domingo 30 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

'Las bandas armadas son la reedición de los paramilitares'

¿Cuál es la lectura de la captura esta semana de los ex congresistas Luis Alberto Gil, Luis Alfonso Riaño y José Manuel Herrera,  de Convergencia Ciudadana, por presuntos pactos políticos con los ‘paras’?

L.V.: Antes se pensó que la parapolítica era un fenómeno de costeños. Y lo que se está viendo es que la parapolítica tenía otros asientos y muy fuertes, incluso uno de los más fuertes era Santander. Esto es un golpe muy fuerte a la parapolítica en Santander. Es el inicio de la recomposición del mapa político en Santander y puede favorecer un cambio importante. En las pasadas elecciones locales ya hubo cierto castigo a las irregularidades que habían venido haciendo. Ahora se avanza con decisiones muy fuertes como autos de detención y eso ayudará a despejar el panorama político de Santander.

¿Cuáles serían los efectos inmediatos de estas capturas?
L.V.: Esto crea una inestabilidad. Parte de esa fuerza política (que ahora es señalada por la Justicia)  había conquistado un poder muy grande, tanto en alcaldías como en gobernaciones. Esta señal de la justicia, aunque crea esa inestabilidad inmediata, puede servir para trasformar la política en Santander. Eso no está en mora de ocurrir. Hay que esperar a que terminen los procesos judiciales. Por ahora ese es un proceso que está en la mitad. Esperamos, tanto de la Corte Suprema de Justicia que ha iniciado estos procesos, como de la Fiscalía, que ha ido más lentamente, que agilicen los procesos.
Nosotros (Corporación Nuevo Arco Iris) hicimos nuestra tarea académica, ahora le toca a la justicia hacer lo que le corresponde para demostrar responsabilidades, cosa que no es fácil porque la justicia en Colombia tiene muchas presiones y a veces no se puede llegar al fondo de las cosas.

¿Ha mejorado el clima que se respira en la Corte y la Fiscalía, luego de los fuertes enfrentamientos con el Presidente?
L.V.: La Corte Suprema de Justicia y ahora la misma Fiscalía han recibido ataques muy duros desde el Palacio de Nariño y del mismo Presidente, involucrando figuras muy oscuras como ‘Tasmania’ en un primer momento y después ‘Job’. Yo creo que para la Corte Suprema no es fácil, pero ha encontrado un respaldo de los organismos internacionales que vienen a acompañarla como la Corte Penal Internacional y organizaciones  de derechos humanos como Human Rights Watch. Ahora hay un clima nuevo, interesante, y es el cambio de gobierno en Estados Unidos. Sin duda alguna, el tema de derechos humanos, de democracia, va a ser mucho más importante y eso influirá en Colombia. A eso se une el respaldo de la prensa y de la academia, que han dado el debate.

El tema es la democracia
¿Luego del informe anual de HRW, que llamó al Presidente a no obstaculizar las investigaciones por nexos de políticos de su entorno, empresarios y miembros de la fuerza pública con paramilitares, se podría pensar que hay una nueva mirada de las organizaciones de derechos humanos internacionales al conflicto colombiano?
L.V.: El tema de democracia no era un tema de preocupación de las ONGs internacionales, pero empieza a serlo. Ya no se trata únicamente de acumulación de violaciones de derechos humanos porque el tema de democracia está en el fondo. De hecho, a nosotros, para la investigación de parapolítica, nos respaldó el gobierno sueco, y aunque ha recibido cartas y ataques del gobierno colombiano, se ha sostenido en respaldarnos. Su cooperación es muy diciente.

¿Y a nivel interno?
L.V.: Toda la coalición del gobierno que es la coalición mayoritaria, que tenía mucho poder en el Congreso, que logró una reelección y le estaba apuntando a otra y está apuntando a otra, puede empezar a resquebrajarse y a mostrar fisuras. Hoy, -puede que mañana cambie la situación-, le queda muy difícil al gobierno reaccionar ante los organismos de justicia y a esto se suma que hay un trancón de crisis. El gobierno tiene que atender muchas crisis juntas como el tema económico que está muy duro, el tema de las ‘pirámides’ y de los ‘falsos positivos’. Yo tengo la esperanza de que se avance más en justicia, pero tengo también la esperanza de que muy pronto se les empiece a cobrar políticamente a los involucrados.

