sábado 03 de septiembre de 2016 - 11:04 AM

Defiende el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propias vidas

La Secretaria Distrital de la Mujer en Bogotá asumió el reto de luchar contra la violencia hacia las mujeres, los feminicidios, el machismo y los embarazos tempranos. También es defensora de los nuevos roles masculinos y del derecho de cada mujer a elegir lo mejor para su vida.
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Se toma un tiempo todos los mediodías para comer rápido y descansar un poco; la faena es ardua, no solo por la carga laboral sino por el componente emocional que inevitablmente invierte en un cargo como el suyo. Con su jovialidad y sencillez, Cristina Vélez trabaja por los intereses y derechos de las mujeres bogotanas, en una oportunidad que implica grandes retos para ella.

La situación no es fácil en el Distrito. En 2015 se produjeron, según Cristina, 120 feminicidios y actualmente se registran poco más de 16 mil reportes de violencia intrafamiliar (casi todos en la misma vivienda o en la vía pública). “Sin embargo, nuestros estimativos indican que son tres veces más, pero no se denuncian”. Esto sin contar con que el 20 por ciento de las mujeres menores de 18 años son mamás y que las mujeres trabajan más horas que los hombres, aunque ganan menos.

Empoderamiento femenino

Cuando Cristina era niña, quería ser física y después museóloga. Más adelante se matriculó en la Universidad de Los Andes, en la carrera de Economía. Por cosas de la vida logró un cambio y comenzó a estudiar Historia. Poco a poco se fue involucrando en el tema de las mujeres. “Yo nunca había trabajado en la temática de la violencia, pero sí en la del empoderamiento económico, emprendimiento femenino y empoderamiento dentro de las organizaciones”, explica.

Hoy recuerda que para financiar sus estudios de doctorado, dictaba talleres de empoderamiento femenino dentro de las empresas. “Lo que yo vendía, y funcionaba muy bien, era: trabajemos con un grupo de mujeres, dándoles herramientas para resolver sus ‘rollos’ y hacerlas mejores empleadas”.

Con el tiempo, y después de una larga trayectoria profesional, se le presentó la oportunidad de ser parte del gabinete de Enrique Peñalosa. Hoy, gracias a él, sabe que su trabajo no es solo técnico sino que se compone de negociaciones políticas, aunque a ella le asusten. “Me tocó aprender en gran escala sobre esto, y la verdad, ese aprendizaje me llevó a respetar muchísimo el proceso político de este país”.

Los grandes retos

Cuando usted asumió el cargo, ¿era consciente del reto que tenía por delante y de la exigencia de este puesto?

Emocionalmente hablando, este es un trabajo muy fuerte, pues uno se siente responsable de cada uno de los feminicidios de la ciudad. No sabría decirle cuál feminicidio me ha golpeado más, pero cuando me llega una nota diciendo “tenemos un caso en tal sitio”, sé que a una mujer la mató su pareja.

Y es superdifícil porque aparte de la atención psicosocial y jurídica que hacemos, no podemos devolverle la vida a esa mujer. El sistema le falla a esa víctima por diferentes razones. Pero ahí reside la sanidad mental: que esto no es culpa mía sino que lo que se debe hacer es mejorar todos los procesos para que el sistema funcione mejor.

¿Cómo ve el fenómeno del machismo en nuestro país?

Estamos ‘enfermos de machismo’ en todas partes. A mí me hacen preguntas, las cuales sé que a un colega hombre no le harían. Hay demasiados estigmas. Si eres bonita, eres bruta; si eres fea o gorda, eres descuidada; si estás flaca, eres anoréxica. Yo estoy segura de que a ningún hombre le han dicho que tener el pelo crespo ‘no es profesional’.

¿Cómo es eso de que las mujeres debemos ‘darnos nuestro puesto’ para no ser víctimas de violencia?

Las mujeres no somos las culpables y no hay nada que justifique la violencia en contra nuestra ni contra ninguna persona. Esto es un problema de todos, y en la medida en que entendamos que la violencia no es aceptable, podremos generar una mayor protección hacia las mujeres y las niñas.

En alguna ocasión usted dijo que era necesario educar mejor a las mujeres para que entendieran que su realización personal no viene solamente del hecho de ser mamá, y que esa educación ayudaría a muchas a evitar embarazos no deseados.

Yo soy una mamá muy feliz y no me arrepiento ni por un segundo de tener a Amelia y a Julia. Pero siento que esa idea de que uno ‘se realiza como mujer al ser mamá’ es muy injusta, porque no todas las mujeres quieren ser mamás y no todas desean tener un esposo, dos niños y tres perros. Es una idea que hace daño, pues lleva a que las más jóvenes tomen decisiones irracionales sobre su futuro. Por ejemplo, cuando piensan que si quedan embarazadas van a ‘atrapar’ al padre del niño.

