sábado 01 de junio de 2019 - 12:00 AM

Le tenemos miedo a cosas que ni siquiera nos ocurrirán

¿Qué lograríamos si no nos dejáramos atrapar por el miedo? La vida no se ha hecho para que estemos atemorizados, dejando que los días se acumulen sin sentido en un rincón polvoriento. ¡Derrotemos con gallardía a cada una de nuestras taras!
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Un gran amigo mío se comporta como una persona extremadamente insegura. Cada paso que da es para él una incógnita y lo arroja a un ‘vaivén de ansiedad’ que no lo deja actuar y lo atornilla.

Se sorprendería si viera el pánico que le da a la hora de emprender algo. Mucha gente lo cuestiona porque, con esa actitud, ha dejado pasar grandes oportunidades.

No comprendo por qué tantas personas, como mi amigo, se dejan vencer por el miedo y se asustan con cosas que ni siquiera sucederán.

Hace poco leí una frase que me encantó: “La vida es como el mar, si le tiene miedo lo ahoga”. Déjeme decirle que ese mensaje me marcó de una forma contundente.

Y es que estamos acostumbrados a tenerle miedo a lo desconocido y a no apostar ni arriesgarnos por aquello que se salga de nuestra zona de confort.

Es difícil asumir cualquier cambio. Pero cuando se hace algo distinto y se ven los resultados se pierde el miedo a apostar por cosas nuevas, así muchas veces los proyectos no salgan como queremos.

Hace algunos años tomé la decisión de darle un cambio drástico a mi vida, y a pesar de que tenía todas las de perder y no tenía nada seguro, había algo en el fondo que me decía que todo iba a estar bien en medio del caos.

Decidí ser congruente con lo que sentía en ese momento y a pesar de los problemas me arriesgué y todo me salió bien.

Dejé el miedo a un lado y lo que descubrí fue impresionante: Crecí, maduré, aprendí y no me arrepentiría jamás de lo que he vivido, porque gracias a que aposté y me arriesgué soy hoy lo que soy.

¿Por qué planteo esta reflexión?

Porque solemos ir por la vida teniéndoles más miedo a cosas que nunca pasan, que a las que realmente ocurren. Debemos entender que de nada sirve vivir así.

Yo le recomiendo a usted, amigo lector, que empiece por ponerse pequeños retos que lo hagan ir rumbo a mejores proyectos.

¿Quiere un ejemplo?

Si a nivel laboral anhela empezar a hacer trabajos nuevos, no se vaya por lo grande primero sino con pequeñas cosas, como aprender nuevas tareas o rodearse de gente afín a sus intereses, integrarse a otros equipos con los que no ha trabajado antes y hacer nuevos contactos.

Poco a poco podrá abrir su mente e ir en busca de lo que quiere.

En el plano personal puede empezar a adquirir nuevos hábitos diarios que lo acerquen a las cosas que más le gustan: leer sobre lo que le interesa, conocer personas que tengan gustos similares a los suyos, salir con nuevas personas, viajar y compartir intereses con gente que tenga algo que aportarle.

La verdad es que el miedo viene de adentro y es consecuencia de experiencias traumáticas que ha tenido en el pasado, lo cual hace que se vea reflejado en el resto de aspectos de su vida.

El temor es algo que tiene que eliminar por completo si quiere sentirse una persona segura y feliz.

Por eso debe empezar por fortalecer mucho su autoestima. Para ello le recomiendo que identifique sus mayores cualidades y fortalezas para que se enfoque en ellas y forme un plan de manera que pueda ejercitarlas en su vida cotidiana.

Lo mismo debe hacer con sus debilidades, procurar identificar de dónde y vienen y trabajar en ellas para que sean menos visibles o interfieran en sus planes.

Recuerde que la clave está en conocerse a sí mismo para ver qué tanto puede dar de sí, y así trabajar hasta convertirse en la persona que quiere ser. No olvide que se trata de compromiso, disciplina y mucha voluntad si quiere ver resultados.

