domingo 25 de abril de 2010 - 10:00 AM

Jornada social con habitantes de la calle terminó en revuelta

Se dejaron bañar, se dejaron cortar el cabello y hasta se afeitaron, incluso se colocaron la ropa nueva que les regalaron, pero cuando los dejaron en la Fundación Shalom, en el Norte de la ciudad, se armó la gresca.

Así fue. Los cerca de 300 habitantes de la calle que el viernes participaron de una jornada social promovida por la alcaldía de Bucaramanga, terminaron protagonizando una revuelta en la que incluso hubo robos y saqueos.

Aunque en principio la jornada social conmovió a los presentes que vieron como algunos habitantes de la calle se despojaban del mugre para con una sonrisa abrirle un camino a la esperanza, el fin de la historia fue semejante al de un campo de batalla.

La razón: ninguno de los habitantes de la calle quería quedarse en la Fundación Shalom, ubicada en la vía que del norte de la ciudad conduce al municipio de Matanza, Santander.

Allí habían sido trasladados con el fin de vincularlos a un programa de resocialización que incluía alojamiento, terapias de rehabilitación, alimentación y vestuario.

Pero les pudo más las ganas de seguir en la calle y cuando la Policía ya se había retirado del sector ellos emprendieron su regreso a la ciudad, distante 30 minutos a pie.

'Parecían langostas'

En su recorrido, asegura la comunidad del corregimiento  de Bosconia, varios de ellos ingresaron a las casas del sector para robar herramientas, tejas, entre otros objetos valor.

'Parecían langostas, eran muchos, incluso varios de ellos se acostaron en la carretera y no dejaban pasar los carros exigiendo que los llevaran porque estaban cansados de caminar. En este sector se metieron y robaron en varias casas', señaló un líder comunal del sector.

Poco después, los mismos policías que minutos antes los habían dejado dentro de la Fundación Shalom, tuvieron que regresar para controlar la situación.

'El tráfico se detuvo y eso fue una locura, no más imagínese para controlar esa cantidad de gente. Unos corrían, otros estaban acostados en la carretera…', relató un habitante del lugar.

Luego de varios minutos la Policía Metropolitana logró controlar la situación y calmar a algunos de los revoltosos, quienes estrenando pinta y ‘look’ regresaron al que desde hace meses es su hogar: la ‘olla’ de la calle 5 con carrera 15B, del barrio Comuneros.

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