lunes 27 de mayo de 2019 - 12:00 AM

“Un paso a la felicidad es perdonar”: Una charla con María Carolina Hoyos Turbay

María Carolina Hoyos Turbay, exviceministra TIC, expresidenta de la Comisión Nacional de Televisión y ahora directora de la Fundación Solidaridad por Colombia, relata cómo logró volver a sonreír después del asesinato de su madre Diana Turbay.
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Ese día, el 25 de enero de 1991, cuando Diana Turbay fue asesinada a manos de Pablo Escobar, después de cinco largos meses de secuestro, María Carolina, su hija de 18 años, llena de tristeza al verla sin vida le prometió que jamás volvería a sonreír.

Después de un largo camino, “Colola”, como la llaman sus amigos cercanos, dice con mucha alegría en el corazón, que por fortuna no cumplió su promesa. Aunque pasó mucho tiempo para tener el valor de romper el juramento logró perdonar y pasar la página.

Considera que el haber sido nieta de un Presidente de Colombia fue una experiencia formadora, pero no tan afortunada. “El costo de ser mejor persona ha sido altísimo”, puntualiza.

La familia siempre ha sido el apoyo fundamental en su vida. El gran ejemplo lo recibió de su abuela Doña Nydia Quintero, quien le dejó un mensaje que le ha servido en todos los aspectos. Al llevarla a vivir al Palacio de Nariño le dijo: “Todo lo que hay aquí es de los colombianos y tenemos que cuidarlo”.

“Mi abuela Nydia ha sido mi confidente y gran apoyo para salir adelante. La vida me puso al lado de la mejor”, destaca en su libro María Carolina Hoyos. Hoy, después de 41 años, Doña Nydia le entregó la dirección de la Fundación Solidaridad por Colombia, para continuar con la ayuda a los más necesitados de nuestro país.

“Desde el fondo del mar” es un libro que relata cómo le incumplió la promesa a la persona que más quería en la vida. Y revela el método que creó e implementó para salir adelante y ser feliz de nuevo.

“María Carolina Hoyos Turbay lo aprendió en carne viva y bañada en lágrimas. Digna hija de su madre, ella convirtió el dolor en una nueva oportunidad para la vida”, relata Juan Gossaín en el prólogo de la publicación.

¿Cómo fue el proceso de haber traducido el dolor en esperanza, específicamente con el tema del perdón?

“Mi vida, como la de miles de personas en este país quienes desafortunadamente hemos sido víctimas de la violencia, ha tenido unos golpes y heridas muy duras. En mi caso el narcotráfico y Pablo Escobar acabaron con mi vida cuando secuestraron a mi mamá. Ese dolor que yo tuve cuando la volví a ver cuando recién acababa de morir, después de cinco meses de secuestro a manos de Pablo Escobar, es indescriptible. Yo le juré que no volvería a reír jamás, y este libro es la historia de cómo incumplirle el juramento a la persona que más he querido en la vida, porque lo que sí es cierto es que he reído una y mil veces, lo que sí es cierto es que he tenido la posibilidad, a través de métodos que desarrollé de manera intuitiva, de encontrar que cada vez que tengo un problema lo resuelvo de la misma manera, siguiendo los mismos pasos”.

¿Por qué surgió esa promesa de no reír jamás?

“Porque lo peor que podía pasar estaba sucediendo, después de esos cinco largos meses donde mi vida también estuvo secuestrada fue asesinada por Escobar y me quedaba sin lo que más quería. Sentía que no tenía mayores opciones en la vida que acompañar el dolor que estaba sintiendo a través de ese juramento”.

Habla de un método para resolver los problemas, ¿en qué consiste?

