiento para continuar la misión que Dios ha colocado en nuestro camino.

Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos: ¿Qué le da sentido a mi vida? ¿Qué me impulsa mantener esa fuerza interior para continuar aunque haya fenecido un ser a quien tanto se amó? Es hora de retomar esa lucha existencial siendo un ejemplo digno de ser imitado. Aún subsisten razones para vivir y sembrar al interior del alma de quienes creen en nosotros esa semilla de comprensión, paz y amor que tanto necesitan.  Es ahora o nunca. ¡Manos a la obra!

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