martes 20 de octubre de 2020 - 12:00 AM

El drama de una familia que soporta el flagelo del secuestro en Santander

Los seres queridos de Nicolás Ayala Cala, de 20 años, secuestrado hace casi dos meses, se aferran a sus recuerdos y al amor para superar la triste pérdida. El cuerpo fue hallado en zona rural. Conozca la historia.
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Arropados por la penumbra de las incipientes madrugadas, tratando de viajar con la mente y el espíritu, imaginando el sitio donde estaría el sobrino, especulando con pálpitos tristes, aún esperanzadores, algunos tíos de Nicolás Ayala Cala se daban cita varias veces a la semana a la vera del camino para tomar café, mezclando ese aroma con el que se le escapa por la corona a la fruta insignia del pueblo.

La mañana, aún distante, los convocaba al tinto para delirar con el anhelo de volver a abrazar al mayor de la prole, quien nunca decía que no, al que todos le decían ‘sí tío’ por su obediencia.

“A la una de la madrugada nos íbamos hacia arriba, a la salida del pueblo cerca a la finca de papá, porque no podíamos dormir. En eso anduvimos desde que desapareció, anhelando que terminara la pesadilla porque no había razones para que se lo llevaran”.

Pero los tíos, muchos con formación castrense, claudicaban, porque la ‘guerra’ contra el corazón es más dura, duele más cuando es por la familia.

Después, ya con el amanecer, el patriarca los convocaba a la estancia espaciosa de la sala en la casa de la finca desde donde quizá muchas veces, además de percibir los cultivos, oteó el andar del mayor de la veintena de nietos, los surcos por donde de seguro Nicolás corrió de niño.

Allí, el héroe de todos, a los 77 años, los sentaba en torno suyo para decirles que tenían que ser fuertes, que debían seguir adelante, aunque el dolor también corroía el alma del ‘nono’, don Ricaurte Cala Cala.

Cuando se dieron cuenta Nicolás ya no estaba. El motocarro que manejaba apareció cerca al claustro donde apenas hace tres años terminó el bachillerato para comenzar a desarrollar su idilio por los motores.

“Quería estudiar motores. Ya había terminado un ciclo de Mecánica Diesel en el Sena y estaba en Mecatrónica.

“Su disposición para con la familia era total. Incluso para enseñarles a los demás primos a manejar cicla.

“Era quien llevaba a la nona, a las tías, a las primas a sus citas médicas en Bucaramanga, porque era el único que sabía manejar; es que a los 14 años condujo un doble troque. Lo aprendió bien pela’o.

“Ese día andaba en el motocarro que una tía compró, con el compromiso de que solo él lo condujera...”

Nelly Cala, su mamá, se quedó esperándolo; Carlos Ayala, su papá, se recrimina por andar sumido en su trabajo, viajando muchas veces, aunque él fuera uno de los inspiradores de la disciplina férrea que habitaba a Nicolás, a pesar de sus recién cumplidas dos décadas.

Soñaba con un taller especializado, con ayudar a la familia, echar pa’lante con la buena enseñanza que lo rodeó desde la humildad de su hogar.

Creía que todo era posible, como lo expresó en ese mensaje premonitorio que dejó como imagen, como un papelito en su estado en redes: “¡Ustedes pueden”!

Reveló su crimen
Interceptaciones de llamadas telefónicas, controles técnicos y otras actividades judiciales adelantadas durante 2 meses, permitieron a las autoridades establecer la identidad y el paradero de dos sujetos que participaron en el secuestro y asesinato de Nicolás Ayala, por quien pedían $120 millones de rescate.
Uno de esos bandidos, precisamente, llevó a lasautoridades a la fosa donde lo habían enterrado.
La Policía afirma que se trataba de personas que conocían bien el entorno familiar de Nicolás.
Los detenidos fueron identificados como Ricardo Jaimes Garavito de 40 años y Yesid Daniel Sanabria Jaimes de 24. capturados en Girón y La Fortuna.
Ricardo ya había sido condenado en el 2004 por concierto para delinquir, secuestro simple y acceso carnal violento, por lo que purgó 8 años en la cárcel de Palogordo, Girón.
“Después que el Juez de Control de Garantías conociera todas lsa pruebas, no tuvo duda de enviar de nuevo a prisión a estas dos personas por secuestro extorsivo agravado.
Uno de ellos dijo ante el fiscal del caso y su abogado defensor, que colaboraría para ayudar a esclarecer este hecho” explicó el Brigadier General Luis García, comandante de la Mebuc.
Les dijo a las autoridades en qué lugar pasó Nicolás sus últimos días de cautiverio y dónde se encontraba enterrado el cuerpo.
Así, en un gran operativo, la Policía llegó al sitio donde efectivamente lo encontraron.
El General precisó que el caso sigue abierto, en curso, con el fin de determinar la responsabilidad de más personas.
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