sábado 17 de septiembre de 2016 - 9:12 AM

Un sentimiento en todo lo que hace

La diseñadora colombiana ha llegado muy lejos en el difícil mundo de la moda. Sus bolsos han paseado por las calles de la mano de celebridades como Eva Longoria, Sarah Jessica Parker, Kendall Jenner y Jennifer López. Su marca se distingue por la exclusividad, el lujo y la personalización. Mientras tanto, ella se reinventa para explorar otras facetas de su vida.

Dice que desde niña mostró un gusto definido por la ropa. No es muy amante de los estampados, prefiere las piezas de un solo color, y por eso en su clóset predominan el azul, el blanco, el gris, algunas rayas y las anclas. En su infancia mostró un interés especial por todo lo que la moda encerraba y entonces descubrió muy temprano que el elemento diferenciador de su atuendo eran las carteras. Ahí comienza parte de su historia...

Para Adriana, una cartera es el universo en el que guardamos todo lo que nos gusta. Su objetivo a la hora de diseñar cada una de estas piezas es que genere una identidad propia y cuente una historia. “Me encanta poder ser parte de las historias diarias y del estilo de quienes portan mis diseños. Me gusta que mis creaciones sean capaces de expresar un estado de ánimo, un sentimiento o un estilo en particular”.

Y lo ha logrado. La creadora de la famosa línea de marroquinería de lujo Adriana Castro le pone sentimiento a todo lo que hace, adora ser diferente y ha demostrado, a través de sus diseños, que la autenticidad es uno de sus valores fundamentales.

Una cuestión de créditos

Aunque estudió Economía (la misma carrera de su mamá), pronto se dio cuenta de que lo suyo era la moda. Después de graduarse como economista en Purdue University, decidió estudiar Diseño de accesorios en Miami International University of Art Design.

En el 2008 comenzó su camino por el emprendimiento en el difícil mundo de la moda en Estado Unidos, en un tiempo en cual no existían las redes sociales actuales y Colombia seguía siendo un país estigmatizado por muchas sombras.  No fue fácil. Tuvo numerosos tropiezos, se vio obligada a comenzar desde cero y a trabajar duro para posicionar su marca nacional e internacionalmente.

“La industria de la moda y el mundo en general  está lleno de personas que siempre querrán frustrar tus sueños o de situaciones que te harán pensar que no puedes lograrlo. Es difícil, pero ahí está el reto”, reflexiona la diseñadora barranquillera. Asegura además que “se demoró más de la cuenta, porque los compradores no confiaban en la mano de obra colombiana. Yo tenía que hacerme un nombre y hacerle un nombre a mi país”.

Así aprendió que siempre habrá alguien que la critique o algún comprador a quien no le guste su producto; pero para ella, la clave es seguir tocando otras puertas e insistir. “No nos podemos dejar afectar por un editor o un comprador. Eso es quitarte crédito a ti mismo, a tu esencia. Lo que haces es un reflejo tuyo”.

El brillo entre las celebridades

Algunas famosas comenzaron a dirigir su atención hacia las piezas de Adriana Castro. Jennifer López, Olivia Palermo, Eva Longoria y Shakira, entre otras, han llevado sus espectaculares bolsos.

“Cuando vi la foto (de Jennifer López) no supe qué hacer, tuve muchos sentimientos encontrados. Claramente estaba feliz y orgullosa de lo que había logrado junto con mi equipo, y al mismo tiempo tuve miedo. Cuando una mujer como ella decide usar una de tus piezas, la presión de dar no el 100 por ciento sino el 1000 por ciento, aterra”. A partir de ahí, mucha gente -entre editores, expertos y celebridades-, estuvieron pendientes de las creaciones de Adriana.

Tiempo después recibió la llamada de la vesturista de la película Sex and the City 2 para solicitarle varias de sus carteras. Nada más y nada menos que la película estadounidense protagonizada por Sarah Jessica Parker, Cynthia Nixon, Krintin Davis y Kim Catrall, que se estrenó en el 2010 como una secuela de Sex and the City (2008), ambas basadas en la exitosa serie de televisión del mismo nombre, donde el amor, el sexo, los dilemas femeninos y los grandes diseñadores de moda eran los platos fuertes.

“Me dijeron que iban a salir dos carteras y cuando fui a la premier aparecieron cinco… ¡no lo podía creer! Son cosas que se quedan grabadas en el tiempo para toda la vida y se convierten en historia de la moda”, afirma muy satisfecha, pues esto le ayudó a posicionar su marca, otras famosas se interesaron en sus diseños y le abrió las puertas de nuevos países.

Luego vino la cereza del pastel, cuando la famosa modelo estadounidense Kendall Jenner, media hermana de las socialités Kardashian, mostró en una de sus fotos en redes sociales un clutch de la marca de Adriana Castro, que además pertenecía a una mamá.

