jueves 18 de abril de 2019 - 12:00 AM

¿Qué nos pasa?

Se están perdiendo los valores y lo peor es que, al parecer, muchos aceptan que se han extraviado para siempre. Ojo: Podríamos seguir atrapados en la indiferencia y así nos iríamos rumbo la decadencia.

Un lector me pregunta lo siguiente: ¿Qué le pasa a este mundo en el que vivimos?

Me dice que él no entiende por qué la gente es tan inmadura, por qué se aplaude al corrupto, por qué se castiga al inocente, por qué los hombres quieren ser mujeres, por qué hay personas que no pueden ser padres y por qué otros que lo son regalan a sus hijos.

Y me hace otro cuestionamiento: ¿Acaso tocamos fondo?

Afirma que hoy los estudiantes no les tienen respeto a sus docentes, que las parejas cada vez son más promiscuas, que el rico es cada vez más millonario y que el pobre cada vez es más limitado.

Cuestiona que ya la palabra no tiene valor, que las mujeres se olvidaron de ser madres, que los hombres ya no conquistan con rosas y que el mundo cada vez está más disparatado.

En síntesis, resume que al parecer los valores ya no importan y que el torcido triunfa ‘por vivo’ antes que por honesto.

¿Qué puedo decir ante esta ‘lluvia’ de preguntas?

De entrada señalo que puedo entender la preocupación de este lector y en general de quienes se identifiquen con él.

Y aunque hay cosas que comparto en esta misiva, creo que hay otras que no están mal como la mayoría piensa, y que desafortunadamente gracias a varias creencias erróneas que nos inculcaron desde niños, hoy juzgamos y señalamos a los que son diferentes a nosotros.

Por ejemplo: en los temas de la identidad de género, la sexualidad y el libre desarrollo de la personalidad creo que estamos entrando en una era donde afortunadamente las personas pierden más el miedo para mostrarse tal cual son y eso es algo que aplaudo rotundamente. Yo creo que debemos aceptar las diferencias, ser tolerantes, en fin...

No somos nadie para decirles a los otros cómo deben vivir; claro está que desde que eso los haga felices y no le hagan daño a nadie.

En lo que sí estoy de acuerdo es en la pérdida de los valores y de la poca ética de la sociedad, en cuanto a la falta de empatía y la poca solidaridad con los demás.

Cada vez más las personas crecen con odios, rencores, resentimientos, problemas emocionales, relaciones fallidas, abusos, falta de afecto y violencia, entre otras... Esas son situaciones que dejan como resultado una sociedad fracturada, llena de vacíos y con muchas heridas.

No es de la nada que respiramos ese ambiente hostil todos los días y en diferentes espacios.

El daño que se le hace a un ser humano, por la razón que sea, nunca pasará en vano, pues todos nos vemos afectados por ello directa o indirectamente.

Es simplemente el reflejo de una sociedad lesionada, a la cual no le importa el bienestar de las personas, pues solo se enfoca en el poder o en el dinero.

¡Es lamentable!

Tal vez esa realidad no la podemos cambiar, pero sí podemos aportar nuestro granito de arena para hacer reflexionar a las personas cercanas y amigos que veamos en una situación lamentable respecto a su vida, y en la forma que se relaciona con los demás.

Cada quien, desde donde se encuentre, puede hacer algo por el prójimo. En mi caso, si con mis escritos puedo ayudar a los otros a sentirse mejor con ellos mismos no me cansaré de seguir en esta misión.

Les recomiendo a quienes están decepcionados del mundo que no se desgasten lamentándose por cosas que no están en sus manos arreglar. Mejor dediquen sus energías a cosas que los hagan felices y no pierdan el tiempo pensando en lo que no pueden cambiar.

Por fortuna hay ‘grandes héroes’, -me refiero a ciudadanos de a pie-, que ven la vida de una manera propositiva.

¡Eso es maravilloso!

Saquémosle el jugo a la vida, divirtámonos de una manera sana y enseñémosles a otros cómo ser felices. Si lo hacemos, nos sorprenderemos con los resultados.

Un abrazo a todos, mucha energía y les envío una buena vibra.

¡Dios los bendiga!

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