domingo 17 de enero de 2010 - 10:00 AM

37 años de experiencia se imprimen en cada producto

A sus 13 años Gerardo Ochoa Pinzón estaba enamorado de los tipos, reglillas y el olor a tinta.

En ese tiempo reproducir un pasquín o hacer una fotocopia era todo un arte que requería genialidad, paciencia y dominio de técnicas que se trabajaban sigilosamente en talleres tipográficos.

'En el colegio nos pasaban por diferentes talleres, entre esos el de tipografía, aprendí fácilmente y uno le agarra amor a eso', asegura.  

Estudió, como muchos de vieja data que todavía siguen en el negocio, en el Colegio Salesiano de Bucaramanga, caracterizado por graduar jóvenes bachilleres con cierta experticia en algunas labores como la tipografía y la litografía.

Luego con título en mano y conocimiento del campo, trabajó algunos años en pequeños negocios donde adquirió más experiencia.

Y es que esta labor se aprende en la universidad de la vida, ya que las labores manuales han sido reemplazadas por software de diseño gráfico e imprentas más sofisticadas.

'En eso duré cuatro años y luego me conseguí un socio para comprar una maquinita de tipografía y comenzamos a hacer tarjetas y sellos tipográficos'.

La máquina les costó $20 mil, que a pesos de hoy equivaldrían a aproximadamente $20 millones.

Conseguir la inversión para ellos no fue fácil.  Además de unos cuantos ahorros tuvieron que recurrir a varias cuentas familiares.

Finalmente terminaron montando el taller La Perfección ubicado en la carrera 11 con calle 42.  

'Cuando eso no había competencia, estábamos sólo dos trabajando en eso', asegura este empresario.

Del taller La Perfección, se desprendieron dos talleres más, ya que las relaciones entre los socios no empezaron a marchar muy bien.

Sin embargo él se ha mantenido con Litochoa, que nació de esa división, y por su empresa han pasado clientes importantes como Ecopetrol, Constructura HG y el Centro Colombo-Americano.

Pese a que sus hijos, como él mismo dice, muy poco frecuentan la empresa y se han dedicado al derecho y la medicina, él se aferra a ver su negocio más grande y con máquinas modernas y rápidas.

Los sellos una tradición


Don Gerardo recuerda muy bien quién le compartió el secreto para hacer los sellos de caucho: Marco Aurelio Núñez.

'Nosotros le compramos a él y nos enseñó la fórmula porque eso era un secreto. No dejaban entrar a ninguno. Ya cuando empezamos les enseñamos a uno y a otro.
El secreto consistía en levantar el molde tipográfico, hacer una masa de arcilla, que pasaba por calor. En caucho se cortaba una lámina de acuerdo al tamaño del sello y a base de presión quedaba grabado. 'Ese era todo el misterio', concluye.

Pero además para los sellos de madera había que tener herramientas básicas de carpintería.

'Eso tiene mucha demanda, lo que pasa es que ahora hay mucha tecnología y todo es moderno'.

Los sellos se distribuían en casi todas las tipografías de Bucaramanga, Barrancabermeja, San Gil, Socorro y Barbosa.

También producían los famosos ‘sellos de cajita’.
Hacían en promedio 150 sellos diarios, un negocio que era rentable.

Aún en su oficina tiene sellos que él mismo produjo hace 20 años.

Según relata, la mayoría de sellos eran fabricados para las Juntas de Acción Comunal ya que se hacían por lo menos cinco de cada vereda.

Para ese tiempo el sello era tan importante como lo es hoy la firma digita.

Hoy ya no producen sellos, ya que al negocio le salió bastante competencia y por eso se dedicó a la litografía.

'Cada sello lo vendíamos nosotros casi a $3 a los talleres, pero ellos lo vendían casi a $10, a nosotros nos salía más costoso hacerlos y la ganancia se quedaba para quienes los comercializaban en pequeñas tiendas.  

EN CINCO AÑOS

En cinco años Litochoa tendrá instalaciones más amplias y renovación de su maquinaria.

Así lo consigna Don Gerardo en la misión y visión que construyó de su empresa y que lee tal y como está escrita. Ese es su sueño.

Es un empresario que cree que las empresas tradicionales deben renovarse con capital joven.

Sin embargo, la renovación de su empresa la había proyectado para hace poco más de diez años.

Sin embargo la catastrófica crisis económica que el país vivió durante la década del 90 lo obligó a tener que posponerla.

'Ya tenía todo preparado pero la crisis también nos tocó fuertemente, entonces fui sacando de a poco de los ahorros que tenía para pagar las cuentas', relata Ochoa Pinzón.

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