domingo 12 de octubre de 2008 - 2:35 AM

Soñar sí cuesta… y muy caro

Septiembre 15. 'Lunes negro' en Wall Street.  Los bancos anuncian su quiebra: Lehman Brothers se declara insolvente, Merrill Lynch es vendido al Bank of America y AIG solicita con urgencia un multimillonario crédito.

A partir de ese día ya no fue posible callar. La crisis financiera había estallado y bullía la desesperación. Salía a flote, por fin, lo que muchos hipotecarios de clase media habían afrontado desde junio de 2007, cuando por primera vez se encendió la alarma en la bolsa de Nueva York.

¿Quiénes son los hipotecarios? Las personas que solicitaron un crédito para comprar su casa –u otras propiedades- y que después no pudieron pagar. No son unos pocos.

¿Quiénes perdieron? Millones de jóvenes que adeudan préstamos estudiantiles, trabajadores con cuentas de jubilación patrocinadas por sus empleadores, la clase media que compró su casa y su carro a crédito y claro, los corredores de bolsa.

Quizá ellos fueron los más afectados. No sólo perdieron su dinero, también su estado emocional se vino al piso. No en vano sus caras consternadas ilustran la crisis financiera por la que atraviesa Estados Unidos y, de paso, el mundo.

El suicidio de un soñador

Septiembre 26. El banco Washington Mutual colapsa en la mayor quiebra bancaria hasta la fecha. Para paliar la crisis de algunos bancos, la empresa financiera JP Morgan Chase compra parte del banco WaMu por 1,900 millones de dólares. Los inversionistas están a punto de enloquecer.

Karthik Rajaram, un corredor de bolsa de 45 años originario de Los Ángeles, había ganado 1,2 millones de dólares gracias a los fondos de inversión en la bolsa de valores.

Según el periódico Daily Telegraph de Londres, en el año 2001, por una inversión de 21.800 dólares, Rajaram recibió cerca de 1.200.000 dólares.

Feliz, vendió su casa en 750 mil dólares. Considerando que en 1997 la compró en 274 mil dólares, Rajaram hizo un gran negocio. Pero las cosas empezaron a marchar mal. En 2004 trabajó para Azur Partners LLC, una consultora norteamericana, pero fue despedido a final de ese año.

 Entonces, y con la bonanza del negocio de las propiedades, Rajaram invirtió su dinero en bonos de inversión riesgosos que le traerían grandes ganancias precisamente por ser peligrosos.

Y perdió. Desde principio de este año aguantó callado la crisis hasta que no pudo más. Se suicidó. Pero antes se llevó con él a su familia.

De un disparo en la cabeza asesinó a su esposa Subasri, de 39 años, a su suegra Indra Ramasesham, de 69 años y a sus tres hijos: Krishna, de 19, Ganesha, de 12, y Arjuna, de 7. Ocurrió hace cinco días.

Mi casa, una 4X4


Septiembre 28. Legisladores se congratulan por el inminente acuerdo de rescate escalonado que comenzaría por la compra de 250,000 millones de dólares de deuda. Pero no se logró y la confianza, la base de las inversiones en la bolsa, se perdió, así como el dinero.     

Entre los perjudicados está Bárbara Harvey. Tiene 66 años y el fruto de su trabajo lo invirtió en fondos de pensión que se vinieron abajo con la crisis económica.

Bárbara Harvey vive hoy en una camioneta cuatro por cuatro con sus dos perros.  

Su hogar está en Santa Bárbara, California y aunque acosada, señaló a la cadena de noticias CNN que ella y sus dos perros caben perfectamente en la parte trasera del vehículo.

Parece que lo único que la inquieta es que a su edad, cuando esperaba vivir tranquila en su casa y con sus mascotas, tiene que pasar las noches en una camioneta y los días rodando por la carretera.

En la noche, a las siete, se abre el parqueadero dispuesto por la organización 'Nuevos Comienzos' para las personas sin hogar.

Nancy Karpp, trabajadora social de la organización, señaló que sólo en agosto, más de 300.000 hogares recibieron la notificación de ejecución de sus hipotecas, lo que representa una de cada 416 propiedades en Estados Unidos.

En el parqueadero viven 15 familias. Algunos se quedaron incluso sin carro porque también lo compraron a crédito.
Bárbara Harvey guarda su maleta en el baúl. Acomoda los asientos traseros cerca de los delanteros, extiende la colchoneta y saca sus cobijas.

Antes de dormir destapa su única cena: un yogurt. A veces recuerda que su hija llora y le dice que esta situación es una ignominia. Pero la joven nada puede hacer por ella: está en la universidad.

Bárbara perdió su casa pero aún se encarga de la educación de su hija menor, mientras que los hijos mayores le ayudan con los gastos personales.

Debe levantarse antes de las siete de la mañana para alcanzar a utilizar los baños públicos del estacionamiento. Y, como la organización no permite que los usuarios permanezcan allí todo el día, Bárbara tiene que deambular en su auto y con sus perros, gastando parte del dinero en gasolina.
Pero es optimista. Está segura de que la economía mejorará.

Ciudades carpa

Lunes 6 Octubre. La bolsa de Nueva York cerró en picada, mientras que la crisis financiera estadounidense se extiende a otras economías. Las bolsas latinoamericanas y europeas también registraron caídas históricas.

La Bolsa de Colombia bajó el 4,86%.
Octubre no va mejor.

Un estudio hecho por la Coalición Nacional para las personas Sin Hogar (NCH), demostró que la situación de la clase media en Estados Unidos empeoró en abril.
Los bancos, advertidos de la crisis que se avecinaba, se lanzaron a concentrar su capital, lo cual provocó más embargos. Max Pérez, originario de Iowa y que hoy vive en una carpa alrededor de la vía férrea en Reno, Nevada, es apenas uno más de las estadísticas.

Y Reno, por supuesto, es otra ciudad más que hace parte de la reciente aparición de las ciudades carpa.

¿Qué son? Las personas que se quedaron sin techo, optaron por extender una carpa y vivir allí. El fenómeno no sólo afecta al Estado de Nevada, también a Portland, Seatle, Tennesse y San Diego.

Max pagaba el alquiler de una habitación en  su natural Iowa.
Aunque su trabajo como auxiliar de construcción no iba del todo bien debido al descenso en el negocio de las propiedades, aún conservaba el empleo que consiguió en el año 2004.

Pero lo perdió a final de 2007, cuando su empleador lo sorprendió como damnificado de un recorte de personal.
Sin otras opciones emigró a Reno.

¿Qué podía hacer allí? Reno floreció a principio del siglo veinte gracias a los casinos. Pero desde principio de este año, este negocio perdió un 30 por ciento en ganancias y los propietarios despidieron personal.

Así que Max se topó con que en esta ciudad el panorama del empleo no estaba mejor. Entonces compró una carpa con lo poco que le quedaba y se estableció junto a otras 150 familias a lo largo de la vía férrea.

Para final de este mes, Reno se convertirá en una ciudad carpa.
Las autoridades locales decidieron construir un complejo de refugios y servicios para personas sin hogar. El complejo incluirá un refugio para hombres, otro aparte para mujeres y en otro espacio serán ubicadas las familias.

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