sábado 26 de abril de 2014 - 8:59 AM

¡Enamóralos de la comida sana!

Se trata de una relación feliz, enriquecedora, sin condiciones, pretensiones ni culpas... y lo mejor, ¡para toda la vida! Nos referimos a la que deberían tener todos los niños con la comida sana, nutritiva y rica.
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“Paciencia, mucha paciencia a la hora de enseñarle a comer saludable”, suele ser el consejo válido de los pediatras cuando mamás y papás se quejan de que explicarle a su hijo el preciado valor de las verduras y las frutas se ha convertido en una batalla campal que suele terminar en lágrimas y decepción.

Bueno, nosotros agregaríamos a esa clave (la de la paciencia) otra norma de oro: ¡creatividad! Todos, muy en el fondo, somos o nos creemos artistas, así que basta echarle una ojeada a internet o pasarse por la librería más cercana para apropiarnos de ideas, sumarlas a las nuestras y terminar siendo autores de una divertida carta de preparaciones que vayan más allá de los “arbolitos de brócoli”,  “los palitos de zanahoria” o “las caritas felices del pepino”. Después de un tiempo usted será el o la mejor en armar con comida caras, paisajes, animales, barcos, casitas, piñatas...

Eso sí, intente comenzar desde muy temprano –nos referimos a la edad de su hijo-. Aunque es relativo, generalmente es a partir del año y medio a dos años que los niños pueden probar todos los alimentos y llevar el mismo régimen del resto de la familia.

Claro que nunca es tarde para atraerlos a la cocina –incluso en la preadolescencia- y enseñarles a disfrutar de este plan familiar que además de divertido también es educativo.

¿Por qué educativo? Porque en la cocina el niño aprende nociones básicas de matemáticas al medir, pesar o calcular porciones de ingredientes. Porque pone a funcionar sus destrezas manuales al amasar, trocear, decorar, revolver… Porque tiene a mano lecciones cortas sobre el valor nutritivo de los alimento (cuéntele que las frutas cítricas le ayudan a defenderse de los resfriados). Porque aprende el valor de la responsabilidad y del ahorro (“¡estoy ayudando en una tarea importante para mi familia!”, “esto cuesta, tanto en dinero como en tiempo, así que no debo desperdiciarlo”). Porque aprende a ser independiente y así, cuando abandone el nido o el fabuloso “hotel mamá”, no terminará siendo el cliente más fiel de una cadena de comida rápida.

Espejo, espejito…

Los niños aprenden copiando lo que ven. Y aunque suene trillado, otra clave es darles ejemplo: en el supermercado, eligiendo con ellos los productos más sanos posibles; cocinándolos juntos… ¡y comiéndolos juntos! 

Con seguridad, si un niño en edad preescolar ve a papá o a mamá atiborrándose ante el televisor de comidas procesadas, terminará hecho un lío cuando esas mismas figuras adultas insistan en que se coma la torta de ahuyama y se olvide de las papas de paquete. En otras palabras, sea coherente entre lo que le pide a su hijo y lo que usted hace, en un ejercicio de verdadera responsabilidad.

Luego viene la importancia de comer en familia. ¡Al menos una vez al día! Abundan los estudios al respecto y todos están de acuerdo en que disfrutar de la mesa al mismo tiempo no solo disminuye las posibilidades de que en la adolescencia nuestros hijos experimenten con drogas y cigarrillo, sino que al ver que todos disfrutan de una preparación de verduras gratinadas, hará de este plato uno de sus preferidos para el resto de su vida.

Ahora hablemos del hábito. Asegúrese de que esas preparaciones sanas formen parte del “ritual alimenticio” diario. No se vale poner en la mesa frutas y verduras un día y al siguiente no. El niño debe entender que estos alimentos son los principales protagonistas de la mesa… siempre.

Esto no significa impedir con letra grabada en piedra que coma, una vez que otra, una hamburguesa, una porción de pizza o una malteada. No hay verdad más absoluta: “todo lo prohibido aumenta el deseo”.

Primero, lo primero

Nutricionistas y pediatras están de acuerdo en que dar el brazo a torcer ante la primera negativa o pataleta de nuestro hijo a probar un plato sano es un error que no podemos darnos el lujo de cometer.

Aunque sea un desafío que nos saca de quicio y además nos deja exhaustos, debemos entender tres cosas: una, esa actitud es normal; dos, debemos seguir intentándolo de otra manera porque seguro al niño terminará gustándole la espinaca (o la zanahoria o la habichuela o la berenjena); tres, es hora de implementar un plan de acción, el cual incluya ofrecerle porciones pequeñas, preparadas de diferentes maneras y presentadas en forma divertida.

