miércoles 03 de junio de 2009 - 10:00 AM

'Adivina quién soy'

Paola Gómez es una estudiante de Historia. Tiene 19 años y, según sus compañeros, es una joven a la que no le importa nada.

'Me da la impresión de que es negativa, siempre va con camisetas negras y jeans baggies, nunca tiene nada positivo para decir y además, es muy callada', comenta una compañera suya de segundo semestre.

Su mejor amigo, Ángel Díaz, explica que Paola es 'muy callada, un poco tímida de pronto'.

Ante sus compañeros, Paola tiene una máscara emocional. Aparenta ser una persona oscura y discreta, con muy pocas cosas que decir.

Pero detrás de esa imagen, Paola es una ferviente admiradora de Salvador Dalí y Frida Kalho y tiene como sueño estudiar Historia del Arte.

'Antes, en el colegio, solía pintar', comenta Paola.

¿Y dónde están esos trabajos?
'Están en mi casa… guardados'.

Paola reconoce que tiene una máscara, pero es extremadamente reservada al momento de explicar sus razones.

'Pienso que todos tenemos máscaras cuando queremos ocultar temores, inseguridades o simplemente no se encuentra el ambiente propicio para revelar una verdadera naturaleza', plantea.

En algunos casos, esta naturaleza envuelve orientaciones sexuales diversas o inclinaciones personales que no corresponden con el estrato social o los deseos familiares.

Algunos especialistas afirman que las máscaras o caretas se adquieren de manera natural en algún momento de la vida, pero que las personalidades que no están completamente desarrolladas tienen a quedarse con ellas de manera permanente e incluso a cambiar de acuerdo con cada ámbito social.

Paola Gómez asegura que con sus amigos y familiares, la máscara que usa para esconder sus gustos y preferencias se cae completamente.

LA VOZ DEL EXPERTO
Vladimir Gessen / Sicólogo


'Los disfraces permiten modificar nuestra realidad para realizar un sueño. El pobre se puede convertir en príncipe, el bueno en demonio, el blanco en negro y viceversa, y el hombre en mujer o al revés. Las personas encarnan aunque tan sólo sea por unas horas, la vida de aquellos personajes que siempre les hubiera gustado ser.

Cualquier disfraz o máscara refleja algo que nosotros mismos no nos atrevemos a revelar cuando nos vestimos en el día a día. El individuo se libera de su identidad establecida, sale a la calle como 'otra persona' para dar rienda suelta a la libre manifestación de su cuerpo y del espíritu.

El disfraz permite sacar temporalmente la máscara que siempre llevamos. La sociedad impone ciertos roles que a veces enmascaran nuestro verdadero ser. Esto quiere decir que una parte de nosotros mismos está 'enmascarada' y cuando nos disfrazamos nos permitimos ser como en realidad quisiéramos y después nos volvemos a poner la máscara de nuestra 'personalidad socializada'.

Camilo Arango / Siquiatra


'Las máscaras emocionales, aunque no lo parezca, son necesarias en algún momento de la vida. En algunas ocasiones, la única manera de sobrevivir a un acontecimiento terrible en la época escolar o a una imagen negativa en el trabajo, es usando una máscara social que le permita a la personalidad protegerse de las agresiones. Sin embargo, cuando estas máscaras que usamos empiezan a quedarse con nosotros es cuando hay que preocuparse.

Es como si un actor usara una máscara para una obra de teatro y poco a poco ésta se fuera fundiendo con su rostro hasta convertirse en una sola. Eso también suele suceder y cuando sucede, se empieza a hablar de una psicopatía o de un trastorno de la personalidad. Usualmente estos trastornos hacen que las personas cambien constantemente, de acuerdo con el entorno o las personas con las que se encuentran.

Columnista invitada
¡Más-Cara!
DAMARY MARTÍNEZ / damary_smp@hotmail.com


En un primer momento, cada vez que me tomo la tarea sincera y laboriosa de pensar sobre las máscaras emocionales, simplemente me veo expuesta a definir éste acto como un pretexto. Pienso en las máscaras de la gente (incluso en las mías) como un resultado circunstancial, no como un gran plan elaborado con el objetivo de encubrir algún tipo de sensación.

Muchas veces y aunque suene increíble, la opinión de la sociedad en general no adquiere una importancia relevante y cada cual vive a su ritmo y a su manera. Sin embargo somos seres que vivimos en manada  y en contacto con el mundo, lo que hace necesarios redefinir esa libertad de expresión y adherir a nuestro prontuario una serie de máscaras (y en algunos casos hasta disfraces) que solucionarán algún problema en determinado momento.

Siempre nos vanagloriamos de ser sinceros, directos, claros, honrados, etc., pero nunca somos capaces de admitir con igual orgullo que también mentimos y que mentimos muchas veces porque nos toca, muchas veces porque queremos.

Todos tenemos máscaras, todos estamos obligados alguna vez a protegernos del escrutinio público, es una naturaleza humana a la que nadie se escapa indistintamente de sexo, raza, origen, opinión política o filosofía. Aún así no todo puede observarse con la misma facilidad y con el mismo argumento. Vivir con máscaras implica un alto costo que en cierta medida algunos no son capaces de costear y es porque de entrada hay unas máscaras más caras que no vale la penar utilizar.

Si las máscaras son una solución a una situación no pueden convertirse en otro problema y en otra condición. Vivir en todo caso es un compromiso sencillo y directo con uno mismo y no con los demás, acrecentar las distancias entre la realidad y lo que se quiere de ella no consigue otra cosa que alejar al sujeto, del placer enorme de la libertad de conciencia.

En todo caso, mientras planteo esta postura, a mí alrededor transitan algunos Batman y algunas Batichica que creen que yo soy Flash.

LISTA
Clases de máscaras


1 El 'cool': esta es una máscara muy común tanto en el género femenino como en el masculino. Por lo general, esta máscara tiene las siguientes características: nada le importa demasiado, no comete errores, no le presta atención a los demás, siempre está relajado, jamás se estresa, tiene muchos amigos, con todos congenia de maravilla.

2 El misterioso: esta máscara consiste en hablar poco, nada de la vida privada, tener amistades muy bien escogidas e incluso con ellos guardarse las emociones más expresivas. Por lo general esconde una prevención y desconfianza hacia las personas, pensando que no se podrá contar con otra persona de manera verdadera.

3 El resentido: esta máscara es muy compleja porque puede llegar a esconder incluso una depresión profunda o una fase no superada de la adolescencia. Usualmente esta máscara tiene como característica una oscuridad y negativismo sin límites y un anhelo de un pasado mejor, así como una desconfianza en el futuro.

4 El silencioso: esta máscara podría asemejarse a la del resentido o la del misterioso, pero tiene menos prejuicios y menos autosuficiencia. La máscara silenciosa esconde temor al rechazo y un desconocimiento de los límites propios a nivel de las relaciones sociales. 

 

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