miércoles 01 de junio de 2022 - 1:05 PM

Más caluroso y con más enfermedades, así sería el mundo en 50 años

En las próximas cinco décadas la crisis climática provocará al menos 15.000 nuevos casos de transmisión de virus entre mamíferos, similar a lo que quizá ocurrió con el COVID-19.

Los murciélagos no tienen la culpa. Tampoco los cerdos, las vacas o las gallinas. Algunas de las enfermedades más importantes de la historia —por su incidencia y gravedad— han sido resultado del paso de virus y bacterias entre animales como esos y los humanos, pero la responsabilidad recae en los segundos.

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El Homo sapiens ha estado caminando y colonizando territorios africanos, europeos, asiáticos y americanos desde hace 190.000 años, lugares que habitaban hace por lo menos 15 millones de años varios de los animales enunciados (particularmente los murciélagos). Es una invasión por parte de los humanos, sin duda.

Tal expansión, junto con la ganadería (en general la domesticación de animales para el consumo), ha sido considerada una de las causas principales de las zoonosis en el planeta (transmisión de infecciones de animales a seres humanos).

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Ahora bien, de acuerdo con un estudio publicado a finales de abril de este año en la revista científica Nature, en las próximas décadas la expansión no será llevada a cabo solo por los humanos, también por los animales que, obligados por el calentamiento global (que es consecuencia del 95 % de las actividades humanas: industria, transporte, deforestación, minería, etc.) modificará tanto los hábitats silvestres que la mayoría de especies tendrán que desplazarse a zonas impensadas, muy cerca de los humanos, favoreciendo el intercambio de patógenos.

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Esta investigación es la primera en la historia de la ciencia que se atreve a cuantificar el número de veces que, se espera, los virus saltarán entre especies. El resultado es concluyente: durante los próximos 50 años, la crisis climática podría ocasionar más de 15.000 nuevos casos de virus transmitidos entre mamíferos, incluidos los humanos.

Frente a esta posibilidad, hablar de animales en concreto puede ser poco efectivo, pues en realidad cualquiera puede convertirse el día de mañana en un agente zoonótico “violentísimo”, tal como lo señala el profesor Jaime Mejía Jaramillo, médico veterinario y epidemiólogo. “Uno de los más graves y discriminados es el murciélago, involucrado, por ejemplo, en enfermedades como la rabia. El ser humano ha invadido sus espacios, hoy cohabitamos con ellos, incluso coevolucionamos”.

Si bien hasta la fecha no ha sido confirmado por los científicos, se conjetura que la actual coyuntura sanitaria inició cuando un coronavirus desconocido pasó de un animal salvaje (se ha hablado de murciélagos y pangolines) a un ser humano. En este sentido, el estudio reseñado se atreve a alertar que un aumento en los virus que saltan entre especies (no solo de animales a humanos) podría desencadenar más brotes, “esto representa una grave amenaza para la salud humana y animal por igual”, se lee en el artículo.

Aunque tener un contacto directo con un murciélago es poco probable, las zoonosis está casi a la vuelta de la esquina. Los animales domésticos, gatos y perros también pueden transmitir patógenos a los humanos si no están debidamente desparasitados y vacunados. Entre los que pueden saltar de unos a otros están, por ejemplo, los causantes de la rabia, la toxoplasmosis, la leishmaniosis y la bartonellosis (o enfermedad de Lyme), todas con un potencial altamente dañino para el organismo.

No obstante a esto, precisa William Sanabria González, referente técnico del Proyecto Zoonosis de la Secretaría de Salud de Medellín, hay saltos potencialmente más graves que los domésticos: aquellos producto de animales silvestres que son resultado de desequilibrios ecológicos. “Al ser alteradas las zonas silvestres (por la intervención humana), empiezan a hacerse cada vez más evidentes patologías que pueden generar gran afectación (ver Para saber más)”.

El estudio detallado

Bajo el título “El cambio climático aumenta el riesgo de transmisión viral entre especies”, la investigación construye un modelo de distribución de fauna que predice de qué manera se moverán los mamíferos con el objetivo de encontrar entornos más habitables a medida que el planeta se calienta.

Así, el modelo de transmisión de virus predice cuánta probabilidad hay de que un virus salte de una especie a otra por primera vez, teniendo como base fundamental el lugar en el que podrían encontrarse para ese momento, añadido a lo cual fue tenida en cuenta qué tan estrecha es su relación evolutiva, pues es más probable que los virus se transmitan entre especies relacionadas (por ejemplo, es mucho más probable que un bonobo, tipo de chimpancé, transmita un patógeno a un ser humano, del que podría decirse es primo lejano, a que lo haga un avestruz).

