domingo 29 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

El río que desapareció en una noche

Hace 15 días que un tramo del río Listará desapareció a la entrada de San Andrés, en Santander. Lo que más sorprende es que en el lugar no hay huecos o grietas visibles que puedan explicar el enigma. Allí, el agua se pierde bajo la tierra y hasta el momento nadie sabe a dónde va a parar. Las hipótesis de expertos en suelos se mezclan con leyendas de apariciones de seres de otro mundo y encantamientos. Muchos creen que el agua se estaría almacenando debajo del pueblo.

El domingo 8 de noviembre a las 6 de la mañana, sonó el teléfono en la Estación de Policía de San Andrés, a 104 kilómetros de Bucaramanga. Aún no acababa la gran fiesta que había empezado el sábado por la noche, cuando el subintendente Wilson Armando Plata oyó que al otro lado del auricular, un hombre le decía sin titubeos que las aguas del Listará ya no estaban, que el río había desaparecido.  

Plata sonrió. Pensó que un borracho trataba de aguarle las ferias y más, después de semejante parranda, pero enseguida el hombre se identificó con número de cédula y le dijo que si no le creía, que lo esperaba en el puente Primero, en toda la entrada al pueblo, para que viera con sus propios ojos un fenómeno del que no se tenía noticia en la región. Y Plata fue. Lo hizo inmediatamente.

Lo que vio no es tan fácil de creer.

A la altura del puente por donde se entra al pueblo, efectivamente ya no bajaba agua. Plata subió la mirada y a unos 600 metros hacia arriba, el caudal del Listará se veía entero, fuerte, espumoso. Lo insólito es que el agua, de un momento a otro, en un punto exacto, dejaba de correr, y no era que se fuera por entre un hueco. Era como había dicho el hombre: la tierra se estaba tragando al río.

Los dos subieron por entre las rocas que la noche anterior estaban ocultas por el agua y bajaron despacio, como buscando un arete perdido. Nada. El agua no salía por ninguna parte. Siguieron bajando bordeando el costado oriental del pueblo, por el mismo cauce que desde siempre ha llevado las aguas del río Listará hasta unirse con el Guaca, casi un kilómetro más abajo, y nada. El Guaca sí estaba, pero sus aguas se veían apacibles sin que ninguna corriente inesperada lo intranquilizara.

Fue en ese momento cuando el subintendente Plata se preocupó mucho más. ¿Dónde estaba el agua?

Lo primero que se le ocurrió fue llamar a Juan de Dios Tarazona, el secretario de Gobierno, un sanandreseño que se mueve como una hormiga y que a esa hora estaba dormido porque él sí se había trasnochado en la parranda.

A Juan de Dios le pasó lo mismo que a Plata cuando el policía le repitió por teléfono lo que acababa de ver. 'Me dijo que el río Listará estaba perdido, que los campesinos habían informado, que él ya había ido a verificar la situación y que efectivamente, estaba seco'.

Esta vez el que sonrió, sentado en la cama, fue Juan de Dios. 'No le creí inicialmente, pensaba que era una broma por la hora en que me llamaba y además, estábamos en plenas ferias y era domingo'. Pero él también subió al puente Primero, porque algo tendría que hacer, no fuera que el chisme se regara y la gente asustada, se fuera en plenas festividades.

'Me di cuenta de que el río bajaba bien y de un momento a otro se desaparecía. Hay un hundimiento y por entre las piedras, las aguas se profundizan. Pareciera que el río se evaporara porque llega hasta un punto y se esfuma hacia el fondo de la tierra. Después no pasa nada'.

Y como el caudal del río buscaba ese hundimiento que describe Juan de Dios, lo que decidió en ese momento fue desviarlo y para hacerlo, empezó a reclutar a los que a esa hora estaban sobrios en el pueblo, para construir un dique de 150 metros.

Juan de Dios piensa que si el agua se está perdiendo, si se está filtrando, cualquier cosa puede ocurrir. Cree que una posibilidad es que se esté almacenando debajo del pueblo.


El descubrimiento

Para llegar a San Andrés desde Bucaramanga hay que tomar un bus que va por la vía a Bogotá y que se desvía, a la izquierda, un poco antes de que el cañón del Chicamocha aparezca imponente. Son cerca de 4 horas de camino por una carretera que serpentea las montañas hasta llegar al pueblo, un extenso valle donde viven cerca de 9 mil personas.

Ahí nació Luis Martín Mendoza, un obrero de 31 años que siempre ha vivido a orillas del río Listará. Fue él quien llamó al comandante Plata para darle la noticia. Fue él, el primero que vio lo que nunca imaginó, que la tierra, literalmente, se estaba tragando al río.

