Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin
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No, no hay vidas ‘desechables’, como de mala forma les dicen a quienes con su existencia errante optaron por las calles de día, hambrientos, sedientos para luego mimetizar sus soledades con las sombras de las noches. No se trata de algo que se usa y luego se bota. Algo inservible… Son seres humanos desarraigados en su propio entorno.


Término despectivo, insolidario, excluyente para quienes escogieron las aceras y el asfalto como casa, los andenes como lecho y la droga como compañía… Errabundos cuyo hogar es donde los coja la noche, viviendo ‘infiernos’ sin siquiera conocer el ‘paraíso’. Muchos mueren en esa ‘jungla’ antes de que alguien pueda rescatarlos del abandono propio.

Ellos son los habitantes de calle. Los mata la intolerancia y su apego al vicio. Un ‘cachito’, una ‘bicha’, una ‘papeleta’, una ‘pipa’, un andén, una palabra o un cartón pueden significar su final. En el caso de Bucaramanga y el área metropolitana, la situación es preocupante.

Sus vidas ahora se apagan de manera extraña, de manera sistemática, sin que se note. Pero al final, en los libros de la contabilidad funesta de Medicina Legal, donde no hay riesgos de que las lágrimas corran los números, las hojas parecieran evidenciar el saldo en rojo de una deuda social que muestra que el 16% de los homicidios ocurridos en las calles este año han sido contra habitantes de calle. Van 25 asesinados.

Allá afuera, donde el firmamento es el techo de su morada, no hay piedad con nadie, menos con quienes están desprotegidos desafiando al prójimo indolente por una migaja de pan, por una moneda.

En la capital de Santander, de acuerdo con el último censo del Dane, hay 1.448 habitantes de calle. En toda el área metropolitana la cifra alcanza los 1.960. El 87% son hombres y el 13% mujeres.

Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin

Iván René Garzón es uno de ellos. De sus 28 años, 14, la mitad de su vida, ha permanecido en la calle. María* lleva 18 de sus 31 años en la misma condición. El desencadenante de sus ruinas es el mismo: las drogas.

69,3%
De los habitantes de calle de Bucaramanga y el área, dicen llevar más de 5 años en esta condición.

Iván y María* son personas visibles pero ‘invisibles’ ante los ojos de muchos, batallando a diario en una ciudad salvaje que los señala, los devora, los olvida, los borra.

“La vida en la calle es ‘redurísima’, no se la aconsejo ni a mi peor enemigo, no es saberla vivir sino sobrevivir. Somos seres humanos, merecemos algo más grande…”. Digno quizá. Saben que el hollín los ‘perfuma’, que el desprecio los sume en esos silencios que más bien parecen delirios de quien de manera permanente charla con su yo imaginario.

Saben que perdieron cuando se fueron de la mano con el demonio de la droga, pero no hallan el camino de regreso sumidos en el placer mortífero de una aspirada, con los pulmones apelmazados de pegamento, humo tóxico generado en las pipas elaboradas con pitillos de cartón, cascos de plástico de lapiceros, tapas de refrescos extraídos de las canecas que hurgan tratando de encontrar cada día algo que sacie el hambre que ‘aúlla’ en su interior.

Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin

“No esperen a caer a la calle para morir durmiendo en el suelo, sin familia”, dice Iván, a quien la calle le ha robado casi todo, menos la lucidez y la coherencia de sus palabras, al menos no todavía.

Algunas zonas del Centro - Norte de Bucaramanga parecen el purgatorio. Son ‘calientes’ aun cuando la luna releva al sol, refugiados bajo cartones y trapos raídos que les dan cobijo a la muerte que les llega silente a cuchillo, bala, piedra o apretujada con las manos de quienes guardan fuerzas para estrangularlos con odio. El 80% de los asesinatos han ocurrido en esta zona, la mayoría, entre las 8:00 p.m. y la medianoche.

Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin

Por eso ahora, el insomnio también hace parte de largas vigilias de terror porque se convierten en los vigilantes de su propia existencia. Son noctámbulos, duermen de día para estar despiertos cuando el peligro más acecha, cuando la soledad y la oscuridad se convierten en aliados de quienes quieran hacerles daño.

Iván René tiene claros los riesgos, “estamos expuestos a que nos maten por un bazuco al caer dormidos, que me vean durmiendo y me quemen, me peguen una puñalada, un ‘rocazo’ en la cabeza. Que saquen un fierro y me peguen un tiro por no saber tomar, no saber hablar, por llegar a lugares en el momento que no tocaba; que por una papeleta, un trago o una mala palabra arrastren mi vida”… Las palabras de Iván son el reflejo de amistades perdidas y por eso no quiere ser la próxima víctima. En su adicción, terminan convertidos en una especie de ‘zombis del delito’.

Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin

Los mata la intolerancia

Hay quienes piensan que la seguidilla de homicidios contra ‘indigentes’ es una mal llamada limpieza social. Sin embargo, son problemas derivados de la intolerancia, el consumo y el tráfico de estupefacientes.

El mayor Nicolás Suárez, comandante de la Sijin de Bucaramanga, asegura que “hay causas importantes en la pérdida de estas vidas humanas. Una obedece a la alta intolerancia de estas personas, dibujada por la misma falta de educación, el mundo que los rodea y las personas irritables que confluyen allí.

“Cualquier situación que ellos realicen o se vean implicados, algún comentario, una mala palabra, una mala expresión, puede ser objeto de una lesión con arma cortopunzante”.

De las investigaciones hay videos donde se ve que discuten, por ejemplo, porque al prender una pipa la persona que aspira demasiado fuerte quema la dosis en una sola fumada, eso genera una riña. Conductas que a la luz de cualquiera resultan irrisorias, pero que para ellos es literalmente la muerte.

“Hay causas importantes en la pérdida de estas vidas humanas. Una obedece a la alta intolerancia de estas personas”.
Mayor Nicolás Suárez
Comandante de la Sijin

“A veces va un habitante de calle caminando por un sector y se orilla a descansar en un punto, pero ese sitio tiene de ‘dueño’ a otro habitante de calle. Eso también puede desatar una riña fatal. Pelear por un cartón, por cosas sin valor que para ellos significan mucho”.

Pero Suárez insiste en que la lucha por el tráfico de estupefacientes hace que terminen confrontados. “El habitante de calle que, por ejemplo, vive en el norte de Bucaramanga y lo descubren en el Centro comprando bazuco, le preguntan ¿usted por qué está comprando en tal lado?.. Y ¡tenga!, termina en homicidio. Es una población vulnerable”.

El desespero por el consumo sumado a quienes los utilizan para el ‘lleva y trae’ también es un detonante de crímenes.

“Les dicen: hágame un favor, recoja el paquete con bazuco en tal punto, téngalo y llévelo en su carreta o costal a tal lado. El adicto abre la bolsa, saca varias ‘bichas’, se las fuma y cuando llega con la mercancía incompleta termina asesinado”.

Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin

María* coincide con esas hipótesis, “a veces los mismos de las ollas lo mandan a matar a uno, a los consumidores, porque les deben, porque compran en otro lado, porque le mandan a uno a hacer algún mandado que mate a alguien, que lleve esto y uno no lo hace, pero le recibe droga, entonces lo mandan a matar”.

La versión de María* no está alejada de la realidad. Este año, en Piedecuesta, un habitante de calle fue asesinado por un jíbaro, según investigaciones de la Sijin.

“Hubo un caso donde un expendedor de estupefacientes que tenía a cargo una de las principales ollas con injerencia en Piedecuesta, conocido como Dubalier Sanabria Trujillo. Él asesinó a uno a sangre fría. Mientras dormía le causó una lesión con arma cortopunzante en el tórax y le quitó la vida de inmediato. Hemos recibido información de que ocurrió porque el habitante de calle estaba comprando estupefacientes en otra olla, a otro jíbaro”, relató el comandante de la Sijin.