“Básicamente en desarrollar un plan de navegación sabiendo que uno se puede equivocar, pero que tiene que tener varias consideraciones como atomizar los problemas. En la medida en que uno los atomiza es más fácil abordarlos y solucionarlos y celebrar las pequeñas victorias. La otra es generar una red de apoyo porque uno solo en la vida no se puede dar el lujo de vivir, ni de solucionar nada, ni de celebrar las victorias. Hay que soltar lo que a uno le duele, el pasado, las conductas de uno mismo que lo atan a ese pasado, entender que uno tiene que estar dispuesto al cambio. Igualmente, es fundamental mirar todo lo que suceda a través de la óptica de la gratitud. Mi vida cambió cuando cambié la pregunta ¿por qué a mí?, y empecé a preguntarme ¿para qué a mí? Ese día empezó mi recuperación”.

Desde ese punto de vista, ¿cuáles han sido esas enseñanzas que pudo aplicar como Viceministra TIC, ahora en la dirección de la Fundación Solidaridad por Colombia, y en los cargos directivos en los que hay que afrontar, tomar decisiones y mostrar resultados?

“La vida personal y corporativa tiene mucho que ver, es decir los mismos pasos se pueden aplicar para solucionar problemas en el mundo corporativo y en el personal. Hace unos años, en 2012, haciendo una maestría en España oí a un profesor hablar de la teoría de cambio de John Kotter, un profesor de Harvard que habla de ocho pasos para que cualquier compañía pueda asumir de manera exitosa el cambio. Y me di cuenta que era eso lo que yo intuitivamente había utilizado para solucionar mi problema e incumplirle la promesa a mi mamá, y me di cuenta que es lo mismo que utilizo para solucionar los problemas en mi vida profesional”.

Menciona a lo largo del libro que algo muy importante es la gestión del cambio. En todas estas experiencias trabajando en grandes organizaciones, ¿cómo puede decir que funciona ese proceso?

“Lo único cierto a nivel personal y a nivel corporativo es el cambio. El mercado cambia, los seres humanos cambian, las situaciones cambian. Hay que tener un plan para acoplarse a ellos, estar dispuestos.

La tecnología hace que los procesos en las organizaciones sean distintos y las compañías tienen que lograr dar ese salto, igual que los seres humanos. Si vemos una foto de nosotros de hace 10 años vemos que hemos cambiado físicamente, nuestros gustos también. La teoría de la gestión del cambio es hacer que los seres humanos logren acoplarse a los cambios de manera exitosa”.

¿Cómo poner en práctica la resiliencia, que menciona en el libro, en estos procesos personales y de la organización?

“La resiliencia es la capacidad de un ser humano o de una organización de superar un momento de crisis y sacar provecho de eso. La resiliencia es la capacidad de adaptarse a la nueva condición y lograr estar mejor que antes, atravesando sentimientos, dolores, pero aprendiendo de ellos. En el mundo corporativo, las organizaciones que mandan la parada son las resilientes, las que tienen en su ADN la capacidad de cambio, de amoldarse a las nuevas condiciones de manera orgánica. Es difícil porque estamos apegados a las zonas de confort. No nacemos resilientes, nos hacemos así por las situaciones que nos toca vivir, igual en las organizaciones”.

¿Cómo fue ese momento de estar frente a “Popeye”, perdonarlo y que le contara todo lo que pasó?

“Yo tenía que enfrentar mi mayor monstruo que era Pablo Escobar y el cartel de Medellín, y sabía que la única manera de incumplirle el juramento a mi mamá era perdonando de verdad. Fue muy especial reunirme con él, oír las cosas más dolorosas del mundo, pero tener la posibilidad de pasar la página, perdonar lo imperdonable hizo que yo pudiera sonreír con todas las fuerzas de mi alma. Después de todo eso me di cuenta que tenía que soltar y perdonar, si no lo hacía seguiría con vínculos que no quería tener, yo corté con eso y hoy me siento dichosa”.

¿Qué le diría a los colombianos para que busquen sanar y perdonar?

“Que perdonar es el mejor negocio del mundo, que no hay nada mejor en la vida que lograr perdonar. Que el que más gana cuando se perdona es el que perdona. Cuando uno es capaz de perdonar es capaz de avanzar. Uno no puede atesorar rencores y uno tiene que entender que la felicidad es construida en medio de la imperfección, de lo más simple. Un paso hacia la felicidad es saber perdonar”.

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