La Corporación Arco Iris ha insistido en el tema de las responsabilidades políticas.
L.V.: Es que cómo puede ser que cinco partidos (Colombia Democrática, Colombia Viva, Cambio Radical, Convergencia Ciudadana y Alas Equipo Colombia) que tienen a la mayoría de sus titulares presos o vinculados a la parapolítica, sigan actuando. No se disuelven. No se les pudo aplicar la ‘silla vacía’. Eso es muy grave. Para nosotros es muy importante la responsabilidad judicial, pero mucho más importante es la responsabilidad política. En el proceso 8.000 hubo menos responsabilidad judicial pero el partido Liberal se cayó y no ha podido regresar al poder. Hubo un cobro muy grande de la prensa capitalina y de los sectores de opinión. Pero ahora lo que se respira es que hay cierta condescendencia, y nadie, por ejemplo, le cobra fuerte al Presidente el hecho de no haber apoyado la ‘silla vacía’, que esté por encima el juego político, la gobernabilidad.

¿Se ha avanzado?
L.V.: Uno pasa del pesimismo al optimismo. ¿Será que empezó el fin?, ¿será este el principio para establecer responsabilidades políticas?, ¿será que la sociedad misma empezará a atribuir responsabilidades a sus gobernantes? Porque hasta ahora la discusión la ha dado la academia, algunos organismos de justicia, algunos medios de comunicación, la oposición, pero faltan sectores fundamentales como el empresarial y de aquellos políticos (por ejemplo del partido de La U o del partido Conservador), que no tienen nada que ver con los procesos de parapolítica, pero no se han atrevido a tomar distancia.

Y el ciudadano común y corriente. ¿Qué tanto ha reaccionado?
L.V.: Muy levemente. En algunas partes sí se han logado cambios. Por ejemplo en Cartagena, Barranquilla y en el departamento del Cesar se han dado cosas interesantes. Muchas veces esos partidos que obtuvieron mayorías en esos departamentos a los que les han pasado la cuenta de cobro, como es el caso de Santander, se han movido a otros y han obtenido mayoría de votos. Asombra que esos cinco partidos presentaron en las pasadas elecciones a 29 mil candidatos y ganaron en muchas partes.
Paralela a esa realidad hay otra muy triste y es que ya en la parte armada, rearmados de los que se habían desmovilizado, disidencias que no estuvieron en el proceso de paz o bandas emergentes, otra vez se han extendido por todo el país. Están en 246 municipios, son 102 grupos con 21 denominaciones diferentes.

Las bandas armadas
¿Cuál es el panorama actual?
L.V.: Hay dos preocupaciones. Primero, que los partidos de la parapolítica siguen y segundo, que se está reactivando todo ese fenómeno paramilitar. Y esto coincide con una pasividad muy grande de la fuerza pública, que está empeñada y con razón, y es legítimo, en atacar a las Farc y el ELN, pero otra vez, y sobre todo con las ‘Águilas Negras’, hay mucha tolerancia.

¿Qué les ayuda a multiplicarse?
L.V.: Por ejemplo, las ‘Águilas Negras’ tienen unas características muy parecidas a los ‘paras’ anteriores, porque están influyendo en el poder local y amenazando a líderes sociales y políticos. El ambiente que más les sirve a ellos es un ambiente de anomia, de desorden social, de irregularidad, de ilegalidad, y no solo atacan a las izquierdas o a proyectos políticos distintos. El tema no es de ideología sino de órdenes sociales. Necesitan que no haya tejido social, que no haya organizaciones comunitarias con principios, ni  líderes religiosos que orienten a las comunidades. Y amenazan a todo el mundo. Esas fueron las características de los anteriores grupos paramilitares.

¿Se repite la historia?
L.V.: Tienen tantas identidades, que uno dice: son la reedición de los paramilitares y van más hacia una tercera generación de paramilitares que a ser simples bandas aisladas ligadas al narcotráfico. Así eran los paramilitares de Castaño antes de que se agruparan. Hay un peligro muy grande y un llamado de atención al Estado para que no cometa los mismos errores del pasado.

¿Qué se necesita?
L.V.: Un sujeto político que asuma la responsabilidad. Y tiene que surgir de los mismos partidos, de los grandes partidos. Tiene que ser un sujeto purificador de la política, que se ponga en la tarea de sacar la violencia de la política, de deslindarla de las mafias, ese es el esfuerzo que hay que hacer.

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