domingo 14 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

El mejor investigador del CTI del país lo tenemos en Santander

¿Cuál es el explosivo más difícil que he desactivado? '¡Ninguno! todos son un riesgo de morir, pero también de aprender'.

Ese altruismo de Bladimir Reyes Otero, sólo lo puede sentir él. Ni su esposa, sus padres o sus hermanos, entienden cómo puede gustarle enfrentarse a una carga explosiva, es como caminar hacia la muerte cada día de trabajo, es desafiar el destino y desaparecer el camino del retorno. Pero aún así, lo respetan y sobre todo lo admiran.

Bladimir, es un bumangués de 39 años que ha pasado casi 20 desactivando cargas, es el jefe del Grupo de Explosivos e Incendios del CTI de Santander y ahora el fiscal General de la Nación, Mario Iguarán, lo reconoció como el mejor investigador del país.

Le entregaron la medalla al mérito 'Enrique Low Murtra' por sus méritos, virtudes y talentos, algo bien merecido para este hombre que desde que se graduó como bachiller empezó a desafiar la suerte.

Una bendición y el traje, lo protegen

Pocas veces alguien puede encontrar a Bladimir sin sonreír, es como si fuera la característica predominante de su vida y algo muy contradictorio con el trabajo que hace.

Cuando se graduó como bachiller ingresó a la escuela militar y de allí, salió como suboficial para enrolarse en el grupo Marte del Ejército, en una época en la que la guerrilla sorprendía con sus minas antipersona, cuando las ‘quiebrapata’, las ‘sombrero chino’, ‘cajón’ y ‘atrapabobos’, atacaban sin compasión.
'Pocos querían especializarse en explosivos, pero me pareció bonito, interesante', afirma este hombre de nula cabellera.

Su primera bomba fue en el Urabá, como todas, complicada y desconocida, pero esa fue diferente no sólo porque era la prueba del novato, sino porque no tenía equipos de ayuda. 'Ahí comienza uno a entender que con cada carga hay casuística para aprender', explicó.

Del grupo Marte pasó a la Fiscalía. Luego en Santander, la primera desactivación que hizo fue a muerte, en Sabana de Torres donde la guerrilla había instalado una carga explosiva debajo del gasoducto.

'Todo fue muy difícil, la temperatura a más de 40 grados podía ser un detonante, además estaba debajo del gasoducto y cualquier cosa podía generar una explosión, un incendio, o sea, si a uno no lo mataba la carga, lo mataba el incendio', dijo ayer librado de esa y otras hazañas.

Las condiciones en las que cumplió estos desafíos, son muy diferentes a las de ahora.

La principal herramienta del Grupo de Explosivos del CTI, es un traje completamente blindado, que aunque aísla permite comunicación con el exterior; cuenta con varios guías caninos que detectan explosivos y además con la destreza y la preparación de los técnicos.

Justamente por ser la unidad más capacitada, dotada y la más completa, fue que el Fiscal General la destacó entre todas las del país y a su Jefe lo condecoró.

Pero el trabajo de este grupo no termina ahí. Esta semana recibirá un nuevo ‘compañero’ de trabajo. Se trata de un labrador adiestrado en el hallazgo de restos óseos, que en adelante acompañara a los forenses de la Unidad de Justicia y Paz, en el hallazgo de fosas comunes.

En todas esas labores, trabaja el Grupo de Explosivos del CTI de Santander, que día a día desafía la muerte acompañado de una bendición y enfundado en el traje de 40 kilos.

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