Por supuesto, no se trata de llenarle todo el plato de verduras. Ponga en éste las croquetas de papa que tanto le gustan junto a la carne, el pollo o el pescado y a una muy pequeña porción de torta de espinaca o de zanahoria. ¿No quiso probarla? Respire profundo y no le pelee. Al día siguiente prepárela de otra forma e inténtelo de nuevo… ¡seguro la comerá!  De acuerdo con pruebas de campo, 10 intentos es el número aproximado que se necesita para que al niño comience a gustarle el sabor y la textura de un alimento sano. Tiempo y esfuerzo es la máxima de este proceso.

Un error de las viejas generaciones (por fortuna es cada vez menos común) es obligar al niño a dejar “limpio” el plato. De acuerdo con los nutricionistas, el resultado a largo plazo es funesto: el niño no aprenderá a regular su apetito, desoyendo a su estómago (el cual le indica que ya está satisfecho y que puede dejar de comer) y se convertirá en un adulto que come hasta sentirse “lleno”… ¡Obesidad fija!

Los alimentos “sí”

Indiscutiblemente, y al igual que los adultos, los niños tienen sus alimentos preferidos. Aproveche ese interés y deles “versiones saludables”. Ah, y no olvide el agua, los batidos y los jugos sin azúcar (enséñeles desde chicos a tomarlos sin endulzar). Algunos ejemplos:

- Todo lo integral: cereales, panes, tostadas. En el desayuno adicione al cereal trocitos de frutas (¡las rojas son deliciosas!)

- Frutas cortadas en trocitos. Todas son una fuente maravillosa de vitaminas, fibra y valiosos minerales. O pinchos de frutas terminados en un rico masmelo. O gelatina con pedacitos de frutas flotando en su interior. O una tajada de pechuga de pavo o de pollo con salsa de manzana.

- Un truco que no falla es acompañar las croquetas de verdura con algo de mayonesa, salsa de tomate o un poquito de mostaza.

- Albóndigas con “gestos” (se “pintan” con  mayonesa).

- Paella o pizza de vegetales y queso.

- Verduras cortadas en trocitos muy pequeños revueltos con carne molida. O en puré. O en torta con huevo revuelto y gratinada al horno (¡no falla!). Caritas felices elaboradas con tomates cherry y zanahoria en juliana.

- Caritas felices en las tostadas, huevos duros disfrazados de conejitos (las orejas son de zanahoria y la cara se hace con salsa de tomate), nidos de pollitos (forme el nido con espaguetis y en el centro ponga dos albóndigas de carne, cada una con pico -un trocito de zanahoria- y ojos pintados con mayonesa), flores (con un molde para galletas haga flores de zanahoria, luego medialunas de pepino -para simular el cáliz- y ensártelos en un palito para pincho), barquitos de huevo (cocine los huevos, pártalos por la mitad, sáqueles la yema, rellénelos con una mezcla de atún y mayonesa, corte una tajada de jamón en triángulo y póngalo como vela ensartada en un palillo)…  ¡Qué vuele su imaginación!

Otros tips que sirven

- Nunca deseche los gustos de su hijo. Téngalos en cuenta y con imaginación haga una combinación con los suyos.

- Permítale elegir en el supermercado, de las góndolas de alimentos sanos, los productos que más le llamen la atención.

- Sin excusas, apaguen el televisor mientras comen.

- No le estamos diciendo que premie a su hijo con un enorme helado de chocolate por haberse comido la lechuga. Basta una sesión de aplausos, un “abrazo de oso” e incluso eximirlo (ese día) de una tarea doméstica que siempre le ha fastidiado hacer.

- Si el niño “revuelca el plato”, hace pucheros, pide otra cosa, llora y etcétera, deje pasar el tiempo en que usualmente debería haber terminado de comer y pídale que se levante de la mesa. ¡Se quedará sin comer hasta la próxima! Y ni se le ocurra darle otro alimento a cambio, pues ahí habrá dado el primer paso para echar a perder sus buenos hábitos alimenticios. Además, de hambre no se va a morir y tampoco se enfermará por dejar de comer unas horas.

-En casa no debería haber alimentos tipo chatarra. Si los hay (para ocasiones especiales), escóndalos. Pero a la vista deje frutas y todo lo integral.

-Reiteramos lo dicho: la monotonía no está permitida en la cocina. La idea es evitar que su hijo termine odiando las alcachofas solo porque usted insiste en ofrecérselas durante toda la semana en diferentes versiones.

 Obesidad infantil… ¡epidemia!

Basta hablar de buena salud para que papás y mamás decidan fomentar hábitos sanos de alimentación. Dejemos que sean el doctor Nataniel Viuniski, pediatra y experto en nutrición, y consultor de Nutrición Herbalife Brasil, quien nos explique.

“Cuando un niño está entre los porcentajes de tablas de talla y peso o tablas de IMC para sexo y edad entre el 85% y 95%, se habla de un niño con sobrepeso. Y si se encuentra por encima del 95%, ya es obesidad.