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Este estudio es “un primer paso crítico para comprender el riesgo futuro de la crisis climática y del uso de la tierra en la próxima pandemia”, dijo Kate Jones, profesional en el modelado de interacciones entre los ecosistemas y la salud humana en el University College of London, para la revista Nature.

Durante cinco años, los científicos implicados probaron simulaciones para las que combinaron modelos de transmisión de virus y distribución de especies en varios escenarios modificados por la crisis climática, centrándose sobre todo en los mamíferos debido a su importancia frente a la salud de los humanos (también mamíferos).

De este modo, la investigación logró predecir que gran parte de la transmisión de nuevos virus ocurrirá en el momento en que las especies silvestres se encuentren por primera vez, específicamente cuando comiencen a trasladarse a lugares más fríos para soportar el aumento de las temperaturas.

Así, el estudio proyecta que el fenómeno ocurrirá con mayor probabilidad y frecuencia en ecosistemas ricos en fauna silvestre, particularmente en África y Asia, además de en áreas densamente pobladas por los humanos, en concreto la región africana de Sahel, India e Indonesia. Desde cualquiera de estos lugares, una zoonosis con altos niveles de transmisión podría diseminarse por todo el mundo, tal como habría ocurrido con la covid-19, en razón de la creciente movilidad de individuos entre territorios.

En este orden de ideas y, suponiendo que en lo que queda de este siglo la Tierra se calentará no más de 2 grados centígrados, la cantidad de encuentros que se darán por primera vez entre especies se duplicará para el año 2070 creando, muy pronto, puntos críticos de transmisión viral.

Ante esta certeza, el ecologista de enfermedades Gregory Albery, docente de la Universidad de Georgetown, Washington, y coautor del estudio, afirma para Nature que “este trabajo brinda la evidencia más incontrovertible de que las próximas décadas no solo serán más calurosas, sino más enfermas”.

Los límites del estudio

Pese a que se trata de un ejercicio de pronóstico, que debe incluir suposiciones para poder llevarse a cabo, su amplitud y alcance es llamativo para los científicos y especialistas. Sin embargo, hay algunas precisiones importantes.

La primera es que los investigadores debieron suponer qué tan lejos y qué tan a lo ancho se extenderían las especies a medida que cambia el clima. Lo problemático allí son los factores adicionales, por ejemplo, qué tanta capacidad tendrían los mamíferos para adaptarse a las nuevas condiciones y qué tan sencillo sería para ellos cruzar con éxito montañas, ríos o desiertos.

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Por ahora, según el estudio, los murciélagos serían los más capacitados: pueden volar siendo capaces de sortear estas barreras físicas. De ahí que se espere que estén involucrados, sí o sí, en la transmisión viral.

Aunque suena alarmante, la profesional Jones da un parte de cautela al momento de discutir el riesgo que podría correr la salud de los humanos, pues hay otros factores que son de su dominio: una mayor inversión en atención médica, la búsqueda de nuevas perspectivas de desarrollo y la transición a energías y dietas más limpias que pueden reducir los riesgos para la salud. El estudio es también un llamado para las autoridades gubernamentales y de medio ambiente que tiene el fin de motivarlas a tomar las decisiones pertinentes.

¿Es posible prevenirlas?

Las zoonosis hacen parte de la evolución de las especies, señala el docente Mejía, de ahí que sea imposible evitarlas en un 100 %, sobre todo aquellas que implican a animales silvestres. Lo que sí es posible es controlarlas tal como ha podido hacerse con la pandemia del covid-19. “La ciencia ha avanzado bastante, ahora pueden encontrarse vacunas y métodos de mitigación”.

En ese mismo sentido, los esfuerzos para adaptarse y mitigar los efectos de la crisis climática deberán empezar a incorporar herramientas de vigilancia epidemiológica, de manera que puedan preverse y evitarse emergencias sanitarias como la actual. Así mismo, será crucial mejorar la infraestructura y el acceso a la salud.

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Finalmente, y a un nivel más micro, el especialista Sanabria recuerda que aquellas zoonosis que pueden darse entre animales domésticos y humanos sí son fácilmente evitables. Un buen manejo de los mismos, que incluya vacunación y desparasitación oportuna, en compañía de un médico veterinario, bastará. De igual modo, deben ponerse en práctica actividades de cuidadosa higiene al recoger heces y limpiar areneros, lavándose bien las manos después de cada contacto

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