jueves 19 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Joven armado protagonizó cinematográfico secuestro

Como si se tratara de una película de Hollywood, ayer un joven de 17 años protagonizó durante cinco horas un secuestro pasional que terminó,  luego de que un hombre del Gaula de la Policía, arriesgando su vida, desarmó al trastornado adolescente.

El hecho, que paralizó y mantuvo en vilo durante toda la tarde al centro de la ciudad, se empezó a tejer a la 1:15 p.m. en la calle 34 entre carreras 16 y 17, en un edificio de tres pisos donde funciona una fábrica de calzado.

A esa hora el adolescente llegó a la fábrica en busca de su ex novia, una joven de 19 años llamada Maricela Jaimes, con quien tres meses atrás había terminado una relación sentimental de año y medio.

Luego de intercambiar varias palabras y que Maricela le dijera que no quería hablar más con él, el joven desenfundó una pistola calibre nueve milímetros y le apuntó.

En ese momento un empleado de la fábrica, pensando que se trataba de un atraco increpó al joven quien lo golpeó con la cacha del arma. Por fortuna el empleado alcanzó a salir del local, cogió un taxi y se dirigió a un centro médico donde le suturaron la herida.

'A mí me dijeron que estaban robando en la fábrica de calzado y cuando llegué estaba un tipo apuntándole en la cabeza a un joven. Yo me fui y llamé a la Policía', dijo un vigilante informal del sector.


Secuestrada por desamor

En minutos, un ‘enjambre’ de policías llegó al sitio. La calle 34 fue acordonada desde la carrera 17 hasta la 16, mientras que hombres del Gaula, la Sijin y de Inteligencia de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, tomaban posiciones.

Cinco minutos después de que el secuestro fue reportado, llegó al lugar el comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, brigadier general Yesid Vásquez Prada, quien estuvo al mando del operativo.

Para hacerle frente a la retención, la Policía escogió a varios negociadores del Guala que tenían la misión de entablar comunicación con el perturbado joven, quien según las autoridades, estaba bajo los efectos de sustancias alucinógenas.

El tiempo transcurría y por cada minuto que pasaba, la situación se hacía más tensa. La presión creció luego de que por más de una hora, las negociaciones no avanzaran, pues el secuestrador no daba a conocer sus pretensiones.

No obstante, durante ese tiempo la joven secuestrada recibió golpes, insultos y reproches por parte de su ex novio, quien le apuntaba en la cabeza con una pistola con la que la amenazaba de muerte.

La pareja permanecía parada en la mitad de las escaleras que van del primer al segundo piso. Desde allí los policías intentaban convencer al joven de que entregara el arma.

Mientras los negociadores del Gaula hacían su trabajo, una docena de policías tomó posiciones en el edificio de tres pisos y desde locales contiguos,    ingresaron al sitio en el que el joven mantenía retenida a su ex novia.


Sedantes y ruegos

En vista de que el diálogo no avanzaba y para tratar de calmar al secuestrador, los policías intentaron sedarlo diluyendo varios tranquilizantes en una gaseosa que luego le ofrecieron.

Sin embargo el joven, intuyendo las intenciones de los policías, se negó a tomar la gaseosa e incluso no quiso beber del agua en botella que los uniformados le brindaron.

A las 3:05 de la tarde llegó al sitio la mamá del joven secuestrador quien al percatarse del amplio despliegue de la Policía temió lo peor. La mujer se tendió en el piso a llorar por lo que tuvo que ser auxiliada por varios patrulleros, quienes la tranquilizaron y la informaron de la situación.

La mujer de 45 años, madre de 15 hijos, recibió instrucciones por parte de los investigadores de la Sijin y el Gaula y entró a hablar con su hijo. Diez minutos después salió desconsolada porque no logró que su hijo le entregara la pistola.

'Me dijo que el desamor lo había llevado a tomar esa decisión. Le pedí que me entregara el arma pero no quiso', dijo la señora.

Un hermano del secuestrador, un tío y hasta un amigo entraron y hablaron con él pero el perturbado joven no entendía razones.


Un carro, una moto y US$2 mil

Las horas pasaban y por fin el secuestrador accedió a pedir algo. Primero solicitó un vehículo para salir del lugar con su ex novia.

La Policía aceptó y parqueó frente al local un vehículo negro con las puertas abiertas. Por más de una hora esperaron a que el joven saliera pero por diversas razones, siendo la principal que no sabía manejar, se negó.

Luego le dijo a los negociadores que quería US$2 mil y una motocicleta. De nuevo la Policía cumplió con la exigencia y estacionó frente al local la moto con dos chalecos y dos cascos. No pasó lo mismo con la petición de la plata, que le fue negada.

Pero los chiflidos de la muchedumbre que se agolpó en las esquinas a la espera de un desenlace, cerca de 200 personas, hacían que el joven se arrepintiera de salir.


El fin de la angustia

A las 6:05 de la tarde el secuestrador se alistó para salir del edificio. Caminó hasta el pasillo y se detuvo en la puerta de la entrada. Delante de él iba Maricela Jaimes con el rostro lleno de angustia y con un arma de fuego tallándole la espalda.

Uno de los negociadores se paró en el andén y arriesgando su vida, para salvaguardar la de la joven y su ex novio, se abalanzó contra el secuestrador y luego de forcejear con él logró quit-arle la pistola.

