miércoles 04 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Compañeros, un mundo de sentimientos

Miradas coquetas, de reojo, con el ceño fruncido, con lágrimas, enrojecidas y somnolientas. Éstas son sólo una pequeña muestra de la larga lista de señales que pueden surgir en un aula de clase, como expresión de las emociones que vive cada uno.

Algunos son de envidia, otros de intolerancia, de odio y, unos pocos que no pueden verse ni en pintura.

Aunque estos sentimientos a veces nacen porque sí, casi siempre tienen una razón de base. No por esto son válidas.

Las desigualdades más frecuentes se dan por el afán de competir para ser el mejor estudiante, el mejor deportista o ser el líder que mueva a todo el grupo.
Sin embargo, de acuerdo con el género, se limitan las discusiones.

Ellos suelen envidiar u odiar porque no quieren que haya alguien más fuerte o con mayor aceptación entre las mujeres. Y entre ellas, el motivo de discordia casi siempre es la belleza, el estatus económico, la cantidad de pretendientes y los accesorios que usan.

Por supuesto, en la vida colegial, también se dan experiencias significativas de buenos sentimientos.

Tal es el caso de compañeros que se enamoran y terminan consolidando un vínculo de noviazgo, amistades sinceras que se forman para el resto de la vida y gestos de solidaridad y apoyo que dan fe de la calidad personal de cada uno.
Por esto y mucho màs, el salón de clase es un mundo de sentimientos.

LISTA
Las emociones positivas se dan cuando…


1 Se acepta al otro tal y como es.
2 Se está dispuesto a ayudar al otro sin esperar nada a cambio.
3 Se guarda silencio antes de pronunciar una palabra que pueda causar daño.
4 Se tiene una palabra y un gesto precisos en el momento que alguien no pasa por un buen momento.
5 Se comparte un momento agradable sin pensar en el reloj. Pasarla bien es lo único que importa.
6 Sentir que con las acciones y formas de pensar se está despertando un sentimiento especial en el otro.
7 Se dan cuenta de que ese compañero o compañera corresponde a ese enamoramiento.

NOS ESCRIBEN
jorge armando sanabria
Lector de Jóvenes / Especial para Vanguardia Liberal


'Cuando evoco los recuerdos del colegio nunca pienso en cómo aprendí a dividir o cuál es la fórmula química del carbono. Imágenes de los alaridos que daban los compañeros o de algún amigo soplándome en un examen aparecen en mi mente. Y es que el salón de clases más que las cuatro paredes donde se imparten conocimientos es el espacio ideal para transgredir las normas, vivir el primer amor y entender el mundo que nos tocó vivir.

Allí dentro de las hojas de los cuadernos de matemáticas y geografía están guardadas las cartas de amor para aquella compañera que no nos deja dormir tranquilos.

El salón de clases es un mosaico gigante poblado de historias y de personajes que se van pasando de mano en mano los roles estelares: El vago, la buena amiga, el ‘maloso’, la conflictiva, el indeciso y la agresiva; así como el profesor convencido de que la mejor manera de educar es con mano dura o la profesora que llega a sus estudiantes con la libertad y el ingenio que despierta en ellos.

Al final, son historias y experiencias que se desarrollan en medio de la mediocridad de unos, la entrega de otros y la indiferencia del resto, ante los esfuerzos de sus maestros por sacarlos adelante'.

maría catalina gualdrón
Estudiante del colegio San Pedro / Especial para Vanguardia Liberal

'En un salón de clases, ya sea de colegio, universidad o cualquier curso extracurricular, son muchas las situaciones que se viven a diario entre las personas que comparten dentro de éste.

Puede ser una especie de detonante para que muchos sentimientos tales como el amor, el odio o la competencia se despierten.

Un caso puede ser cuando nos toca hacer varios trabajos junto a una misma persona. A medida que la vamos conociendo puede, poco a poco, comenzarnos a gustar mucho o tal vez no tanto, pudiéndose llegar a dar una relación afectiva, así como una de total desagrado y de competencia constante'.

LA VOZ DEL EXPERTO
Es cuestión de convivencia
freddy h. cristancho r./ Psicólogo social y comunitario


'El salón de clase, la vida escolar o la vida universitaria así como el espacio laboral, tienen algo en común y es la relativa cercanía y convivencia  que generan esos espacios. Donde las emociones están expuestas continuamente.

Los jóvenes deben tener claro que la amistad y los profundos sentimientos que generan el hecho de compartir el mismo espacio no es más que una gran oportunidad para vivir, compartir con los amigos su vida, sus emociones, sus alegrías y tristezas. Esto, con seguridad, hará que se conviertan en personas muy importantes, pero recordemos que es sólo una etapa de la vida, no la única.

Habrá personas con diferentes cualidades, formas de ser, sentir o pensar y es difícil que no fuese así, por eso lo mejor es curar el alma por medio de la aceptación.

Esto no tiene nada que ver con la clase social, el tipo de persona o condición. Tiene que ver con un principio básico de la vida y que bonito comenzar a cultivar este principio de convivencia y aceptación  desde la vida escolar, ‘todos valemos por igual y nadie está por encima de nadie en su forma de pensar’.

Seguir un mal consejo, hacer cosas indebidas, dejarse llevar por las emociones y dejarse ganar de la rebeldía son algunas de las muchas situaciones que se viven a diario, pero que no están acordes con el momento de la vida. Siempre, ante cualquiera de estas situaciones, se debe buscar orientación y apoyo en los padres y maestros'. 

 

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