martes 06 de febrero de 2024 - 12:00 AM

Conozca a la mujer que durante 40 años ha cambiado vidas en Asopormen

María Eugenia Acuña Macías llegó a la institución cuando sólo tenía 18 años. Desde hace 34 años es la Directora Ejecutiva de Asopormen, entidad sin ánimo de lucro que nació hace 58 años en Bucaramanga, y que presta servicios en salud, educación, cultura, deporte, recreación, capacitación y asistencia a la población en general, especialmente a niñas, niños y adolescentes con discapacidad y sus familias. Esta es la historia de una mujer inspiradora, alguien que deja huella y que transforma vidas.
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Sencillez y pasión por su trabajo son dos cualidades que describen 40 años de vida profesional de María Eugenia Acuña Macías, 34 de ellos como Directora Ejecutiva de Asopormen, entidad santandereana que trabaja de manera integral por la rehabilitación de personas con discapacidad.

Siendo bachiller y con escasos 18 años, María Eugenia llegó a la institución con una misión: hacer un reemplazo de una licencia de maternidad. En este entonces la nómina no pasaba de cinco empleados. En 1984, Asopormen era un centro educativo para personas con discapacidad y por eso, su cargo inicial fue Auxiliar Docente. En esa institución, como ella lo dice, estudiaba alguien que lleva en su corazón: María Isabel, una hermana con síndrome de Down.

Las semanas de trabajo se fueron prolongando y María Eugenia logró ser contratada de manera directa. Su vocación administrativa la llevó a estudiar Gestión Empresarial en la UIS, con enfoque a la creación de empresas. “Así, dejé de ser auxiliar de niños y pasé a ser auxiliar de tramitaciones, luego pasé al área contable a manejar la contabilidad, y después, en 1989, ya fui promovida a Directora Ejecutiva”, relata con su habitual carisma.

María Eugenia es una mujer inspiradora, alguien que deja huella, que transforma vidas. Uno de sus aciertos para que Asopormen lleve más de medio siglo de servicio es su interés por investigar e ir adelante en el tratamiento integral de rehabilitación de personas con alguna discapacidad. Por eso, también se especializó en Finanzas en la UNAB. “Me fortalecí en la parte administrativa para seguir llevando la institución, obviamente junto a mi equipo de trabajo, hacia lo que yo veía que era el futuro de la atención de personas con discapacidad”.

Como parte de ese reto para adaptar nuevos métodos y hacer nuevas inversiones, esta especialista hizo visitas de referenciación a Estados Unidos y a Bogotá, donde conoció exitosas experiencias en entidades homólogas. “Yo presento los proyectos y la Junta Directiva tiene a bien apoyarlos, porque los sustentamos muy bien. Somos un equipo multidisciplinario muy idóneo... Yo llevo la batuta, pero me ayudan a que suene la orquesta”, expresa.

Sin embargo, no todos los caminos han sido fáciles y en los primeros años como Directora su labor no siempre fue respaldada. Esos años le dejaron una gran lección, que siempre cuando tiene oportunidad la comparte: “Es fundamental creer en la gente, no cortar alas, sino escucharla, porque todos tenemos que aprender de todos”.

Sin duda, esta mujer es una visionaria y una profesional que ha sabido asumir retos y entregar resultados. “Cuando yo asumí la Dirección era una institución de muy pocos recursos económicos, nos tocaba con las uñas y los auxilios que nos daba el gobierno”, recuerda entre sus múltiples anécdotas. “Nos decían que nos debíamos transformar para no desaparecer. Yo la veía como está ahora, yo la visualizaba creciendo y que teníamos que ser la mejor del oriente colombiano en tratamientos de rehabilitación”, agrega.

Actualmente, Asopormen cuenta con cuatro sedes, tres de ellas en Bucaramanga (dos en el barrio Sotomayor y otra en Bolarquí), y una en San Gil. Su talento humano lo integran 420 personas de forma directa y a través de sus múltiples servicios y programas logró atender 2.200 beneficiarios en 2023.

¡40 años, toda una vida!

El pasado jueves 1 de febrero María Eugenia cumplió 40 años en la institución. Con su habitual tranquilidad y amabilidad al conversar, cuenta que han sido 40 años durante los cuales sólo ha prestado un servicio con mucha pasión. “Me encanta lo que hago, me llena y me satisface”, dice en medio de una sonrisa que dibuja su rostro.

Y es que ella tiene el entusiasmo propio de quien se estrena en un trabajo. Habla de continuo crecimiento institucional y de formar un centro de investigación, del invaluable respaldo otorgado por las Juntas Directivas, del engranaje con sus equipos de trabajo y de esa privilegiada mirada que le dio la vida frente a la discapacidad. “Tal vez el hecho de tener una hermana con síndrome de Down nos ha sensibilizado a toda la familia. Ese mismo amor se lo inculqué a mis tres hijos; mis hijos crecieron en esta institución, jugaron con niños con discapacidad y las cosas que tenían las compartían con ellos, entonces ese mismo amor lo transmití a mi familia”.

Con su evidente sencillez, al referirse a los mayores logros profesionales en cuatro décadas, habla del trabajo institucional que ha transformado vidas de muchos niños y adultos. “Son niños que nunca han tenido posibilidades de rehabilitación y aquí encuentran un sitio para ellos, donde son reconocidos como personas, eso nos satisface muchísimo y me llena de felicidad”.

Y es que el trabajo de Asopormen, liderado por María Eugenia, ha logrado tan exitosos resultados en su larga trayectoria, que hoy es un referente nacional e internacional. Personas de instituciones de Perú, Ecuador y Panamá han hecho acercamientos para replicar este modelo en sus países. Incluso, de algunas ciudades de Colombia, entre ellas Bogotá, les han solicitado que abran sedes allí.

Coherente con su misión, en la nómina de Asopormen hay personas vinculadas que en algún momento fueron pacientes. “Somos una institución realmente humana y siento que todos quienes estamos vinculados a ella somos una gran familia”, dice.

La humildad es la base de todo, expresa finalmente cuando se le pregunta por ‘el secreto’ de su liderazgo. Entre risas, dice que “yo soy como muy auténtica, yo utilizo muchos dichos y expresiones que quizás la gente joven no entiende, pero la gente le copia a uno y lo sigue. Lo mío no es un discurso preparado, es como yo lo sienta y lo viva”.

Quizás por esto, luego de años y vivencias, muchos pacientes y excompañeros de trabajo que hoy están en otros países laborando, la recuerdan con gran cariño y le reconocen sus aportes profesionales. “Me escriben mucho y me llaman, eso es increíble. Uno cree que no deja huella, pero sí he dejado huella, eso es señal de que no hice mal la tarea”, puntualiza con marcada simpatía.

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