Mientras eso ocurría, otro Policía se encargó de arrebatarle de sus brazos a la joven, quien fue subida de inmediato a una ambulancia que la condujo a la Policlínica donde fue atendida.

Producto de la situación el joven secuestrador se desmayó. Varios policías lo alzaron y lo subieron en otra ambulancia que lo llevó al Hospital Universitario de Santander, HUS, donde según las autoridades permanece bajo custodia.

'Gracias al trabajo planeado para salvaguardar la vida tanto de la víctima como del secuestrador, logramos llegar a un feliz término. El trabajo de los policías fue excelente. La joven está bien al igual que su ex novio quien quedará a disposición de la Comisaría de Familia', indicó en medio de aplausos de los curiosos el brigadier general Yesid Vásquez Prada, comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga.


La historia de amor

Según los familiares de Maricela Jaimes, de 19 años, ella conoció a su ex novio cuando él estaba recluido en Hogares Claret a donde llegó a realizar una pasantía como parte de los estudios que adelantaba en el Sena. Allí le enseñó al joven a leer y a escribir y luego se fueron enamorando. Juntos convivieron durante año y medio pero hace tres meses se separaron ya que él la golpeaba. Por esa razón pesaba en su contra una denuncia en la Fiscalía por lesiones personales. Ahora, por los hechos de ayer, el adolescente, quien según las autoridades tiene antecedentes por hurto, deberá afrontar un proceso por secuestro simple, porte ilegal de armas de fuego y lesiones personales.


El negociador

Para ganarse la confianza del joven uno de los investigadores de la Policía se hizo pasar como Pastor de una iglesia. La idea de las autoridades, antes de utilizar la fuerza, era preservar la vida tanto de la joven como de su ex novio. El supuesto Pastor interactuó por varios minutos con el joven hasta ganarse su confianza. Sin embargo el adolescente  se alcanzó a dar cuanta de que el hombre con el que estaba hablando llevaba puesto bajo su camisa un chaleco antibalas. 'Lo voy a matar por sapo', le dijo el secuestrador al supuesto Pastor al tiempo que le puso la pistola en su cabeza. Luego de que el hombre le explicó que se lo habían puesto las autoridades como medida de seguridad, el descontrolado joven bajó el arma y continuó con la negociación.


Ocho mujeres en peligro

A las 3:15 de la tarde, dos horas después de que empezó la emergencia, uno de los hombres de la Policía que ingresó al edificio donde el joven de 17 años mantenía secuestrada a su ex novia, observó a varias mujeres que estaban en el segundo piso.

Entonces, previendo que el perturbado joven podría tomarlas también como rehenes, agravando aún más la situación, planearon la forma de sacarlas por la ventana que da a la calle 34.

A las 3:30 al sitio llegó una máquina del Cuerpo de Bomberos de Bucaramanga, la cual desplegó una de sus escaleras hasta el segundo piso para rescatar por la ventana a ocho mujeres que estaban en crisis nerviosa.

'Cuando me di cuenta de que el tipo tenía un arma de fuego en sus manos, cerré la puerta y les dije a mis compañeras lo que había visto. Escuchamos gritos y ahí decidimos encerrarnos en el baño por dos horas. Luego salimos y le hicimos señas a un Policía para que se diera cuenta de que estábamos encerradas', relató una de las angustiadas mujeres que trabaja en una fábrica de confecciones en el segundo piso del edificio.

 

LAS DOS CARAS DEL SUFRIMIENTO

Mientras que adentro del edificio, el joven de 17 años amenazaba de muerte a su ex novia, a fuera las madres de los dos protagonistas de esta historia, padecían su propio sufrimiento. Yanet García, de 45 años, la mamá del secuestrador, imploraba a la Policía para que no le hicieran daño a su hijo. 'Él no es malo, es más, conoce de la palabra de Dios. Su sueño es irse para la Marina, pero el desamor lo hizo cometer esa locura', dijo. Junto a Yanet estaba Blanca Inés Orduz, la madre de Maricela Jaimes, la joven secuestrada. Las lágrimas que bajaban por sus mejillas expresaban su temor porque algo saliera mal. 'Mi hija es una niña trabajadora. Ellos eran novios pero él le pegaba mucho, por eso fue que se separaron', afirmó.

Anoche, las dos madres durmieron tranquilas porque pese a lo dramático de la situación, sus hijos están con vida.

La joven reside en el barrio La Cumbre, en Floridablanca. Él vive en el barrio Girardot, de Bucaramanga.

 

LA VOZ DEL EXPERTO

Relaciones de codependencia

Jairo Velandia

Psicólogo

'Una de las dificultades de la sociedad actual que explica comportamientos como el de este joven, parte de la falta de educación y el aprendizaje para manejar las emociones. Por otro lado se encuentra el estereotipo que se ha creado del amor, que tiene que ver más con la posesión del otro. Más allá de la edad, las personas no tienen la capacidad de manejar una situación de ruptura y son muy comunes  las  relaciones de codependencia, en la cual la persona piensa que existe sólo al tener al otro. Al presentarse una pérdida, se origina una sensación de desvalía, comportamientos de suicidio y deseos de atentar contra otros'.

 

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