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Un ‘negocio callejero’

Estas personas son ‘desechables’ para la mayoría, menos para las mafias locales que los mantienen amarrados a millonarios mercados de ilegalidad, porque son mano de obra barata y reemplazable.

A diario, un habitante de calle alcanza a consumir hasta 15 ‘bichas’ de bazuco a $2.000 cada una. Es decir, unos $30.000. Esa es la razón por la que en todas las ciudades las bandas se disputan a muerte ese mercado cautivo de la indigencia.

En toda el área, contando los casi 2.000 habitantes de calle, alcanzarían un consumo cercano a los 60 millones de pesos diarios; $1.800 millones al mes. Ese es el ‘target’ de los que, se supone, no tienen cómo pagar por nada. Un mercado que de alguna forma patrocinan de manera inconsciente quienes se ‘conduelen’ y les dan ‘la liga’.

El transporte de droga es para el habitante de calle una actividad riesgosa. No tanto por la posibilidad de que sean detenidos porque, según dicen, las autoridades casi ni los requisan; sino porque los dueños de la ‘merca’ no aceptan excusas; si no la entregan tienen que pagarla de alguna manera… Hasta con su vida.

Habitantes de calle en Bucaramanga. Homicidios, estupefacientes, Sijin

De acuerdo con los datos de la Sijin, el ajuste de cuentas se ha dado solo en dos casos de homicidio contra habitantes de calle este año, los demás son resultado de la intolerancia.

En cuanto al esclarecimiento de estos crímenes, en 2021 han resuelto nueve, otros tres tienen vocación de éxito, es decir, se sabe quién es la persona indiciada y las autoridades trabajan en sus capturas. Los demás están en indagación.

Con 6 y 4 casos respectivamente, mayo y abril fueron los meses con más habitantes de calles asesinados este año.

“Hay casos muy complejos que ocurren en zonas boscosas, a altas horas de la noche, sin luz, donde al llegar la Policía a hacerla inspección no hay testigos, no hay cámaras, las evidencias son pocas. A ello se suma que les da temor testificar porque su refugio es la calle y al declarar a la Policía sus vidas corren riesgo”.

Temen, sienten, sufren, pasan hambre, se angustian, tienen familiares, quienes se alegraron al verlos nacer y los lloran al verlos sufrir y morir. Su mayor valor es la vida, aunque el estigma social los siga ‘tatuando’ como ‘desechables’.

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¿Quiénes eran estas víctimas?

En total, 16 de los habitantes de calle asesinados este año en Bucaramanga y el área eran personas reincidentes en distintas conductas y contaban con 97 registros de anotaciones judiciales. Entre las más recurrentes son tráfico de estupefacientes (53), hurto (13), lesiones personales (8) y fuga de presos (8). También se reportó la participación de algunas víctimas en delitos como porte de armas de fuego, concierto para delinquir, homicidio, amenazas y receptación.

Para precisar, dos de las víctimas fatales eran integrantes de organizaciones criminales que fueron desarticuladas por la Sijin y fueron capturados por delitos graves.

Luego de ocupar estos roles en esas organizaciones criminales pasaron a ser habitantes de calle por la degradación de la personas, debido al consumo excesivo de estupefacientes.


3143600387
El número de la Sijin al que usted puede llamar para dar información que lleve a la captura de los perpetradores de estos crímenes.


En Bucaramanga hay 1.448 habitantes de calle. En toda el área metropolitana la cifra alcanza los 1.960.



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¿Quién está matando a los habitantes de calle en Bucaramanga?
Noviembre 4 de 2021

Periodista: Yuriana Calderón Alsina
Diseño gráfico y desarrollo web: Dohalfre Pinto Freile
Fotografía: Diego Carvajal, Jaime del Río, Marco Valencia, Jaime Moreno.
Edición de video: Milton Velosa

Todos los derechos reservados Galvis Ramírez & Cia S.A.
Bucaramanga - Colombia - 2021.

Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular

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