Recuerde que nunca es tarde para ser feliz. ¡Dios lo bendiga!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio

“Vivo con grandes remordimientos en el alma. Alguien, que decía ser mi gran amigo en el pasado, me traicionó de una forma descarada. Lo peor es que la vida me tiene de frente a él otra vez, pues apareció de un día para otro en mi empresa, en mi cotidianidad y en general en mi historia. Por cosas del destino tengo que verme con ese tipo que tanto daño me hizo y no sé qué hacer. Me fastidia de él su cinismo para conmigo. ¿Usted qué haría en mi caso? Espero su sabio consejo”.

Respuesta

Sin lugar a dudas la pérdida de una amistad es dolorosa, sobre todo cuando viene de una traición o de malas intenciones por parte de personas a las que les abrimos nuestro corazón y confianza. No sé exactamente qué habrá pasado entre ustedes, pero le compartiré desde mi experiencia qué he hecho en casos como el que hoy experimenta.

Desafortunadamente no podemos prever quiénes nos harán daño o se aprovecharán de nosotros en muchas ocasiones. Por ese motivo trato de no pensar mucho en ello; prefiero entregar mi confianza a quien siento que la merece. Aunque he sido bien correspondido en la mayoría de los casos y me siento muy afortunado de contar con personas que me quieren, en algunas ocasiones también he sido traicionado y brutalmente lastimado por personas a quienes les deposité toda mi confianza.

Soy de las personas que piensa que todo lo que se hace en esta vida, bueno o malo, se retribuye y no de la misma manera, como muchos piensan.

Es decir, si traiciono no necesariamente se me retribuirá con traición, o si miento no necesariamente recibiré mentiras por parte de otros. Creo en que tarde o temprano la vida se vuelve un reflejo de nuestros actos, y aunque veamos bien a quienes actúan mal desde lo lejos, la verdad es que nadie sabe qué pasa en sus vidas de puertas para adentro.

Si usted se fija bien, casi siempre la gente que obra mal -así le vaya bien- nunca es feliz, por más que consiga lo que quiere.

Así que por lo que me cuenta, estamos hablando que el sujeto en cuestión no es una buena persona, pues no se ha mostrado arrepentido o cordial con usted después de lo sucedido. Así que debe ser muy cuidadoso con la relación desde este momento, y tener mucha cautela sobre qué hace al respecto y cómo se comporta frente a esa persona.

Lo primero que debe entender es que no puede permitir por ninguna circunstancia llenarse de mala energía o dejar que esa persona le amargue sus días en la oficina. Yo le recomiendo que procure compartir espacios lo menos posible y no hablar más de lo necesario; pero ojo, siempre muy tranquilo y sereno, sin demostrar demasiado que a usted le importa que esté allí. Si hace lo contrario le demostrará que usted está subordinado a las emociones que los demás le dicten.

Acá deberá utilizar mucho la inteligencia emocional, y eso se hace no poniendo a los demás por encima de nosotros cuando de emociones se trata.

Le aconsejo que no procure entablar de nuevo una amistad, o ser demasiado amable con esa persona, o caer en la hipocresía o ese tipo de cosas, porque creo fielmente en que no se debe entregar confianza a personas que sabemos que nos han hecho daño anteriormente o que se quieren aprovechar de nosotros. Tarde que temprano vuelven a existir problemas.

Por eso, trate de ser cordial pero distante, y procure dejarle claro con su actitud que existe una barrera entre los dos para que se mantenga al margen. Recuerde que usted tiene el control y el poder de decidir quién puede dañarle el rato o no. Olvídese de ser odioso, grosero o problemático con esa persona, porque eso no lo llevará a ningún lado y solo se llenará de mala vibra.

Enfóquese mejor en ser un mejor profesional y trate de destacarse por lo que usted mismo es en su trabajo.

Ya verá como poco a poco las personas que no le aportan nada van quedando de lado por sí solas y ellas mismas, en el momento preciso, recibirán su merecido.

¡Ánimo que lo mejor está por venir!

Le envío un fuerte abrazo.

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