martes 21 de julio de 2020 - 12:00 AM

La Organización Femenina Popular, 48 años defendiendo la vida, el territorio y la paz en el Magdalena Medio

La OFP fue creada hace 48 años en Barrancabermeja. Ha sido un adalid de resistencia civil, coraje y resiliencia para hombres y mujeres en Colombia. Su sede principal se constituyó en la Casa de la Memoria y los Derechos Humanos de las Mujeres, un referente mundial de la red internacional de museos de mujeres en el tema del conflicto armado.
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Cuando Nancy Acevedo supo que quedarse en la vereda Carmen de Cucú (San Pablo, sur del departamento de Bolívar) no era una opción viable y segura para ella y su familia, pues sus vidas corrían peligro por las amenazas de los paramilitares a toda la comunidad que vivía en esta zona, decidió tomar sus pertenencias junto con su esposo y “coger camino” hacia el municipio santandereano de Puerto Wilches, donde empezarían una nueva vida y buscarían nuevas oportunidades para salir adelante.

“Todos sabemos que venir del campo a la ciudad es difícil porque no tenemos empleo, vivienda, pero ahí aprendí a sacar adelante mi familia, trabajando en una parte y otra, y así logré sacarlos adelante”, señala.

Los primeros años fueron complejos para esta víctima del desplazamiento forzado, pues la falta de oportunidades estaba a la orden del día. Sin embargo, no se dejó quebrantar por la situación y se dio cuenta que su perseverancia, lucha diaria y compromiso eran más fuertes que su miedo a desertar de brindarle una mejor calidad de vida a su familia.

En este duro y arduo camino por cumplir el sueño de obtener bienestar en un lugar seguro, Nancy se encontró con un grupo de mujeres que tenía una historia similar a la suya y que compartía ese anhelo de querer dejar su pasado atrás y cambiar su futuro por uno mejor.

“Un logro mío fue cuando conocí a la Organización Femenina Popular en Puerto Wilches, que me ayudó a participar, a liderar... Estábamos en una reunión en la alcaldía y allí encontramos a una compañera de la Organización que estaba haciendo su trabajo, su proceso organizativo... allí me enteré que existía la Organización y empecé a hacer parte de la OFP. Después de más de 20 años, puedo expresar que la organización contribuyó en mi proceso de hacerme lideresa, esto lo evidenció hoy en mi rol de coordinadora regional, además reforzó mi ejercicio como sujeta política, mujer empoderada y sorora.”

48 años de lucha

Hace 48 años, en Barrancabermeja nació la Organización Femenina Popular, OFP, que se ha convertido en un proyecto de vida para un sinnúmero de mujeres y familias de la zona del Magdalena Medio. Esta organización, con un enfoque feminista popular, desde el cual ha construido ciudad, región y país con hombres, mujeres, movimientos sociales, con unos y otros como lo indica Yolanda Becerra Vega, una de las directivas de la OFP y con 40 años de activismo.

“La Organización Femenina Popular ha vivido varias etapas. Nació en un contexto que responde a las necesidades concretas que tenían para la época las mujeres, porque Barrancabermeja fue construida desde las recuperaciones de tierra y las mujeres jugaron un papel importante. Fue una forma de sacar a la mujer de la casa, pero también de recuperar su dignidad y que viera más allá... que formara su proyecto de vida, que no era sólo ser ama de casa o prostituta. Ahí inicia un ejercicio de recuperación y proyección de sus vidas”, expresa.

La época de violencia por parte de grupos armados y los enfrentamientos con Policía y Ejército en una zona como el Magdalena Medio santandereano, trajo varios ataques y persecuciones a sus integrantes y a la institución, la más antigua de mujeres en Colombia.

Uno de los hechos que marcaron la agresión contra este movimiento feminista popular se dio en 2001 cuando un grupo de paramilitares irrumpió en sus instalaciones y se llevaron todo lo que encontraron a su paso, desde las puertas hasta las ventanas de la sede ubicada en el barrio La Paz, en Barrancabermeja.

“La Organización tiene 148 hechos de agresión. Vivió todos los hechos victimizantes contra las mujeres de base y del equipo de dirección”, recuerda Yolanda. Amenazas, persecuciones, asesinatos, torturas y violencia sexual se suman a los ataques en su contra, circunstancias que la ha fortalecido, para en ningún momento a lo largo de casi medio siglo bajara los brazos y, por el contrario, continuara con su trabajo en medio de la cruenta guerra que se vivió en esta zona del país.

