domingo 28 de junio de 2009 - 10:00 AM

Fabricantes de secuestros

El 15 de febrero de este año, una mujer afirmó ante las autoridades en Ibagué que había sido secuestrada en Bucaramanga, herida en sus piernas y que permaneció en cautiverio durante tres días.

La mujer de 20 años aseguró que fue abordada por varios hombres encapuchados cerca de la Clínica Carlos Ardila Lulle y trasladada hasta Ibagué donde la hirieron para obligarla a dar información sobre las finanzas de su familia. Y que luego de haberse resistido, finalmente, después de tres días, sus captores la dejaron libre. Cuando avanzó la investigación, aquí en Bucaramanga, la mujer cambió la versión. Esta vez afirmó que viajó hasta Bogotá pero al regresar tomó un bus equivocado que la dejó en Ibagué.

Poco a poco ella misma fue alterando su propia mentira. Terminó por confesar que nunca fue víctima de un secuestro y que todo lo inventó para justificar el robo de $3 millones a la empresa donde trabaja con su tía. Y también afirmó que las heridas se las ocasionó ella misma en Ibagué, donde efectivamente estuvo pero por decisión propia, gastándose el dinero con otra persona.

Este es un caso pequeño comparado al secuestro que inventó hace tan sólo unas semanas, Johana Macías, la madre del pequeño Esteban Alejandro, para ocultar su asesinato y que aún tiene consternado al país.

Esta mujer de 24 años sostuvo la mentira durante seis días ante todo un pueblo solidarizado por el supuesto secuestro de su bebé recién nacido. Y hasta lideró su búsqueda.

Los investigadores del Gaula de la Policía que permanecieron con ella hasta descubrir su coartada, afirman que desde el principio su relato estuvo lleno de inconsistencias. Por ejemplo, de cómo los supuestos delincuentes ingresaron a la casa para llevarse al bebé y también a ella.

'Es un barrio popular (Chacaritas, Piedecuesta), y en estos lugares nunca falta el chismoso. Si hay un movimiento extraño, siempre hay alguien que lo está observando así sea a través de las cortinas', dice uno de los investigadores. Pero en el caso de Johana Macías no hubo huellas, ni rastros y los presuntos secuestradores ni siquiera tuvieron que forzar el candado de la entrada a su casa. El final ya se conoce.

Detrás de este caso hay una lista de 63 situaciones de posibles secuestros que durante el 2009 han sido reportadas ante las autoridades en Santander. Y alarma el resultado: ninguna ha podido ser confirmada.

El trabajo para los investigadores judiciales ha sido arduo, porque todas y cada una de estas situaciones, por pequeñas que parezcan, tienen que ser investigadas para demostrar si existió o no el secuestro.

Como de ciencia ficción

Un día después de que el país se enterara de la gran mentira de Johana Macías, en el barrio La Joya de Bucaramanga se reportó la desaparición de una joven a punto de dar a luz que regresó a su casa sin su bebé.

Ella manifestó haber sido secuestrada por hombres que le practicaron un legrado. En el mismo día, los investigadores pudieron  concluir que la mujer inventó su embarazo y luego, para justificar la ausencia del bebé, inventó el secuestro.

Es claro que la gente ignora la responsabilidad penal que acarrea una falsa denuncia, la cual puede tener una pena que va de los 6 a los 12 años de cárcel.
Por eso, en muchas ocasiones, son los mismos investigadores los que persuaden a las presuntas víctimas de secuestro, de avanzar con la denuncia, cuando deducen que algo no cuadra.

'Uno va infiriendo que algo está pasando. Cuando le ponen el tinte de película, uno sabe que hay algo que no encaja con la realidad. Los crímenes perfectos no existen sino en la televisión. Además, siempre hay alguien que nos alerta. De 10 denuncias, por mucho, sólo una llega a ser cierta', explica uno de los investigadores del Gaula.

 Sin embargo, muchas de estas falsas denuncias terminan muy mal. Un hombre que afirmó estar secuestrado en Bucaramanga, terminó siendo acusado de extorsión y actualmente está preso.

Su familia vive en Norte de Santander y desde allí se desplazó el padre para denunciar el secuestro de su hijo.

 En su relato, el padre afirmó que recibió llamadas donde le exigían $10 millones para liberarlo. En medio de la negociación, la suma bajó a $1.500.000 que el padre accedió a cancelar a través de una empresa de envíos. Pero el final resultó ser bastante doloroso para la familia. El mismo joven fue quien recogió el dinero y también el que realizó las llamadas extorsivas. Planeó un autosecuestro que se prolongó seis días. La decepción del padre fue tan grande que se sostuvo en la denuncia y hoy su hijo paga las consecuencias.
 
Según investigadores del Gaula de la Policía en Santander, las falsas denuncias han sido una constante, pero en los últimos meses han aumentado. Y no tienen ni género, ni edad, porque en los adolescentes es muy común, también en los trabajadores irresponsables, para justificar una noche de copas, un guayabo, una infidelidad.

¿Pero, armar todo un lío e involucrar a las autoridades, sólo para ocultar problemas personales? Oficiales de Policía Judicial afirman que es clara la influencia de la televisión. 'La gente ve esas situaciones en las películas y en las novelas y se le hace muy fácil venir aquí y contarlas'.
Las falsas denuncias se caracterizan porque en la narración de los hechos hay exceso de ficción. 