Luis casi no duerme y menos cuando el pueblo está de ferias porque dice que la tensión de que un borracho se caiga al río, lo desvela. Además, como tiene una piscina natural que se nutre de las aguas del Listará, siempre anda preocupado por las mangueras que transportan el líquido.

La noche anterior, cerca de las 3 de la mañana, Luis dice que oyó un estruendo, 'como si hubieran soltado un viaje de piedra, pero hondo'. Y su papá, don Jesús María, agrega que agudizó el oído y se dio cuenta de que el río había dejado de sonar cerca al puente. 'Sonaba era arriba, como un silbido profundo… era el cráter que se lo estaba tragando…'.

En la oscuridad, Luis miró las peñas que rodean su casa, a unos 80 metros del río, y no vio nada. A las cinco de la mañana subió a buscar las mangueras para llenar su piscina y se encontró con que el agua no bajaba.

'Salí al puente y como no vi agua pensé que había una represa, eso es normal. Yo miraba las peñas, pero nada, hasta que encontré el punto por donde se profundiza todo el río y me vine a avisar'.

Luis se asustó. Don Jesús María también. Si es que el río estaba bien el sábado en la noche. Estaba. ¿Cómo era posible que desapareciera en unas horas? Incluso, en la tarde del sábado, justo en el punto donde se forma un pozo, un grupo de turistas se bañó y nadie notó nada. '¿Usted no cree que si el agua se estuviera filtrando, ellos no hubieran sentido ese sumidero?', dice Luis.

'Eso no es que haya un hoyo, eso es un filtro de piedras que se ha ido hundiendo desde el día en que el río dejó de ser río. Ahora se ven guaridas entre las rocas, yo mismo vine y le eché un colorante al agua para ver si aparecía luego, en algún nacimiento río abajo y nada pasó. El río sigue sin aparecer', dice el viejo, mostrando las grietas que se están abriendo alrededor de las rocas que antes estaban bajo el agua.

Y como Juan de Dios logró desviar el río en ese punto para que el agua no se siguiera filtrando, ahora se ve con exactitud lo que hay en el lugar, que confirma, por lo menos, que sobre la superficie no hay ningún hueco que evidencie por dónde es que se cuela el agua, pero sí tres puntos por donde se filtra. Allí el agua se esfuma.

Ahora las piedras del antiguo cauce se tuestan al sol, mientras el lugar por donde desapareció el agua, que tiene 15 metros de largo por 12 de ancho, se hunde un poco cada día. Luis calcula que ya van tres metros en 15 días.

'No sabemos qué habrá debajo. Nadie ha hecho nada por precaución. Los geólogos mandaron a cercar. Unos dicen que en el fondo hay una caverna y que por aquí pasa una falla geológica. Hasta piensan que el río está pasando por debajo del pueblo', dice Luis.


Algo de ciencia

Tres días duraron los sanandreseños construyendo el dique para esquivar la filtración. Le metieron pólvora a las rocas y con bultos de arena levantaron un pequeño muro que desvía, provisionalmente, el cauce normal del Listará.

Juan de Dios dice que están de suerte porque en verano el río se apacigua; sin embargo, decretaron la alerta naranja en el pueblo, porque hasta que no sepan a dónde fue a parar el agua, sienten que se enfrentan a una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento.

Realmente, esa es la gran preocupación. Todos en el pueblo quieren saber dónde está el agua que por tres días entró a raudales a un lugar que desconocen. Por eso, seis días después del insólito hecho, Daniel Ibáñez, geólogo de Ingeominas, visitó la zona y sus explicaciones intentaron poner orden a tantas conjeturas.

Ibáñez dijo que en el lugar se presentó un hundimiento del material que transporta la corriente del río, como rocas y arena. 'Se formaron unas grietas y a lo largo de esas grietas, se está filtrando el agua. Hueco no hay, sólo se ve la arena, el material y la roca, todo hundido'.

Eso ya lo había deducido Juan de Dios, pero el geólogo le explicó que habría dos formas de interpretar este fenómeno, que confiesa, ve por primera vez en los 21 años que lleva trabajando con suelos.

Su primera hipótesis tiene que ver con las rocas calizas que abundan en la zona y que se disuelven con facilidad. Eso ocurre, por ejemplo, en los alrededores de San Gil, donde hay muchas cuevas que se han formado porque las calizas se han desmoronado.

'Ahí en San Andrés se podría estar presentando la disolución de calizas que producen dolinas o cuevas', trató de explicar Ibáñez. Esto quiere decir que en el punto donde el río desapareció, en el fondo se asentó la caliza y encima se acumuló el material del río, luego se formó una cueva que es la que hace que el lugar se esté hundiendo.

