viernes 19 de junio de 2009 - 10:32 AM

Así se descubrió que Esteban no estaba secuestrado sino muerto

'Mi vida se acabó'

El martes 16 de junio a las 8:00 de la mañana el papá de Johana Macías, su esposo y un hermano, llegaron al Gaula de la Policía para reclamar por la falta de resultados en la investigación.

Tras una reunión de 30 minutos los familiares del bebé regresaron a su casa en Piedecuesta felices porque les dijeron que el proceso iba muy bien. Antes de contarle a Johana Macías los avances del caso, su papá le dijo que los investigadores irían más tarde porque necesitaban hablar algo urgente con ella. Treinta minutos después un agente del Gaula, que tenía la orden de permanecer en la casa de Johana las 24 horas, se comunicó con los investigadores y les informó que se había presentado una situación caótica en la vivienda.

A las 10:00 de la mañana los investigadores arribaron al barrio Chacarita y encontraron a la mamá de Johana Macías desmayada y con las pulsaciones bajas.
Segundos después quien se desmayó fue el papá de Johana, quien alcanzó a decirle a uno de los investigadores: 'Mi vida se acabó'.

Se presume, por las reacciones de los abuelos maternos de Esteban Alejandro, quienes fueron conducidos de urgencia a una clínica, que Johana Macías les habría confesado ser la responsable de la muerte de su pequeño hijo.
Horas después el enigma creado alrededor del paradero de Esteban sería resuelto.

Enredo de versiones
A ciencia cierta los investigadores no supieron qué fue lo que Johana les dijo a sus padres para que se hubiesen desmayado. Sin embargo, intuyeron que se trataba de una confesión y por eso, siempre tratándola como la víctima del proceso, le hicieron varias preguntas.

Presa de la presión, a las 2:30 de la tarde de ese martes, Johana les dijo a los investigadores que ella había abandonado a Esteban Alejandro en un paraje en el sector de Pescadero.
A los 10 minutos cambió su versión y aseguró que desde hacía varios días venía recibiendo llamadas en las que le decían que debía entregarle el bebé a una mujer en Pescadero a cambio de no atentar contra su vida, la de su esposo y la de su otra hija de año y medio.

Con esa información varios hombres del Gaula se desplazaron al sitio y tras un barrido de dos horas y media optaron por regresar pues no encontraron nada.
De manera misteriosa Johana les propuso a los investigadores que ella podría ir con ellos al lugar en el que entregó al bebé, para que tuvieran más pistas.
Incrédulos pero aplicando el rigor de todo investigador, una comisión del Gaula partió a las 3:45 de la tarde para el lugar, acompañados por la mamá de Esteban, en busca de alguna pista que encaminara la investigación sobre el soporte de la nueva versión que entregó Johana.

'Sí, yo lo hice'
La comisión subió dos veces desde el peaje de Pescadero hasta la entrada del Parque Nacional del Chicamocha sin que ella pudiera recordar el sitio exacto en el que supuestamente había entregado al bebé.

Cuando ya iban a regresar, Johana les pidió a los investigadores que subieran por última vez. Accediendo a su petición ellos regresaron y a tres kilómetros del peaje la mujer señaló el sitio.

El oficial que lideraba la investigación les pidió a sus hombres que registraran el lugar en busca de evidencias.
Llama la atención un detalle, hasta ahora desconocido, sobre el agente que encontró la bolsa con el cuerpo del bebé. Al llegar al lugar apegado a su fe oró y le pidió a Dios que si en ese sitio había alguna pista se la mostrara.

Fue entonces cuando la brisa, ausente hasta ese momento, levantó un penetrante y nauseabundo olor, que fue percibido hasta por la mamá de Esteban.
La brisa siguió y de paso trajo consigo la respuesta a la oración del investigador quien observó una bolsa naranja ligeramente tapada con arena, donde estaba el cuerpo sin vida de Esteban.

Ante el hallazgo, Johana Macías no pudo ocultar más su patraña, agarró fuertemente las manos de un investigador y con lágrimas en sus ojos repitió varias veces esta frase que aún retumba en las mentes de quienes estaban allí: 'Sí yo lo hice, fui yo, yo lo hice'.

Las instalaciones del Gaula se constituyeron en el centro de operaciones. Allí los investigadores debían llegar a las 5:00 de la mañana para comenzar los trabajos, los cuales terminaban a las 2:00 de la madrugada del día siguiente, es decir, que los investigadores sólo tenían tres horas para dormir. Durante los ocho días que duró el proceso investigativo, los hombres del Gaula trabajaron 168 horas y durante esa semana sólo durmieron 24 horas.

Dos Clarividentes
 
Dos clarividentes que se comunicaron con el Gaula de la Policía llamaron la atención de las autoridades. El primero de ellos lo hizo desde Bogotá y dijo ser miembro de una comunidad cristiana. En ese relato el vidente describió algunas circunstancias de tipo familiar que vivía la pareja, las cuales según los investigadores fueron acertadas.

El otro clarividente llamó desde una vereda ubicada en el municipio de Santander y en su comunicación describió un perfil sicológico de Johana Macías, el cual, en efecto, coincidía con el que ya las autoridades habían elaborado. Sin embargo, en ninguna de las dos comunicaciones los videntes descifraron la ubicación del bebé y menos el fatal desenlace que tuvo la historia.

Llamadas y viajes        
  
En total, sumando las dos llamadas de los clarividentes, al Gaula y al Centro de Despacho Automático de la Policía Metropolitana de Bucaramanga ingresaron cerca de mil llamadas relacionadas con el caso de Esteban. Paralelamente a las llamadas, los investigadores debían descartar cualquier información relacionada con el paradero de Esteban Alejandro. Para ello viajaron a Cundinamarca, Barrancabermeja, Bogotá, Cúcuta y Boyacá, de donde regresaron con las manos vacías.

Pan y gaseosa

Las extenuantes y largas jornadas laborales de los investigadores, presionados para dar resultados por los familiares del bebé, la opinión pública e inclusive por el presidente Álvaro Uribe Vélez, los hizo olvidarse hasta de la comida. En consecuencia durante los ocho días del proceso investigativo una mogolla y una gaseosa hacían de desayuno, almuerzo y comida.

En el mejor de los casos, un pollo asado con papa, que tenían que devorar en segundos, cumplía con la necesidad que, dadas las circunstancias, quedó relegada. Hasta el hambre se les fue a los hombres del Gaula.

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