Sigue la resistencia

En su informe “¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad”, el Grupo de Memoria Histórica publicó las cifras de la violencia en Colombia, en las que el Registro de la Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas reporta 166.069 civiles como víctimas fatales del conflicto armado desde 1985 hasta marzo de 2013.

Esta misma fuente evidencia que la dimensión no letal de la violencia del conflicto armado hasta 31 de marzo de 2013 es: 25.007 desaparecidos, 1.754 víctimas de violencia sexual, 6.421 niños, niñas y adolescentes reclutados por grupos armados y 4 millones 744 mil 46 personas desplazadas. Mientras que las mujeres que han sufrido un impacto diferenciado y desproporcional en el conflicto armado representan el 51% de las víctimas de desplazamiento forzado, el 81% las víctimas de violencia sexual, el 7,6% de las víctimas de desaparición forzadas y el 10,4% de las víctimas de homicidio.

Es de resaltar que el trabajo de la Organización Femenina Popular inicialmente se desarrolló de la mano de la Diócesis de Barrancabermeja. No obstante, para la década de los 80 se separa y establece su autonomía como organización, así como la inculca en los integrantes de su movimiento.

“A mitad y finales de los 90 iniciamos un proceso de resistencia y es una opción en la definición política de la Organización, donde da un paso adelante para defender la vida en el territorio y seguir defendiendo su autonomía frente a los actores armados”, afirma Yolanda Becerra.

El feminismo popular es la bandera de la OFP y se centra en que las mujeres aprendan a tomar sus propias decisiones, tanto para ellas, como para el territorio y la comunidad, así como lo hace este colectivo asumiendo el costo de la defensa de sus derechos.

Componente social

Con el objetivo de dignificar la vida de las mujeres, sus familias y contribuir en la transformación de sus realidades, la Organización Femenina Popular desde su génesis ha realizado programas de capacitación en diversos artes y oficios, ha promovido junto con otros actores la recuperación de tierras, así como la construcción de viviendas a partir de propuestas de autogestión.

A esto se suma el apoyo a barrios pobres para el mejoramiento de su infraestructura y de sus equipamientos urbanos y la formación e investigación que comprende programas de centros de información, publicaciones y talleres, entre otros. “Estos reflejaban un método de pedagogía popular desarrollada mediante programas, conmemoraciones, encuentros, comités, convocatorias, charlas y conferencias”, resalta la OFP.

También consolidó un programa de economía solidaria y seguridad alimentaria con el propósito de crear condiciones alternativas para la superación del hambre y la desnutrición de las mujeres y sus familias por causa del empobrecimiento de las comunidades. En esta área, la OFP logró tener una red de 24 comedores en regiones como Magdalena Medio, Bogotá, Cartagena y Neiva, los cuales suministraban diariamente un promedio de 200 almuerzos a comunidades de barrios populares.

Simbología que destaca

La dignidad es una característica que más resalta la OFP, pues de ahí se desencadena el trabajo de reconstrucción que realizan día a día. “La guerra mata todo, la vida, la esperanza, la economía, los sueños... todo. De ahí que nosotros reconstruyéramos desde las cenizas, de lo que quedó, del dolor, de la pérdida... así hicimos una apuesta en la reparación colectiva después de unos acuerdos con el Gobierno Nacional y la Unidad de Víctimas en el cual avanzamos hasta el 52%, ya que el Gobierno no cumplió con todos los acuerdos que tenía con la Organización”, expresa la lideresa Yolanda Becerra.

Lo más loable es que siempre se ha reconocido a las víctimas como lo que son: víctimas, algo que no rapta ni les quita su dignidad, pues su único objetivo es defender sus derechos, definirlos y reconstruir su fuerza, ya que como lo manifiestan “no nos avergonzamos, no renunciamos y no queremos esconder nuestra esencia y nuestra apuesta”.

Los instrumentos simbólicos han jugado un papel determinante como expresión de resistencia civil en la Organización Femenina Popular, entre ellos se encuentran las batas negras que representan su postura frente a la guerra y muestran la realidad de tantas viudas y huérfanas que ha dejado la guerra.

“Otro de los símbolos son las llaves, pues a nosotras llegaron a quitarnos una sede para poner un comando paramilitar y nuestras compañeras resistieron y se negaron a entregarlas. Hubo amenazas, pero no las entregamos y se convirtió en uno de nuestros símbolos. Así como la frase: Hagámosle el amor al miedo”.

La olla vacía que representa la dignidad y los derechos, “el derecho al trabajo, la educación, la alimentación, la salud... todos los derechos los cocinamos en esa olla”. Muchas de las marchas y movimientos que realizan la OFP están marcados por el tejido de la cinta de colores que representa unidad y diversidad; las flores amarillas que simbolizan resistencia y las velas encendidas o las luces, como una oda a generar nuevas energías para la vida.

