sábado 07 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Dolor y llanto dejó la muerte de cinco personas en fatal accidente

Las puertas de Medicina Legal se convirtieron ayer en la sala de espera para los familiares de las cinco personas que perecieron de manera trágica luego de que el jueves en la tarde el camión en el que se transportaban rodó 150 metros por un abismo, en jurisdicción del municipio de Cepitá, Santander.

Sumidos en el mismo dolor, cada familiar tenía una historia por contar acerca de su ser querido. Un recuerdo, la última llamada y hasta los sueños de las cinco víctimas, fueron relatados para menguar en parte el dolor de la muerte y afianzar la resignación de quienes hoy lloran de tristeza.

Ellos, los familiares de las cinco personas que murieron en el accidente, desahogaron su dolor hablando de cuando sus parientes estaban vivos. Sus voces fueron las que ayer repasaron las vidas de las víctimas y los instantes previos a la tragedia.


'Bajó a mercar'

Uno de los hombres que murió en el accidente fue Néstor Gómez Suárez, de 50 años, casado y padre de cinco hijos, con edades entre los 4 y 21 años.

'Ese día como todos los jueves bajó a mercar a Centroabastos. Él tenía una tienda, por eso bajaba a comprar verduras, frutas y abarrotes. Como siempre contrató el camión de don Facundo que era el encargado de transportar mercados y gente en el pueblo', recordó Luis Efraín Gómez, hermano de la víctima.

A las 12:00 del mediodía el camión de placas RAH-101, modelo 52 salió de Centroabastos y partió para el municipio de Cepitá, a 36 kilómetros de Bucaramanga, en la Provincia de García Rovira.

'En el camino dicen que recogió más gente y que cuando estaban en ‘La Variante’, cinco kilómetros adelante de Cepitá, se le apagó el camión y luego rodó por el abismo', recordó Luis Efraín.

Néstor iba en la cabina del camión, el cual terminó convertido en chatarra tras el accidente. Su cuerpo sin vida fue encontrado entre los hierros retorcidos del pesado vehículo.

'Vivía de lo que le producía la tienda que tenía en su casa en la vereda Laguada. Él era el segundo de siete hermanos y desde hace tres años estaba viviendo en Cepitá', agregó el hermano de la víctima.

Ayer los despojos mortales de Gómez Suárez fueron trasladados al municipio de San Andrés, Santander, de donde es oriunda su familia.

 

Juntos a la eternidad

Una pareja de esposos también murió en el accidente. Se trata de Evangelista Jaimes Rojas, de 52 años, quien pereció en el lugar del accidente y Ernesto Bedoya Rodríguez, de 60 años, que falleció cuando recibía atención médica en el Hospital Universitario de Santander, HUS.

'Ellos bajaron al pueblo a mercar porque estaban viviendo con mi mamá en una finca en la vereda Laguada desde hace tres meses. Uno nunca sabe cuándo le va a llegar la hora y lamentablemente les tocó', dijo una hermana de Evangelista.

Ayer los cuerpos de las víctimas fueron conducidos al municipio de Cepitá donde serán velados y sepultados.

El último fin de semana la pareja de esposos, que no tenían hijos, lo pasó en el barrio Las Villas, en Floridablanca, donde una hermana de Evangelista.

'Les dije que no se fueran porque debido a las lluvias la carretera estaba en malas condiciones. Igual se fueron y llegaron, pero dos días después ocurrió el accidente. Lo último que Evangelista me regaló fue una Biblia para que la llevara cuando fuera a la iglesia', añadió la hermana de la víctima.


Toda una vida manejando

Otra de las víctimas fatales fue Facundo Bueno Bohórquez, de 48 años, conductor y propietario del camión que rodó por el abismo. 'Él tenía una finca en Cepitá y bajaba a Bucaramanga a llevar mercados. Mi papá llevaba 35 años manejando, desde los 13 aprendió', dijo uno de los hijos de la víctima. El cuerpo de Bueno Bohórquez es velado en una funeraria de Bucaramanga, ciudad donde también será sepultado.


Un angelito en el cielo

Los tíos fueron los encargados de reclamar el cuerpo sin vida de una niña de seis años que pereció en el fatal accidente. Los padres de la pequeña, quienes también iban en el camión, se encuentran en grave estado en el HUS. Según los médicos, Omar Augusto Álvarez Bueno, de 35 años, sufrió trauma craneoencefálico severo y politraumatismo, al igual que su esposa María Sergia Quiñónez Carrero, de 28 años, quienes aún no saben que su hija murió en el accidente. 'Por ahora no queremos hablar, espero que nos entienda', dijo un tío de la niña.

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