viernes 28 de febrero de 2020 - 10:00 AM

A Norte de Santander serán trasladados dos de los cuerpos identificados de la avalancha en Piedecuesta

Blanca Belén Ropero Osorio y su hija de 5 años, son hasta ahora las dos víctimas mortales de la tragedia en zona rural en Piedecuesta que fueron plenamente identificadas. Sus honras fúnebres se llevarán a cabo en el corregimiento de San Pablo, en Norte de Santander.
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Hasta el cielo de Bucaramanga ‘lloró’, con un ligero aguacero, al contemplar el duelo que llevan a cuestas los familiares de Blanca Belén Ropero Osorio y su hija de 5 años.

Madre e hija son hasta ahora las dos únicas víctimas fatales de la tragedia invernal de Piedecuesta plenamente identificadas, por lo que sus seres queridos adelantaban los trámites en Medicina Legal para reclamar los cuerpos y darles cristiana sepultura.

Blanca y su pequeña serán llevadas al corregimiento de San Pablo, jurisdicción de Teorama, Norte de Santander, donde los esperan para darles el último adiós.

Justo de aquel pequeño pueblo habían salido madre e hija hace dos años a buscar una mejor vida en Piedecuesta, Santander.

El espíritu de servicio que caracterizaba a Ropero Osorio, de 49 años, le ayudó para pronto encontrar trabajo. Le encargaron el cuidado de un adulto mayor en la vereda San Francisco Alto del municipio ‘Garrotero’.

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“Ella estaba súper amañada. Ahí no le faltaba nada, vivía feliz con su niña y se la rebuscaba trabajando en la casa de un vecino de la vereda. No tenía planes de irse pa’ algún otro lado”, señaló Henry Durán, familiar de la víctima.

Pero la impredecible fuerza de la madre naturaleza acabaría de tajo con la vida de la mamita y su hija. Ocurrió el pasado miércoles en la madrugada cuando en medio de un torrencial aguacero se presentó un deslizamiento de tierra que las sepultó mientras dormían en su habitación.

“Yo estaba en el casco urbano de Piedecuesta cuando como a las 4:00 a.m. me llaman y me dicen que había sucedido una tragedia, que subiera inmediatamente”.

“Di aviso a la Policía y aún lloviendo subí con una machete por una loma hasta la vereda, no se veía nada y los derrumbes habían borrado toda la carretera. Para cuando llegué mi cuñadita y su hija estaban muertas... La comunidad las había rescatado sin vida”, agregó el familiar con la voz entrecortada.

Si bien a Henry le causa dolor decirle adiós a sus seres queridos, agradece que en medio de tanta tragedia y desolación los cuerpo de ellas, contrario a las otras víctimas, fueron rescatados rápido y así pronto pondrán descansar en paz.

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