domingo 08 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Bacteria nativa le quita espacio a la urea en el algodón

En las regiones agrícolas del país, la palabra urea (abono nitrogenado) significa cantidad. Es decir, bultos al por mayor.

Por ejemplo, en las zonas algodoneras de Colombia, para llevar nitrógeno (base para su vida y producción) a los surcos hay que contar con más de un bulto.
Es más, por hectárea se tienen que aplicar hasta 5 bultos de 40 kilos.

Lo que obliga a que en 100 hectáreas de algodón hay que recurrir a 400 bultos, con el agravante de que esa operación se tiene que repetir hasta dos veces antes de coger la mota.

Lo anterior significa que con el alza de los fertilizantes, la urea es incomprable.

Sin embargo, una bacteria natural llamada Azotobacter chroococcum, que vivía en los suelos antes de ser deforestados y devastados por las siembras intensivas y la aplicación de precursores químicos al igual que abonos sintéticos, le dará una mano, no solo a los algodoneros, sino a los cultivadores de maíz, hortalizas y praderas no leguminosas para ganado.

Es más, ayuda a reducir hasta en 50% los costos de fertilización nitrogenada.

De acuerdo con Ruth Bonilla Buitrago, Directora del Laboratorio Microbiología de Suelos de la Corporación Colombiana para la Investigación Agropecuaria, Corpoica, y líder del desarrollo del bioproducto, se trata de 'una bacteria nativa que fue aislada de suelos algodoneros, que no ha sido manipulada genéticamente y se adapta perfectamente a los suelos de agroecosistemas algodoneros de Colombia'.

Más de un lustro


Según Bonilla Buitrago, los trabajos comenzaron hace seis años en la Estación Experimental Motilonia, en el Cesar, y luego se trasladaron a Bogotá, con el fin de buscar mayor operatividad en los laboratorios dotados con tecnología de punta.

'La bacteria vive en el suelo y ayuda a la fijación del nitrógeno a través del sistema radicular. Se tomaron muestras vírgenes en suelos de Aguachica, Codazzi y Montería. Esas cepas de Azotobacter chroococcum, se llevaron al laboratorio para su multiplicación y posterior, aislamiento', agregó la investigadora.

Bonilla Buitrago dijo que esa bacteria benéfica estaba en todos los suelos algodoneros, pero la degradación y el uso indiscriminado de químicos la fue acabando.

'Los suelos son arcillosos y muy compactados. Es decir, se le cambio el hábitat a la bacteria hasta llevarla a desaparecer o a bajar sus niveles de población a estados mínimos', sostuvo.

Para la investigadora, el producto no solo ayuda a bajar sustancialmente los costos de producción (teniendo en cuenta el valor de la urea), sino que es muy amigable con el medio ambiente.

'Las investigaciones deben ir con la corriente mundial, que nos indica que se debe trabajar por la búsqueda de alimentos de manera eficiente, pero dentro de los rangos de la sostenibilidad', agregó.

Ya es producto

La Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Corpoica entregó a los algodoneros el nuevo biofertilizante.

Comercialmente se llama  Monibac y viene en polvo empacado al vacío.

De acuerdo con el Director Ejecutivo de Corpoica, Arturo Enrique Vega Varón, el biofertilizante es formulado con base en una cepa nativa de la bacteria Azotobacter chroococcum, 'responsable de fijar el nitrógeno en las plantas, que al ser inoculado en la semilla del algodonero permite la reducción hasta de un 50% en fertilización, con incrementos de hasta 18% en producción'.

Para la producción, el Centro de Biotecnología y Bioindustria, CBB, de Corpoica, 'utiliza las más modernas técnicas de fermentación industrial, de tal manera que brinde al productor agropecuario la mejor fijación del nitrógeno, elemento esencial en la fisiología y en la producción vegetal de alta competitividad', aseguró el directivo.

¿Cómo se usa?

Según la investigadora Ruth Bonilla Buitrago, solo se usa una vez. Y son las semillas, antes de ser llevadas al suelo, las que se impregnan del producto. Es un polvo húmedo de color ámbar o café oscuro.

Allí llevan el nuevo aliado, que les ayudará a capturar el nitrógeno del suelo.

La Azotobacter chroococcum comienza su multiplicación natural; sin embargo, necesita nitrógeno para poder vivir, de ahí la necesidad de aplicar dosis químicas, pero en un 50% menos.

'Es muy difícil que logremos el reemplazo de un 100% de los fertilizantes, sin embargo, la perfección de la técnica llevará a que cada día, las cantidades químicas que se tengan que utilizar sean menos', agregó.

Otro de los ahorros sustanciales se da en la utilización de semilla, ya que la bacteria 'propicia la producción de hormonas de crecimiento, contribuyendo así al desarrollo de la planta'. 

 

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