Son comunes los relatos donde se repiten frases como 'a plena luz del día…, hombres encapuchados, carros sin placas, polarizados, fuertemente armados…', que emulan las películas de ficción.

En Bucaramanga, una ciudad donde según las autoridades a la gente no le da miedo denunciar, es curioso que no se prendan las alertas cuando, por ejemplo, se llevan a la fuerza a una persona en plena vía pública o de un parque atiborrado de transeúntes.

Ese es el caso de un empleado de un restaurante que pertenece a una iglesia cristiana, pero que, según afirmó, tuvo un momento de debilidad con una mujer que no era su esposa, con la que duró dos días en un hotel.

Tan grande fue su culpa que no dudó en colocar un denuncio por secuestro en plena avenida Quebrada Seca. Pero su cuartada fue tan mala que no se dio cuenta que lo hizo debajo de una cámara.

Finalmente, este hombre se justificó diciendo que era casado, cristiano y que sentía vergüenza de llegar a su trabajo con tufo.

PERSIGUIENDO MENTIRAS

De rumba. La familia manda a su hijo de 18 años a consignar una alta suma de dinero y este envía mensajes desde su celular afirmando que lo tienen en un sótano, amarrado y que lo golpean. Se descubre que el joven se gastó el dinero en una rumba con su pareja que era del mismo sexo. La búsqueda duró 27 horas.
 
Una broma. Una señora denuncia como secuestrado a un familiar que llegaba de Estados Unidos. Dice haber recibido una llamada donde le exigen un dinero para regresarlo sano y salvo. Se rastrea la llamada y en el lugar los investigadores encuentran al familiar almorzando con amigos. El hombre niega que lo tuvieran bajo presión. La búsqueda duró cinco horas.

Por culpa del yagé. En dos ocasiones, hombres que han asistido a tomas de yagé (debida ancestral indígena), han denunciado  haber sido retenidos a la fuerza mientras estaban bajo los efectos de la bebida.  Uno fue un ciudadano venezolano, que la tomó por intermedio de un primo. En los dos casos se ha demostrado que los involucrados llegaron voluntariamente a participar del ritual.

Otra familia. Un hombre manifiesta que fue secuestrado cuando salía de Bucaramanga y que sus captores lo abandonaron llegando a Barrancabermeja, robándole un dinero. Finalmente se descubre que lo inventó todo para pagarle a una mujer que lo tiene demandado por inasistencia alimentaria y poder sustentar en su propio hogar, el dinero faltante.

Loterías y HASTA trastornos mentales

Este año, el Gaula en Aguachica informó en Bucaramanga que una familia estaba reportando como secuestrada a una mujer que trabajaba en un restaurante de esta ciudad y que decía haberse ganado el Baloto por $500 millones.

Según el relato, los familiares recibieron llamadas donde les informaban que ella había sido secuestrada para robarle el dinero del premio. Y aunque los investigadores pudieron descartar esta versión con las entidades de apuestas locales, ella siguió sin aparecer.

Todo se resolvió gracias a una llamada que realizó la supuesta víctima y que fue rastreada. Las autoridades encontraron a la mujer con su pequeña hija, en el Norte de la ciudad. Ella insistió en la versión del secuestro porque estaba golpeada, pero pronto aceptó que quería ocultarle a su familia que permanecía sin dinero en Bucaramanga, que trabajaba en un prostíbulo y que los golpes eran producto de una riña con una mujer por un cliente.

Pero hay casos aún más pintorescos, como el de una mamá que en dos ocasiones ha llamado al Gaula a reportar que su hijo de 18 años está secuestrado.

La primera vez dijo que lo tenían en San Gil, obligado, que lo golpeaban y que abusaban sexualmente de él. Ella suministró el número celular de su hijo y los investigadores sólo tuvieron que insistir un poco hasta que este contestó y explicó que todo era falso y que su mamá, aparentemente, sufría de un trastorno mental.

La segunda vez, la mamá cambió la historia. Afirmó que su hijo había salido a jugar un partido de fútbol y que, nuevamente, lo habían secuestrado. Los investigadores lo ubicaron y este explicó que cada vez que salía de su casa, su mamá lo reportaba como desaparecido.

A pesar de que se presentan estos casos tan irrelevantes, las autoridades afirman que no pueden permitir que les pase lo del pastorcito mentiroso. Por eso, por ejemplo, en cuatro ocasiones, le han seguido la pista a una mujer casada que afirma ser víctima de secuestro. Hasta bautizaron el caso como 'a la que se la llevan los marcianos' porque el único que le cree es su esposo.

Según la mujer, en una ocasión se la llevaron en un carro y en otra la sacaron de su propia casa. Lo más curioso es que cuando se le citó para que diera su declaración bajo juramento, nunca regresó.

LAS CIFRAS

Las autoridades afirman que durante los primeros seis meses del año no se ha presentado en Santander ningún secuestro extorsivo y que hay algunos casos de secuestros simples que están descartando.

A la fecha, de 15 casos de secuestros simples denunciados formalmente durante 2009, todos se han descartado y 24 que vienen de años anteriores han podido ser depurados. Desde 1996 al 2008 se tiene un registro de 86 casos de presuntos secuestros en Santander.

El Gaula en Bucaramanga ha atendido 48 situaciones de posibles secuestros que finalmente no han terminado en denuncias.

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