miércoles 17 de febrero de 2010 - 10:00 AM

¡Me quieren hacer la vida imposible!

'La ropa que me pongo, las personas con las que salgo, la edad de mi novio, las salidas a bailar, mis propios amigos, las palabras que utilizo y hasta la música que escucho, se han vuelto los temas favoritos de mis papás para hacerme la vida imposible', dice Camila Rodríguez una adolescente de 16 años, que ya no sabe cómo hacer para que sus padres no le cuestionen todo lo que hace o dice.

Al igual que Camila cientos de jóvenes se enfrentan sino a esa misma situación, sí a una muy similar caracterizada por la imposibilidad de saber qué hacer para lograr que sus papás respeten los gustos y actitudes que asumen frente a sus vivencias.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que aunque esta circunstancia es el común denominador de la adolescencia, no deja de ser un estado bastante molesto tanto para los padres como para los hijos.

Para Lina Patricia Méndez, psicóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana, esos enfrentamientos se presentan porque, 'la diferencia generacional entre padres e hijos se evidencia en el momento es que estos últimos llegan a la etapa de la adolescencia, ya que el momento en que los padres pasaron por esa etapa fue diferente, las modas, tendencias y personalidades se movían en torno a otras cosas que ahora no tienen validez, lo que hace que sientan que sus hijos se están enfrentando a peligros que ellos desconocen y de los cuales creen no pueden protegerlos'.

Es así que cosas tan simples como si el color que le gusta al adolescente es el negro y al padre no porque dice evoca maldad, va a existir un problema que terminará en discusión ante el desacuerdo, y posteriormente en lágrimas del adolescente quien se sentirá reprimido por las disposiciones de su padre.

El drama generado por situaciones tan simples como esa, ponen de manifiesto la necesidad de establecer un puente de diálogo con el adolescente, en el que se le permita dar a conocer sus puntos de vista y argumentar el porqué de sus acciones.

Al respecto, la psicóloga Yadira Mateus explica que, 'el diálogo y la tolerancia son partes fundamentales de los cimientos de la relación entre un padre y un hijo adolescente. Lo ideal es propiciar puntos de acuerdo, pero los padres no deben perder de vista la autoridad que tienen sobre sus hijos y deben ejercerla, pero de manera tal que ellos entiendan por qué'.


¿Por qué no me entiendes?

¿Por qué no me dejas salir?, ¿Qué de malo tiene mi novio?, ¿Me quieres hacer la vida imposible?, ¿Por qué no me entiendes?, son las frases más comunes con las que se inicia una discusión con un adolescente, quien ante la incapacidad de entender las razones de sus padres opta por iniciar una pelea.

En esta medida, tanto los hijos como los padres deben ser consientes de que la solución no está en imponer su punto de vista, sino en encontrar un punto en común.

'Aunque encontrar un punto en común entre un padre y un joven en medio de una discusión es una  tarea muy difícil debido a la naturaleza de la adolescencia, se debe hacer, ya que establecer esos vínculos por una parte fortalecerán la relación familiar y por otra contribuirán con el proceso de madurez del muchacho o muchacha', precisó Mateus.

Sin embargo, también se debe entender que los extremos son altamente dañinos, por una parte los padres deben entender que cosas tan sencillas como los colores con que se visten sus hijos o la música que escuchan no deben ser motivo de discusión, porque precisamente los cambios que ellos manifiestan en la medida en que crecen son evidencia del desarrollo de su personalidad.

No obstante, sí necesitan seguimiento y acompañamiento, ya que mal asumidas o entendidas las cosas por las que los adolescentes deciden pasar pueden generar comportamientos no deseados en ellos

Por otra parte, los adolescentes deben asumir una posición en la cual acepten sugerencias y entiendan  que la experiencia de sus padres también les aporta a la construcción de sus vidas.