Explorando otros caminos

Adriana no se conformó con el diseño. En 2010 fundó El diario de la moda, como una válvula de escape del “papel de diseñadora”, para compartir su día a día, sus atuendos y sus productos preferidos. “Hoy también hay consejos de moda y belleza, las tendencias recientes, alfombras rojas, desfiles y noticias de actualidad. Es un sueño hecho realidad”.

Sin embargo, su carrera y trabajo incansable la obligaron a hacer un alto para redescubrirse y reinventarse. Aunque el mundo de la moda sigue siendo muy importante para ella, sintió la necesidad de darles espacio a otros factores esenciales de su vida que tenía un tanto apartados: su familia, sus amigos, su pareja y su propio bienestar.

“Estoy tranquila, y para mí la tranquilidad es paz y felicidad. Tengo 33 años y he ido aprendiendo que la felicidad no es la vida perfecta o estar en Saint-Tropez montada en un barco”, afirma Adriana.  Y eso lo descubrió en un viaje que hizo junto con su mamá a Marruecos, en octubre de 2015; quería vivir la industria de la moda de una manera diferente: “Yo sabía que me gustaba lo que hacía, pero al mismo tiempo sentía que no me gustaba el ambiente. Siempre estaba apresurada sacando una colección e inmediatamente venía la colección siguiente y esa rapidez no me permitía disfrutar el momento”. Por eso decidió darle calidad humana a su propia vida.

Ese ‘nuevo aire’, y el hacerse más consciente de que necesitaba un cambio, le han permitido madurar para vivir mejor las nuevas experiencias que ha vivido en este año. Por ejemplo, la llegada de su nueva pareja, Mario Andrés.

Adriana cuenta que cuando su abuelo murió, durante su funeral se habló de su matrimonio perdurable, del amor que había incondicional que había mostrado a lo largo de su vida y de sus hijos. Entonces ella le rezó a su abuelo para que le enviara a una persona como él, ya sentía ganas de empezar a vivir el amor de otra manera.

“En esta industria –confiesa la diseñadora-, la gente suele perderse un poco y no es fácil encontrar un buen compañero. Yo quería hacer las cosas bien esta vez”. A los pocos días, alguien apareció. “Uno nunca sabe, pero con él sí sentí que me lo habían mandado desde arriba”.

Por otro lado, encontró en las causas benéficas una maravillosa actividad que la ha revitalizado. “Desde que visité St. Jude (hospital especializado en el tratamiento del cáncer infantil) mi vida cambió. Esto sucedió cuando, junto a la marca Lancome, fue a la institución médica (en Tennessee,  Estados Unidos) para maquillar a niñas con cáncer.

Fueron días inolvidables en los que pudo regalarles sonrisas y alegrías. “Hasta que tú no vives eso desde adentro, la donación que hagas carece de sentido (…) Mientras ellos tienen positivismo y ganas, uno se cae ante cualquier problema. Pero cuando estás ahí, te das cuenta de que no tienes nada: que si la costura, que si la colección no sale a tiempo… todo eso supera cualquier inconveniente de uno en lo profesional”.

Hoy, Adriana está vinculada directamente con el hospital. Sabe que un maquillaje de ojos, un blush o una transformación de cejas alegra los corazones de muchas niñas que han perdido su pelo o han visto cómo se ha deteriorado su piel. Y todo eso le llena el corazón de esperanzas de seguir trabajando duro, no solo por ella, sino por los demás.

Disciplina, esfuerzo y discreción

Es perfeccionista y cada milímetro le importa, porque en la marroquinería de lujo los detalles son esenciales. Ha aprendido a ser más flexible y a sentir empatía por quienes trabajan con ella y al mismo tiempo no olvida que su propia exigencia –la de dar lo mejor de su producto-, implica que su equipo también debe esforzarse por aprender nuevas técnicas y lograr altos estándares de calidad. Es por esto que las personas de sus talleres tienen muchísimo valor para ella.

El corazón de su trabajo sigue estando en Colombia. Los materiales que usa provienen de varias partes del país e incluyen el trabajo incansable de nuestros artesanos. “Colombia siempre está presente en mis diseños, en mi inspiración y claramente en algunos de mis modelos: el minicarriel, por ejemplo, es uno de nuestros best sellers”.

A propósito, no le preocupa que imiten sus modelos. Más bien se siente orgullosa, porque significa que la están tomando en cuenta. Piensa que actualmente los diseñadores tienen más facilidades para emprender gracias a las redes sociales y la tecnología, pero también cree que las nuevas generaciones están llenas de inseguridades que las llevan a competir desmedidamente: “Esto hay que verlo como una aventura en la que ayudas al otro a crecer, porque mercado hay para todos y cada uno tiene su esencia y estilo”.

Su filosofía de vida prima por sobre todas las cosas: ser uno mismo. “En este mundo tan efímero, en el que la inmediatez parece ser lo único que importa y estar a la vanguardia de los cambios, es muy fácil perderse. Es fácil perder tu esencia, tu estilo. Y ahí es cuando dejas de vivir la moda. Ya no es tu forma de expresar sin palabras quién eres, solo eres una mujer más que se dejó seducir por el chaos magic que lidera la industria hoy en día”.

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