domingo 27 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Un ángel llamado Luis Santiago

Ha pasado un año desde aquel fatídico suceso en que un hermoso niño fue muerto a manos de su propio padre.

Quedó grabada en nuestra mente la frialdad y cinismo con que tal individuo solicitaba a los posibles secuestradores la liberación de su hijo, cuando horas antes, lo había asesinado.

Hoy podría decir que de nada sirvió ese triste acontecimiento porque a pesar de la ejemplar condena que recibió el sujeto y sus cómplices, seguimos observando la macabra cadena de asesinatos y actos de violencia en contra de los niños.

¿Cuántas mamás desnaturalizadas botan a sus hijos recién nacidos a la calle como el caso del bebé que fue encontrado en un cultivo en Palmira Valle y el cuál estaba siendo comido por las hormigas?

¿Cuántos embarazos no deseados precipitan la conducta irracional de una madre que guarda en su vientre un ser bello e inocente que merece vivir, crecer, formarse integralmente, tener éxito y ser feliz? ¿Dónde se hallaba su padre? ¿Qué pensaría del brutal e incomprensible comportamiento de su esposa y madre?
¿Qué piensa de la descomposición moral y familiar que vivimos?

RESPUESTA

Distinguido lector.
Luis Santiago seguirá siendo símbolo de respeto a la vida de los niños. Por esto, debemos rechazar el maltrato infantil denunciando sin compasión alguna todos aquellos padres desnaturalizados e irresponsables que incluyen a los niños en los conflictos de adultos, lastimándoles sin piedad, coartando, limitando o cohibiendo su inocente y delicada existencia.

Seamos abanderados de la recuperación de valores humanos y sobrenaturales en la familia. Acudamos a los eventos programados en las instituciones educativas  formando parte de las escuelas de padres, participando en simposios, cineforos, seminarios, diplomados, especializaciones.

Preparémonos intelectualmente para conocer y defender los derechos de los niños. Tengamos presente que nuestros hijos son los seres más bellos que Dios y la vida nos ha podido conceder.

REFLEXIÓN

Bendito seas hijo mío por haber nacido. Prometo ante Dios darte todo mi amor y facilitarte la vida para que te conviertas en una persona integral, autónoma, responsable, exitosa y plenamente feliz. He ahí las palabras de un padre que defiende sin lugar a dudas, el bienestar de su amado hijo.

El hogar debe ser un lugar luminoso y alegre donde papá, mamá y los hijos puedan compartir en un ambiente de respeto, fe viva, comprensión, intimidad y apertura el desarrollo armónico y equilibrado de sus integrantes.  Así debe ser.

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