 

LA VOZ DEL EXPERTO

Camilo Umaña

Psiquiatra

¿Cuáles son los principales factores causales de las discusiones entre padres e hijos adolescentes? Los adolescentes buscan un espacio en la realidad en donde encontrarse con sigo mismo, y a través de la experimentación buscan encontrar su personalidad definitiva y en ese camino se chocan con los límites impuestos por los padres que en su gran mayoría están basados en la lógica del miedo de sentirlos inexpertos y buscan a través de reglas controlarles con   quiénes están y qué hacen, y en ese ambiente se muestran como dos bandos que tratan de dominar el uno al otro al mismo tiempo.

¿Hay maneras de encontrar puntos en común?  Lo común es que ambos quieren tener la razón y el adolescente no está entrenado para tranquilizar a sus padres y los padres no están entrenados para entablar diálogo con los adolescentes, y muy a menudo la comunicación se vuelve ineficaz.

¿Cuáles son los puntos claves? Los puntos comunes es querer mantener cada uno su libertad y tener cada uno el control, y los padres no quieren que su hijo se exponga a peligros y el adolescente desea que sus padres entiendan que ya quieren ser grandes y no son niños. Se encuentran en un mismo plano común con lenguajes y valores diferentes.

¿Cómo los padres deben llevar esas discusiones? Buscando no dar discursos que llamamos ‘cantaletas’, buscar que las razones sean entendidas por ambas partes y si logran llegar a acuerdos que beneficien la confianza entre las dos partes, convierten las discusiones en diálogos constructivos en donde la experiencia sea la que prima como base de crear confianza entre las partes.

¿En qué momentos exageran tanto los padres como los hijos? Los padres sobreprotectores y los que no confían en los valores que les han inculcado a los hijos exageran; y los adolescentes que creen que tienen todo el derecho a hacer lo que les da la gana también están exagerando, todo tiene un límite y el límite es lo razonable, por eso el decir, 'aquí el que mando soy yo y punto' es el comienzo del fin del diálogo constructivo.

¿Casos extremos como en los que el adolescente opta por irse de la casa, por qué se dan; hay manera de controlarlos y evitarlos? La huída de casa es la forma máxima de rebeldía contra la autoridad que tienen los padres, en ese momento se requiere de la ayuda de especialistas en comportamiento (psicólogos y psiquiatras) quienes tienen que entrar a analizar estos casos, porque todos responden a una motivación especial


Condiciones para ejercer la autoridad

El ejercicio de la autoridad requiere del cumplimiento de ciertas  condiciones como las siguientes:

• Establecer previamente las reglas del juego con el hijo adolescente y hacerle ver que el incumplimiento de dichas normas tendrá una consecuencia. Estas normas deben ser aceptadas por padres e hijos y exigibles a todos.

• Papá y mamá deben estar de acuerdo previamente en lo que se le exige al adolescente, de lo contrario el chico aprovechará estos desacuerdos para desafiar la autoridad de sus padres.

• No separar comprensión y exigencia. No es difícil observar en algunas familias con adolescentes que toda la comprensión está en los padres y toda la exigencia está en los hijos.

• Ser sobrios en el ejercicio de la autoridad. Hay muchos problemas que pueden resolverse mediante otros tipos de influencia.

• Poner a prueba la propia imaginación para encontrar situaciones de participación para los hijos.

• Saber resistir frente a dificultades y frustraciones.

• No desanimarse nunca, pase lo que pase. La autoridad se puede perder y se puede recuperar. Hay que ser perseverantes.

• En una discusión destacar siempre lo positivo en primer lugar.

• Como padres, tener la paciencia de aclarar muchas veces algunas ideas de base, para que el chico entienda la razón de nuestras afirmaciones.

• El ejercicio de la autoridad se logra en un clima de confianza que no excluye actos de energía de enfado. Debe ser una exigencia serena, sin rechazos y sin comentarios mientras el hijo trata de exponer su punto de vista y sin dejar de aclarar después.

• No es aconsejable entrar en la dinámica de rivalidad y testarudez ya que, además de reforzar esta actitud, no se consiguen buenos resultados. Esta postura provoca enfrentamientos, estados de irritabilidad y agresividad entre los miembros de la familia, y puede dificultar la convivencia familiar.

 

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