Los riesgos inmediatos de la obesidad infantil son alteraciones ortopédicas, hipertensión, resistencia a la insulina, apnea del sueño, infiltraciones de grasa en el hígado, alteraciones en la piel y principalmente alteraciones en el humor, autoimagen y autoestima.

Existen varios factores que influyen en la obesidad de los niños como, por ejemplo, la genética (tener uno o los dos padres obesos) y el ambiente (sedentarismo, estrés, malos hábitos alimenticios, pocas horas de sueño, inestabilidad emocional, entre otros).

En Latinoamérica se presentan cifras alarmantes. De acuerdo con las proyecciones de la OMS, para el año 2020 seis de los países con más casos de obesidad en el mundo están en América Latina: Venezuela, Guatemala, Uruguay, Costa Rica, República Dominicana y México. Otros, como Colombia, Brasil y Argentina, tienen niveles alrededor del 33% de su población infantil por encima de un peso saludable y, de estos, la mitad está clínicamente obesa.

Existen varias maneras de empezar a prevenir la obesidad infantil

-que comienza desde la gestación-, como la educación nutricional en el núcleo familiar. Por ejemplo:

- Hijos de madres que ganan mucho peso en el embarazo o que sufren de desnutrición están en riesgo de desarrollar obesidad en el futuro.

- La educación nutricional, principalmente de los padres, fomentando el buen ejemplo (con hábitos de alimentación saludable, práctica de actividades, rutinas, etc.).

- Estimular la actividad física o el deporte en familia.

- Establecer límites en cuanto a qué comer, tiempo delante de una pantalla (tv, computador, juegos) y horas de sueño.

Seguros en la cocina

Aunque el término suene aburrido, no olvide las básicas “reglas de seguridad” cuando convide a su hijo a cocinar. Aquí vamos:

- Nunca lo deje solo. ¿Sonó el citófono o  el teléfono o hay alguien en la puerta? Apague los calentadores y electrodomésticos, y lleve al niño con usted.

- Enséñele los lugares potencialmente peligrosos: la estufa encendida, la puerta del horno (que desprende calor), los cuchillos y otros objetos cortopunzantes, los electrodomésticos encendidos, los enchufes.

-Hacerlo partícipe es darle tareas fáciles y seguras: lavar las verduras y frutas, trocear algunas con las manos, amasar, revolver el puré de papa cuando esté tibio, untar la mermelada con un cuchillo plástico y romo, alcanzar los platos para servir, mirar el reloj y llevar el tiempo, poner en orden los ingredientes que van a usar…

-Nada relacionado con cuchillos, tijeras, abrelatas eléctricos, contacto con materiales calientes o excesivamente fríos, electrodomésticos, verter agua o aceite sobre recipientes calientes, etc.

-Enséñele que las manijas de las ollas no van hacia afuera de la estufa. Explíquele por qué. Que los cuchillos se guardan con la punta hacia abajo. Y que los coge-ollas y limpiones se mantienen lejos de los fogones.

Para comenzar…

El mercado editorial es generoso en obras especializadas de recetas fáciles para que los niños puedan prepararlas. Internet también es una excelente opción. Estos dos libros, de la autora Corinne Albaut (Editorial Panamericana) se recomiendan a la hora de dar los primeros pasos…

- Menús para pequeños chefs. Las recetas viene con instrucciones sencillas y prácticas. Platos diversos, desde ensaladas hasta tortas, pasando por refrescos y sándwiches.

-Postres para pequeños chefs. Dulces de aquí y delicias de diferentes naciones, entre ellas Alemania e Inglaterra y los países nórdicos. ¡Para convertirlos en expertos y pequeños pasteleros!

Niños… muy quietos

El sedentarismo se está convirtiendo rápidamente en una epidemia mundial que ataca todas las edades, géneros y condiciones. Según la Organización Mundial de la Salud, la inactividad física es considerada hoy el cuarto factor de riesgo de mortalidad en el mundo. Colombia se ubica como el sexto país en Latinoamérica con mayores índices de mortalidad a causa del sedentarismo.

“Esta condición es considerada la mayor amenaza para la salud de los seres humanos, contribuyendo con más de 5 millones de muertes al año en el mundo, cifra superior a los muertos atribuibles al tabaco”, asegura el médico especialista en Medicina del Deporte, John Duperly.

De acuerdo con una información oficial, apenas un 26% de los adolescentes (entre 13 a 17 años) cumplen los requisitos mínimos de actividad física que permitan conseguir beneficios en su salud. *Datos tomados de Colombia Saludable, Coldeportes.

DESTACADOS

Descubrir en familia la magia de la cocina resulta -a corto, mediano y largo plazo- en unos tremendos beneficios para los niños.

 Ya sean equivocados o correctos, los hábitos alimenticios se adquieren en la infancia. ¡Tremenda responsabilidad la de los padres o cuidadores!

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