domingo 12 de octubre de 2008 - 2:44 AM

Pitahaya amarilla de Santander, quiere ser ‘verde’

No se trata de una nueva variedad, no.

Lo que pretenden los cultivadores de pitahaya amarilla en Santander, es un producto biológico, sin utilización de químicos, es decir, una fruta verde, más sana.

Esa nueva agricultura, que va de la mano con el medio ambiente y desarrollo social de la comunidad, se tiene en las goteras de Bucaramanga en lo alto de las veredas Magueyes y Santa Rita, donde las siembras de esas plantas cactáceas con frutos llenos de mucílagos, ácidos orgánicos y glucósidos, cobijan un buen número de eras.

La pitahaya, descubierta por los conquistadores españoles en México, Colombia, Centroamérica y las Antillas, reúne a 35 sembradores con más de 40 hectáreas en la Asociación de Cultivadores de Pitahaya de Santander, Asopitahayeros, gremio que tiene clara la opción: un agro sano.

Capacitación

De acuerdo con César Celis Maldonado, presidente de la Asociación, los trabajos comenzaron en diciembre de 2006 con planes de capacitación auspiciados por el Sena en agroecología, cultivos orgánicos y buenas prácticas agrícolas.

'Si bien las certificaciones orgánicas no están a la vuelta de la esquina, ya llevamos un proceso en donde el cultivador ha entendido que lo orgánico, tiene un mejor mercado y además es más saludable, tanto para quienes lo van  consumir como para el productor', agregó.

Para Raúl Vargas Romero, director ejecutivo de Asopitahayeros, se pretenden fincas autosuficientes frente a una alternativa de producción en una zona donde el café, debido a los altos costos de producción (abonos y mano de obra, principalmente) está quedando a un lado.

'Con una hectárea de pitahaya puede vivir perfectamente una familia campesina, porque es rentable; siempre y cuando sea un proyecto integral que involucre a todo el ecosistema', sostuvo.

Abonos sanos

Para los directivos, la misma finca debe proveer los abonos o caldos microbiales con el fin de sustituir los abonos de síntesis química.

'Acá juega papel importante hasta la vaca de ordeño, pues ella nos produce el estiércol que será el alimento de las lombrices y posteriormente, el compost para abonar las frutas', agregó Vargas Romero.

Ese proyecto frutícola día a día se adentra en los planes de mejoramiento del cultivo, al punto que experimentan si las producciones son mejores en los 800 metros sobre el nivel del mar o en los 2.100 msnm.

'En las zonas más frías, la fruta se demora más, la producción es menos, pero el precio es mejor, pues sale cuando no hay pico de cosecha', sostiene.

Son consientes de que una fruta de calidad y biológica, les da la oportunidad de estar en el mercado externo, pues mientras el kilo se tasa a $2.500 en la finca; en una de las góndolas del mercado inglés se vendería a $16.000.
Por ahí, es el asunto.

El cuello  

Pero no todo es color de rosa para los pitahayeros; y es la comercialización, un escollo a superar.

Se tienen inversiones por hectárea que llegan a los $20 millones dejando instalado el cultivo, pero hay que sacar  otros $3 millones para sostenimiento mientras llegan las primeras frutas.

La cosecha sale toda junta, lo que lleva a que se inicie vendiendo los primeros kilos a $6.000 en puesto de finca y se termine en $2.500.

El mercado externo es una alternativa, pero están interesados en masificar el consumo de una fruta, que según su concepto, es muy saludable.

'Es un laxante suave y seguro; contiene antioxidantes que ayudan a la regeneración de las células; además de vitaminas y minerales. También se emplea en la confección de pan, pasteles, flanes, jugos y rodajas en almíbar'.

La herencia


Los pitahayeros tienen herencia y no propiamente, dinero.

Heredaron del cultivo de la curaba una plaga que afecta sus cojines florales y que es materia de preocupación por los daños que causa.

De acuerdo con Vargas Romero se trata de la mosca Dasiops sp, la cual perfora el cojín floral donde pone sus huevos y perfectamente puede sacar dos generaciones, mientras se conforma la fruta.

Para Orlando Celis Cuadros, cultivador asociado, la manera de controlarla es embolsando el cojín floral.

'Nos ha dado resultado, pues antes teníamos que buscar repelentes y aplicar a cada momento, lo que nos quitaba buena parte del día. Hasta la fecha, estamos satisfechos y retiramos la bolsa cuando comienza a formarse la fruta, sin encontrar anormalidades', sostuvo

Esa plaga puede afectar el 60% de la producción y si no se controla, cada día sus ataques serán mayores y los frutos totalmente deformados.

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