martes 03 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Descubren que una proteína del cerebro retrasa la progresión del Alzheimer

Un grupo internacional de investigadores liderados por la Universidad de Múnich ha descubierto que una proteína relacionada con la inflamación del cerebro ayuda a retrasar la progresión del Alzheimer, lo que abre una nueva vía para desarrollar terapias que mejoren la vida de los pacientes.
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El científico Marc Suárez-Calvet, uno de los autores del estudio e investigador del Barcelonaßeta Brain Research Center de la Fundación Pasqual Maragall, ha explicado que se trata de la proteína TREM2 que se expresa en las células microglía, las defensas del cerebro.

Cuando se produce un daño en este órgano -como el causado por el Alzheimer- se desencadena una reacción inflamatoria en la que están involucradas este tipo de células para tratar de contenerlo.

El estudio, publicado en la revista Science Traslational Medicine, ha podido esclarecer que la inflamación mediada por la proteína TREM2 tiene un efecto beneficioso para el curso de la enfermedad, de modo que potenciarla puede ser una manera de ralentizar su progresión.

No obstante, Suárez-Calvet ha admitido que la cura del Alzheimer “todavía está lejos” pero que “es factible modificar el curso de su evolución”, por lo que el siguiente paso será crear fármacos “que hagan la función de la proteína TREM2”.

Y aunque ello puede llevar algunos años, este descubrimiento permite “definir una diana terapéutica muy valiosa”, así como corroborar que estos medicamentos deberán emplearse en las fases más iniciales de la enfermedad, ha indicado el investigador.

Además, el hallazgo pone fin a una “controversia” instalada en el seno de la comunidad científica sobre los beneficios o perjuicios “del papel de la inflamación y las respuestas inmunitarias” y demuestra que los pacientes que tienen niveles más altos de TREM2 presentan un mejor pronóstico.

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Para llegar a esta conclusión, han medido las proteínas de personas en fases muy iniciales de la enfermedad, a las que han seguido durante once años y medio hasta detectar que aquellas con mayores niveles de dicha proteína “empeoraban cognitivamente de forma más lenta”.

“Esto puede servir para hacer más investigación e intentar predecir la evolución de los pacientes en estadios iniciales”, ha destacado Suárez-Calvet, quien ha agregado que ya es posible predecir qué personas tienen mayores probabilidades de desarrollar la enfermedad.

Un hecho que se logra analizando el líquido cefalorraquídeo para detectar la proteína amiloide, la que se deposita en el cerebro de los enfermos de Alzheimer y cuyos primeros síntomas pueden tardar hasta 30 años en manifestarse.

Además, a juicio del investigador, “las enfermedades neurodegenerativas son el gran reto de la medicina y su asignatura pendiente”, pues en los últimos años no se han producido tantos avances como en relación al cáncer o al VIH.

“El cerebro es extremadamente complejo y las enfermedades neurodegenerativas no empiezan de forma repentina sino que tienen un curso muy largo y lento por lo que son muy difíciles de estudiar”, ha detallado.

Actualmente, el Alzheimer es la causa de demencia más habitual y afecta a 46 millones de personas en todo el mundo, una cifra que podría triplicarse hasta 2050 si no se encuentra la forma de curarla.

Así mismo, según datos de la Fundación Pasqual Maragall, una de cada diez personas mayores de 65 años sufre Alzheimer y su impacto se ha ido incrementando a medida que ha ido creciendo la esperanza de vida de la población.

¿Por qué se produce?

De acuerdo al neurólogo Antonio John Schlesinger Piedrahita, la causa de por qué se origina el Alzheimer no está clara, pero “hay varias teorías que dicen que hay un deterioro en algunas áreas del cerebro, en particular en los sectores que se relacionan con la memoria”.

Al respecto, la Alzheimer’s Association dio a conocer que los cambios en el cerebro comienzan mucho antes de que aparezcan los primeros signos de pérdida de memoria, pero los científicos no están seguros cuándo o “dónde comienza el problema” .

Además, según Schlesinger, también se relaciona con factores genéticos, es decir, que puede pasar de generación en generación y recalcó que la edad no es la condicionante para su aparición, “aunque en la mayoría de los casos se presenta después de los 60 años, los adultos jóvenes la pueden padecer”.

Posibles tratamientos

Aunque es irreversible, en la actualidad hay algunos tratamientos que se usan para controlarlo. Según Schlesinger, son alternativas que mejoran la memoria, muy útiles en los trastornos de comportamiento de los pacientes y ayudan al sistema nervioso, pues se ocupan medicaciones que buscan retardar la progresión de la enfermedad y se deben realizar terapias para buscar que el paciente no pierda autonomía, como la terapia ocupacional y cognitiva.

Según el especialista, será de ayuda contar con sistemas o grupos de apoyo, el ejercicio, hacer dieta y la participación en actividades que pueden mejorar el estado de ánimo y que ayudan a controlar este padecimiento.

De acuerdo con la Alzheimer’s Association, aunque los tratamientos actuales para este tipo de demencia no pueden detener su avance, pueden demorar por un tiempo “el empeoramiento de los síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer y sus cuidadores”.

Alzheimer en cifras

El Alzheimer es una de las formas más comunes de demencia a nivel mundial. Se calcula que del 100% de los casos de demencia, un aproximado de entre 60 y 70 por ciento corresponden a casos de Alzheimer, según lo han revelado estudios de la OMS.

Cada año se registran aproximadamente 10 millones de nuevos casos de pacientes con demencia, siendo el Alzheimer uno de los principales padecimientos a nivel mundial.

Y aunque las cifras van en aumento, existe un lado de la enfermedad que es poco abordado por la ciencia y que requiere especial atención: los cuidadores de pacientes con Alzheimer.

Estas personas, que generalmente hacen parte del núcleo familiar del paciente, dedican gran parte de su tiempo, en ocasiones jornadas completas, al cuidado de la persona enferma, lo que genera en ellos una sobrecarga emocional y física que requiere ser tratada en pro del bienestar de ambos (pacientes y cuidadores).

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