La otra posibilidad para Ibáñez es que por debajo de la corriente principal del Listará, se hubiera producido una especie de 'lavado interno' y que eso generara el colapso por el que todos se preguntan en San Andrés.

Pero para saber realmente qué fue lo que pasó, hay que hacer estudios geofísicos que permitan mirar qué hay debajo del terreno. Juan de Dios está en la búsqueda de recursos para contratar este trabajo, pero en estos 15 días lo único concreto es un plan de tareas impresas en un papel que quedó firmado esta semana en la Gobernación de Santander.

A esto se suma, que el agua sigue sin aparecer y la solución, dice el geólogo, es echarle unos elementos especiales llamados trazadores, que serían la guía para descubrir el lugar a donde fueron a parar las aguas del Listará.

Pero nada de esto se ha hecho y mientras tanto, en el pueblo ya todos comentan las viejas historias que afirman que el río tiene dueña y que la última vez que apareció, las aguas se llevaron un trapiche entero y a un mudo que no pudo escapar de la repentina avalancha.


Furia con voz de mujer

Epimenio Jaimes García dice que hace 27 años, de la parte alta del Listará, se vino una avalancha en pleno verano, que fue como una tragedia anunciada.

Por lo menos, eso era lo que contaba la dueña del trapiche que arrastró el río. Epimenio afirma que fue un viernes, cerca de las tres de la tarde, cuando el cielo se empezó a oscurecer. 'Goteroneaba duro y luego se vino el aguacero. Cuando me asomé al corredor vi ese reborojón que venía a una altura como de 10 metros, arrastrando árboles y haciendo como un bojote', recuerda. Su casa se inundó por completo y él vio cuando se llevó el trapiche.

Don Jesús María, el papá de Luis, que no deja de fumar, dice que cuando eso ocurrió, su mamá, que ya era vieja, le dijo que un día antes de la avalancha una señora se le apareció pidiéndole panela, pero ella se negó. 'Contaba que esa mujer gorda y vestida de blanco, andaba como un mico por entre las piedras, que pedía panela y que como ella no le dio porque estaba ocupada en sus oficios, esta le dijo lo que pareció una sentencia: yo vuelvo a bajar, yo vuelvo. Hasta los perros le ladraron y se perdió subiendo a zancadas. Y así fue. Ella bajó, al otro día, convertida en avalancha'.

Doña Rosa, como se llamaba la dueña del trapiche que ya murió, siempre sostuvo que la que le avisó de la catástrofe fue la dueña del río. En San Andrés creen que las lagunas tienen dueñas y que son de las indias guanes que habitaron la región hace centurias. También, que de las lagunas salen esas aguas alborotadas que van a parar al Listará.

Y este no es el único mito que ronda al río. Ahora, dice uno de los habitantes, 'uno piensa en un mundo diferente lleno de cavernas, de cuevas, que hay corrientes y que por allá es que se filtran esas aguas. Como un mundo subterráneo que nada tiene que ver con nosotros'.

Otro habitante se acerca a la tienda principal de San Andrés, donde varios lugareños se han reunido a hablar de lo divino y lo humano. Dice que en el pueblo no se han presentado desastres naturales y que por eso la gente no se preocupa. 'Que no sea que nos pase como en Armero… ojalá que aquí en este pueblito no pase nada'.

Algunos confían en que si algo viene en camino, tendrá la gentileza de avisar.


Una oración por el agua

Rosa Herrera fue nuera de la otra Rosa, la dueña del trapiche. Y a ella le escuchó muchas veces el mito de la india que enfureció al Listará en pleno verano.

Rosa nació en San Andrés, pero fue durante 20 años maestra en Arauca donde convivió con indígenas y ahora trabaja en un colegio en Piedecuesta.

El día que desapareció el río ella estaba en el pueblo, en la ferias, y ante el desasosiego de la gente, se acordó de un rito indígena y por eso se dirigió al lugar evadiendo el control de la Policía, porque quería preguntarle al río qué era lo que le estaba pasando. 'Recogí un poco de agua que quiero mandar a bendecir para devolvérsela al río, pero bendita, y tirársela de lejos', dice.

Rosa creció en la vereda donde nace el Listará y asegura que el río no quiere que lo contaminen y que por eso se revela. Su análisis tiene algo de superstición pero también tiene un ingrediente que resultaría muy cierto: el Listará prefiere esconderse, a morir en medio de la inmundicia.

Mientras tanto, en San Andrés lo siguen buscando.

 

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