Trabajo sin tregua

Durante sus años de actividad, la Organización Femenina Popular ha centrado su trabajo en la zona del Magdalena Medio, aunque en los cinco últimos años ha extendido su accionar a otros municipios santandereanos, iniciativa que proyecta seguir ampliando. Hoy, la OFP hace presencia en siete municipios de tres departamentos del país: Girón, Puerto Wilches, Sabana de Torres y Barrancabermeja (Santander); San Pablo y Cantagallo (Bolívar) y Yondó (Antioquia).

Dentro de las proyecciones a corto plazo de la OFP están la autosostenibilidad económica, tanto de forma colectiva, es decir, como organización, y de forma individual, con cada una de sus activistas. A esto se suma el fortalecimiento de la Casa de la Memoria y los Derechos Humanos de las Mujeres, una iniciativa sin precedentes en América Latina.

“Estamos enfocadas en crear autosostenibilidad económica para los procesos sociales y políticos, porque cada vez se vuelve más difícil hacer prioridad los derechos. La organización necesita recursos, pues antes venían de cooperación internacional, que también han cambiado de prioridad, por esto cada día se vuelve más difícil y eso va en detrimento de estos procesos. Nosotras venimos siendo conscientes de que los procesos no pueden acabar por la insolvencia económica, sino que debemos crear nuestra autosostenibilidad para continuar con nuestro trabajo”, explica la vocera de la OFP.

Con este enfoque se proyectó La Comunera, un centro bionatural ubicado en Lebrija, que está en su etapa inicial y se prevé abrir en noviembre de este año. Su objetivo es impulsar los emprendimientos agroecológicos de las mujeres de ese municipio y sectores aledaños.

Además de ser una vitrina comercial de productos agrícolas, “lo que tratamos es que haya laboratorios en buenas prácticas ambientales, tecnificación... también intercambio de conocimiento y experiencias. Esta es una ventana para que personas interesadas en generar acuerdos de comercialización, opten por este espacio demostrativo”, explica Silvia Marcela Yáñez Moreno, integrante de la coordinación de la OFP.

A esta iniciativa se suma Bazarte App, aplicación que permite al usuario ingresar a un centro comercial virtual de emprendedores populares para adquirir diversos productos. Luego de un mes de haber sido lanzada la aplicación ya cuenta con 300 descargas y 50 emprendedores activos. Como la anterior iniciativa, el objetivo es impulsar los pequeños negocios de las comunidades para que generen ingresos sostenibles.

Y en la búsqueda de mayores espacios educativos y comunicativos a las mujeres, comunidades y procesos sociales de Barrancabermeja y el Magdalena Medio, surgió la idea de la Emisora Comunitaria La Mohana 91.2f.m., un medio abierto, inclusivo, democrático, participativo y amplio, con una perspectiva de género. Hoy se tiene la viabilidad por parte del MinTic y se desarrolla el proceso para poder estar al aire en junio de 2021.

El museo del conflicto y la paz

Como un espacio de memoria histórica, orientado a reconstruir de manera pedagógica y cultural el conflicto armado y sensibilizar hacia el compromiso de toda la sociedad hacia la no repetición de la guerra, nace la Casa de la Memoria y los Derechos Humanos de las Mujeres.

“Este espacio museal está construido en las dimensiones del ser... Del ser territorio, del ser víctima del conflicto armado, del ser sobreviviente y del ser constructora de paz desde lo cotidiano”, explica Silvia Yáñez.

En la casa museo, que se abrió hace un año, durante 45 minutos los visitantes pueden hacer un recorrido cultural y pedagógico que les permite conocer cómo Barrancabermeja y Santander han aportado en temas como derecho al trabajo, derechos sindicales, resiliencia al conflicto armado y la construcción de paz, entre otros.

“El museo además tiene un centro de documentación con mucha información sobre el conflicto armado en Santander y el Magdalena Medio. Hay periódicos, noticias, videos y un banco como de tres mil fotografías desde 1972 a la fecha”. Actualmente, este material es apoyo documental para dos investigaciones académicas que realizan universidades de Liverpool y Stanford.

La Casa de la Memoria y los Derechos Humanos de las Mujeres es el primer museo en Colombia centrado en el conflicto armado; a su vez, es un referente en el tema de importancia en América Latina y el Caribe hispano hablante, así como en España, siendo la comunidad valenciana su principal financiador.

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