La idea es lograr que las mujeres sean lo que quieren ser: si usted quiere ser ama de casa, perfecto; si quiere ser mamá de muchos hijos, perfecto; si no quiere tener hijos, está bien; si usted tiene una pareja del mismo sexo, igualmente está bien.

El poder femenino de poder decidir

¿Ha dejado de hacer cosas por ser mujer?

A veces, en el trabajo, me he restringido de levantar la mano por cuestiones que un hombre no contemplaría: mis hijas, verme demasiado ruda o agresiva, demasiado fuerte…

De hecho, no acepté un trabajo grande en mi vida porque mi hija mayor estaba muy chiquita y decidí quedarme en una posición de comodidad. Estoy segura de que mi marido no hubiera tenido en cuenta ese factor para tomar la decisión de aceptar el trabajo o no. Y está bien. Yo lo hice feliz de la vida y lo volvería a hacer.

¿Por qué esta vez sí aceptó?

Mi secreto es establecer prioridades. Por ejemplo, yo solía hacer mucho ejercicio y ahora trato de caminar lo más que pueda, pero no voy a ir al gimnasio a las 4 de la madrugada. Entonces, mis prioridades son trabajar y mi familia. Punto. Todas las actividades extracurriculares las dejé a un lado.

Uno sí puede tenerlo todo, pero ese todo hay que revisarlo. ¿Voy a estar fit?, no; pero sí voy a desempeñar un buen rol como funcionaria pública y a estar con mi familia. Que mi hija vaya con la trenza perfecta al colegio, no. Mi casa tampoco está perfecta. Pero uno va viendo en qué cosas puede resbalarse y en cuáles no.

Usted se refiere continuamente a las nuevas masculinidades. ¿Qué rol juega su esposo en casa?

Al ‘afortunado’ le ha tocado siempre asumir roles de casa. Primero, me lo entregaron muy bien educado y feminista. Segundo, él siempre ha sido cómplice de todas las locuras que yo he hecho, al igual que yo de las suyas.

Mi esposo me apoyó cuando decidí hacer un doctorado, y eso sí fue una cosa muy loca. Primero, porque mucha gente decía que estaba vieja para hacerlo; segundo, porque duraba cinco años; tercero, porque me fui a vivir a Inglaterra con mi hija durante un tiempo y él se quedó en Colombia.

¿Cuál es la clave para que una mujer pueda tener una posición de liderazgo profesional sin descuidar otros aspectos de su vida?

En Colombia, la mayoría de las mujeres se ven obligadas a salir a trabajar. Si alguna puede decidir entre esta opción o quedarse en casa, ya está en una posición privilegiada.

En mi caso, puedo trabajar porque tengo quién me ayude con las labores de la casa y con las niñas, y he sido muy afortunada por contar con ese privilegio. Mirian y Érika son las mujeres de mi vida y yo puedo hacer todo lo que hago porque sé que mis hijas están bien, que mi casa funciona y no se va a caer a pedazos. Y como ellas, hay miles de mujeres en el país que están haciendo muchos sacrificios para que personas como yo puedan acceder a roles de liderazgo, y creo que como país debemos poner el dedo en la llaga, pues esos son temas de los que las mujeres no hablan.

Pero hay muchas mujeres que han decidido emprender. Sin embargo, el 70 por ciento de los emprendimientos en general fracasan.

Generalmente fracasan en más del 50 por ciento en los primeros dos años y no distinguen si son masculinos o femeninos. De hecho, las mujeres somos más precavidas a la hora de tomar decisiones de riesgo, que aunque a veces limitan nuestras posibilidades de crecimiento como emprendedoras, también hacen que nuestros negocios sean más sostenibles, pues estamos culturalmente programadas para pensar en la sostenibilidad de la familia y de los hijos.

Una de las tareas que estamos haciendo en la Secretaría de la Mujer es ver esas diferencias que hay en la toma de decisiones entre hombres y mujeres para definir mejores políticas de apoyo a los emprendimientos femeninos.

¿Y después de la Secretaría de la Mujer, qué?

Quisiera montar un colegio. Es un sueño que tengo junto con mi mamá, quien es educadora, y en mi familia la educación es como una tara. Creo que en la educación de niños y niñas es donde está la semilla para hacer algo diferente.

¿Cómo quiere dejar huella?

En la vida, espero morir tranquila sin dejar muchos corotos detrás de mí; pero en la Secretaría tengo dos obsesiones. Una: creo que la única manera que tenemos de reducir la maternidad y paternidad tempranas es siendo muy innovadores. Ya se han probado todas las recetas y yo quisiera dejar una huella empoderando a las bogotanas sobre su sexualidad, porque pienso que esa es la única forma de reducir los embarazos no deseados. En la medida en que las mujeres estén empoderadas de su sexualidad, podrán decidir si quieren tener hijos o no, y cuántos quieren tener.

La segunda es que empecemos, al menos desde la alcaldía, a dar el paso del cumplimento de la ley entorno a la mujer.

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